¿Por qué no se puede criticar a la clase política de Israel?

El autor, judío practicante, es profesor de historia en la Universidad de Montreal. Entre sus libros destacan "Historia de la oposición judía al sionismo", traducido a una docena de idiomas, y ...
La ofensiva israelí dejó cerca de 2 mil muertos en Gaza.
La ofensiva israelí dejó cerca de 2 mil muertos en Gaza. (Mohammed Salem/Reuters)

Montreal

Aun cuando la guerra en Gaza registre un impasse, las actitudes de los israelíes respecto del asesinato de tres adolescentes judíos en Cisjordania, en junio, un hecho que ayudó a encender el último conflicto entre Israel y el movimiento palestino radical Hamás, varían ampliamente.

Algunos culpan al despliegue de los asentamientos y a sus promotores, argumentando que los palestinos han soportado muchas tragedias. Otros responsabilizan a la naturaleza sionista [expansionista, N. del T.] del Estado de Israel. Muchos otros insisten en que hay que “enseñarles” a los palestinos otra dura lección y algunos hasta argumentan que deben ser “transferidos” a algún país árabe aún sin identificar. En momentos críticos, esta diversidad de puntos de vista es impactante.

Este año, cuando estuve en Israel vi una manifestación de varios miles de judíos haredi (ultraortodoxos) que protestaban contra el servicio militar obligatorio, uno de los pilares de la identidad israelí. Yo había viajado a Israel para presentar un libro y promover la versión hebrea de mi estudio sobre la historia de oposición judía al sionismo. [La versión original en francés fue publicada en Canadá en 2004 y desde entonces ha sido traducida a 12 idiomas.]

La protesta haredi que presencié era la punta del iceberg. En Israel hay muchos elementos que se niegan a unirse a la corriente principal, mayormente secular, de la sociedad del país. Lo que detonó la protesta fue la decisión del gobierno israelí de cancelar las exenciones de los estudiantes del centro de estudios Yeshiva y obligarlos a servir. Esta decisión pondría fin al acuerdo histórico realizado en 1948 entre David Ben Gurión, primer ministro de Israel, y los rabinos no sionistas.

Ben Gurión era un hombre no religioso que esperaba que el judaísmo haredi desapareciera. Creía que los haredim, con sus caftanes negros y barbas largas, representaban el remanente de la Europa premoderna y que se asimilaría en la nueva sociedad secular de Israel. Su predicción fue equivocada. En el presente, más de un millón de israelíes se consideran haredim, y permanecen al margen de la mayoría secular del país. Esto genera resentimiento, en particular debido a que se niegan a compartir la obligación del servicio militar. Pero pocos israelíes conocen las causas fundamentales de este distanciamiento.

Esto ayuda a explicar por qué mi libro atrajo la atención de una amplia gama de medios israelíes, que apreciaron mi preocupación como judío por el futuro de su sociedad y mi deseo de abrir el debate que requieren con urgencia.

Originalmente, comencé a estudiar el antisionismo judío durante un sabático en Israel con un grupo de sionistas ardientes, algunos de ellos colonos de los asentamientos de Cisjordania. Fue por eso que, cuando volví a Montreal, pensé que podía discutir y criticar a Israel sin temor o circunspección. Muchos intentan hacer lo mismo, pero las organizaciones occidentales que afirman ser pro-Israel sofocan el debate y califican de antisemitas a aquellos que, como yo, persisten en su crítica al proyecto de Estado. Esto es malsano e innecesario.

También genera una idea engañosa de Israel que incluye a una sociedad insegura que elude verdades incómodas. Mi experiencia reciente en Israel probó, una vez más, que debemos tener la posibilidad de discutir y criticar a Israel de la misma manera que lo haríamos con la clase política de cualquier otro país.

Ha llegado el momento de que aprendamos de los israelíes y de que se permita el espacio para el debate libre y abierto sobre su país.