“Aquí cualquiera puede recibir un balazo”

La sangrienta jornada de ayer en el centro de Kiev, la llamada “república de Maidán”, que dejó decenas de muertos, amplió la rebeldía, según los opositores.
La capital Kiev lució ayer como un verdadero campo de batalla entre opositores y policías.
La capital Kiev lució ayer como un verdadero campo de batalla entre opositores y policías. (Bulent Kilic/AFP)

Kiev

Pese a la jornada de ayer, de una violencia terrible entre las fuerzas de seguridad y una avanzada de los manifestantes, con decenas de muertos, según el último balance oficial, y centenares de heridos, la “república autónoma” de Maidán subsiste. Sin embargo, su perímetro se redujo durante los combates. La casa de los sindicatos, cuartel general del movimiento, fue devastada. No queda más que el cascajo ennegrecido.

También fueron incendiadas numerosas tiendas de campaña. Al pie de la estatua de la Independencia, frente al Hotel Ucrania, donde los paseantes y los turistas se fotografiaban hace unos meses, hay una suerte de tierra de nadie, de tierra quemada.

Viktor S., 37 años, usa un pasamontañas y un gorro para protegerse. Se detiene para hablarnos, con un trozo de adoquín en cada mano. Las detonaciones regulares no lo hacen sobresaltar. Viktor trabaja en un laboratorio químico. “¡Oh, qué bien!”, dice al contemplar a una docena de sus compañeros arrojando piedras simultáneamente.

“Hay tal vez un poco de dramatismo en lo que voy a decir, pero aquí cada uno sabe que puede ser alcanzado por una bala. Cada muerto será reemplazado por otras cinco personas. La nación ucraniana está despertando. Me siento feliz de ver aquí a jóvenes de 15, 16 o 17 años, que nunca conocieron la impronta del comunismo”, dice.

En cuanto a los líderes de la oposición, considera que “no son líderes y no hay una oposición. Ellos no han obtenido nada en tres meses. La oposición es el pueblo”.

La treintena de muertos de ayer provocó una onda de choque, apareciendo nuevos voluntarios. “Kiev se sublevó”, afirma la diputada Lesia Orobets, del partido de oposición Batkivchtchina. “En los puntos de atención médica o en la autoorganización, la gente se ha movilizado de manera impresionante.”

Muy activa, siempre en el terreno, precedida por un guardaespaldas por las amenazas de las que ha sido objeto, la diputada lanza una mirada lúcida sobre la oposición que ella encarna. “Podemos unirnos, acordonarnos, evitar un máximo de errores”, dice ella. Pero ¿eso es una estrategia? “No hace falta llamar a eso una estrategia. Contamos con la autoorganización de la población.”

Tal es el drama de la situación actual, más allá de la movilización cívica e insurreccional. Las posiciones se han vuelto tan antagonistas que es difícil imaginar una solución negociada. “La solución es muy simple”, cree saber el diputado del oficialista Partido de las Regiones, Boris Kolesnitchenko, representante de la línea dura. “Los extremistas deben ser condenados”. ¿Los líderes de la oposición están con los criminales, o no? “Ellos son parte de los disturbios masivos al orden público y del intento de golpe de Estado. Es tiempo de que respondan ante los tribunales.”

El diputado asegura que dos tercios de la población apoyan al poder y reclaman medidas severas. Pero el conflicto va más allá, de todas maneras, de una simple aritmética.

En Ucrania, la cuestión ya no es saber quién lanzó el primer coctel molotov o abrió el fuego. Tampoco ya no es saber qué ley puede ser votada, qué mayoría se puede constituir o qué gobierno sería conveniente. La cuestión es saber cómo los partidos políticos involucrados podrían detener el engranaje de la violencia e impedir más muertos; cómo puede ser preservada, como Estado soberano, la integridad de Ucrania. Las regiones del Oeste —pro europeístas— quieren autogestionarse, mientras que Crimea llama a Moscú a intervenir.