El programa nuclear de Irán y los temores de EU e Israel

Ayer inició en Ginebra una nueva ronda de conversaciones entre Teherán y el G5+1 gracias a la apertura hacia Washington del nuevo presidente Hasan Rohani.

Irán

La nueva mesa de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, ayer y hoy en Ginebra, reúne a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EU, Francia, Rusia, China y Reino Unido), así como Alemania, frente a una delegación iraní encabezada por el canciller Mohamed Zarif, cercano al presidente Hasan Rohani, y negociador jefe para el tema nuclear.

El retorno al diálogo, que se encontraba estaba en un impasse, fue posible por la apertura diplomática iniciada por el nuevo mandatario y dirigida hacia el presidente Barack Obama en su visita a Nueva York en septiembre. La apertura de Rohani, elegido en junio, fue interpretada como un primer paso destinado a lograr un alivio de las sanciones internacionales que golpean al país, y que fue una de las promesas de campaña del moderado Rohani.

El grupo de los 5+1 quiere ofrecer a Irán que reduzca su programa nuclear a cambio de un alivio de las sanciones. Pero se plantea una pregunta de fondo: ¿hay que reconocer o no el derecho de Irán a enriquecer —o a haber enriquecido— el uranio, la base para una bomba nuclear?

Durante 18 años, Irán ha desarrollado en el mayor secreto un programa de enriquecimiento de uranio, cuya existencia se hizo pública en 2002. Tras un primer llamado del Consejo de Seguridad para que cesara el programa, Teherán aceptó en 2003 inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Más de una década después y seis resoluciones del Consejo —de ellas cuatro desde 2006 acompañadas de sanciones según el capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas—, Irán ha seguido enriqueciendo el uranio.

El gobierno afirma que su programa es conforme al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que el país ratificó en 1970 y que permite a Estados miembro enriquecer uranio con fines civiles, bajo supervisión de la IEA. Irán aceptó esta supervisión, con ciertos límites. Los inspectores viajan en forma regular desde 2003 a la planta de Natanz, su primera fábrica de enriquecimiento, y a Fordow.

Las potencias de Occidente e Israel acusan a Irán de esconder una intención militar detrás de su programa y están inquietos ante la posibilidad de que Teherán enriquezca uranio a un nivel suficiente como para fabricar la bomba atómica.

Los 5+1 exigen un régimen de inspección reforzado. Los inspectores desearían poder ir al sitio militar de Parchin (que escapa al ámbito del TNP pero no al del Protocolo adicional de 1998 que Teherán firmó pero no ratificó) para asegurarse de que no hay ahí un centro de experimentación para fabricar la bomba, y también acceder en especial a la unidad de agua pesada de Arak.

Irán asegura estar desarrollando uranio enriquecido a 3.5% para su producción eléctrica en la central nuclear de Buchehr y de uranio enriquecido a 20% (un tasa que lo acerca al umbral militar) para su reactor de investigación en Teherán, en Natanz y Fordow.

Según la AIEA, el stock enriquecido a 20% habría alcanzado a fines de agosto 186.3 kilos, cuando se necesitan un mínimo de 240 kilos para producir un arma nuclear.

Irán tiene más de 19 mil centrifugadoras, de ellas mil de nueva generación y una de las principales interrogantes alude a Parchin, la base militar a 30 km al sudeste de Teherán. Gracias a imágenes de satélite y los servicios de inteligencia, la AIEA sabe que Irán construyó en 2000 una amplia cueva de confinamiento de explosivos para experiencias hidrodinámicas, vistas como “sólidos indicadores” de actividades ilícitas. Desde 2005, ningún inspector de la AIEA ha sido autorizado a visitar el sitio.

Otro tema es el reactor de investigación de agua pesada de Arak, no incluido en el acuerdo de garantías con la AIEA. Una vez en operaciones, puede producir hasta nueve kilos de plutonio por año: es otra vía posible hacia el arma nuclear.