Los pros y contras de Hillary Clinton y Donald Trump

Definidas las candidaturas, defectos y virtudes de los aspirantes están bajo la lupa: la demócrata es vista como preparada pero impopular; el republicano, atrayente pero sin fondo.
Al atacar a musulmanes e hispanos, el magnate chocó con una parte de sus aliados republicanos.
Al atacar a musulmanes e hispanos, el magnate chocó con una parte de sus aliados republicanos. (Jae C.Song/AP)

Washington

Hillary Clinton y Donald Trump pertenecen a la misma generación, pero son dos polos opuestos, tanto por su recorrido, personalidad e instinto político. A continuación, los principales defectos y los puntos fuertes de sus candidaturas, a cinco meses de las presidenciales en Estados Unidos.

Hillary Clinton: preparada, pero poco querida

Primera mujer: “Si Hillary Clinton gana, serán dos presidentes seguidos que no habrán sido hombres blancos”, destaca Jennifer Lawless, experta en temas de mujeres en política de la American University. Al asumir su papel de pionera, la ex primera dama podría maximizar la participación de las mujeres demócratas... y de algunos hombres. “Se necesita un toque femenino”, comentó el actor Ryan Gosling a la revista Evening Standard. “En mi casa ahora casi todo son mujeres. Ellas son mejores que nosotros. Me hacen mejor”, añadió.

El CV. Cuando aún se llamaba Hillary Rodham, la joven abogada ya se implicaba en la causa de las mujeres y los niños, un compromiso creíble e indefectible. Abogada brillante, después se convirtió en la compañera política de Bill Clinton, antes de lanzarse con su propio nombre y convertirse en senadora (8 años) y secretaria de Estado (4 años). “Ahora mismo no hay nadie más cualificado que ella para ser presidente”, apuntó en febrero una admiradora en Las Vegas, Linda Rosel, investigadora criminal de 60 años.

Sus escándalos. Pero la experiencia viene acompañada de problemas y escándalos más o menos manipulados por los republicanos, que han forjado desde los años de 1990 la imagen de una mujer con amistades sospechosas y una ética errante. Desde el caso inmobiliario Whitewater, del que los Clinton fueron exculpados, al de la mensajería privada que Hillary utilizó en su paso por el Departamento de Estado y que le valió una averiguación del FBI, estas historias han contribuido a hacer de ella la candidata demócrata más impopular de la historia reciente. “Cuando uno es atacado tanto como lo ha sido ella por defender sus convicciones, se acaba pagando un precio”, alegó el martes su director de campaña, Robby Mook, en el canal MSNBC.

Su capacidad oratoria. “No tengo una dote innata para la política, por si no lo habían notado, al contrario de mi marido o el presidente Obama”, admitió Hillary Clinton en marzo. Sus discursos son a menudo exhaustivos y detallados, pero positivos. No obstante, los estadunidenses ya eligieron anteriormente a un presidente con una capacidad oratoria mediocre... el general Dwight Eisenhower, en 1952, como apuntó el politólogo Norm Ornstein.

Donald Trump: mediático pero pirómano

El CV. “Es un hombre de negocios que triunfó. Nuestro país está fundado en el capitalismo, es una gran empresa”, explicaba en octubre el subcontratista de defensa, Matthew Weiner, de 55 años. Muchos electores ven en él al empresario con mano de hierro que sabrá reequilibrar el presupuesto y crear empleos. Donald Trump asegura tener una fortuna de diez mil millones de dólares, más del doble de lo que dicen cálculos independientes. Esta imagen de éxito industrial es la que los demócratas tratan de demoler, recordando a los electores sus casinos fracasados o su frustrada “universidad”.

El espectáculo. Sus reuniones jamás son aburridas, proclama el candidato. Los espectadores quedan cautivados por los altercados, las filtraciones de manifestantes y las series de insultos y ataques proferidos por el republicano. Cliente predilecto de los tabloides neoyorquinos desde los años de 1980, Trump conoce el sistema mediático y concede casi cada día entrevistas a las cadenas de tv, que le cubren más que a cualquier otro candidato. Su talento para la oratoria y ese dominio de los medios son un gran desafío para Clinton.

El fondo. La campaña de Donald Trump se basa en una actitud de ruptura con las convenciones políticas y el establishment. Pero en su búsqueda de lo políticamente incorrecto, el candidato descuidó su programa, reducido a eslóganes (un muro con México, hacer pagar a los aliados de los estadunidenses, etc), y jugó con fuego. Al atacar a musulmanes e hispanos, enardeció al electorado blanco de derecha, pero chocó con una parte de sus aliados republicanos.

“Mi consejo es que empiece a hablar de los asuntos que interesan a los estadunidenses, y que empiece ya”, advirtió el jefe republicano en el Senado, Mitch McConnell. “También tiene que dejar de atacar a sus ex adversarios y a las minorías del país y pasar al fondo de la cuestión”.