A 35 años de su asesinato, proclaman beato a Romero

Más de 200 mil personas acuden a la ceremonia realizada en San Salvador para venerar al arzobispo, muerto a manos de la ultraderecha y considerado por el Vaticano como mártir.
En el acto estuvieron presentes mil 200 sacerdotes, cinco cardenales y cuatro presidentes latinoamericanos.
En el acto estuvieron presentes mil 200 sacerdotes, cinco cardenales y cuatro presidentes latinoamericanos. (Rodrigo Arangua/AFP)

San Salvador

Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, fue proclamado beato por la Iglesia católica, a 35 años de su muerte, en una ceremonia en la que participaron miles de personas.

El ritual que elevó a Romero a los altares católicos se realizó con un intenso repicar de campanas, en medio de un ambiente festivo que reunió a más de 200 mil fieles de todo el mundo.

"En virtud de nuestra autoridad apostólica facultamos para que el venerado siervo de Dios, Óscar Arnulfo Romero Galdámez, obispo, mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico de los reinos de Dios, reino de justicia, fraternidad y paz, en adelante se le llame beato", proclamó el cardenal Angelo Amato al leer una carta del papa Francisco.

Amato declaró como fecha de la fiesta del nuevo beato el 24 de marzo, por "el día en que nació para el cielo", en una referencia al día de su asesinato a manos de un francotirador de extrema derecha.

La proclamación de la beatificación fue saludada por los asistentes con un prolongado aplauso, mientras era develado un gigantesco retrato de Romero entre gritos de júbilo.

La ceremonia se extendió por dos horas y 40 minutos, y concluyó con el lanzamiento de fuegos artificiales.

Vigilia, sol y lluvia

Desde las primeras horas de la madrugada, columnas de personas vistiendo camisetas con la imagen de Romero avanzaron hacia la Plaza Salvador del Mundo, en el este de San Salvador, donde se realizó la ceremonia bajo un sol sofocante.

Otros pasaron la noche en el entorno de la plaza, en una vigilia inaugurada la víspera por el cardenal de Honduras Óscar Rodríguez Maradiaga, desafiando una lluvia que cayó de forma intermitente durante la noche.

Dos jóvenes de rostro cubierto llegaron a la conmemoración con una manta que decía "el asesino tiene nombre: Roberto d'Aubuisson", una referencia al fallecido ex mayor del ejército y figura de la derecha salvadoreña, denunciado en un informe de la ONU en 1993 como autor intelectual del asesinato de Romero.

El arzobispo murió de un disparo en el pecho el 24 de marzo de 1980 a manos de un francotirador de la ultraderecha, después de clamar por justicia social y el fin de la represión en su país. El asesinato desató una guerra civil de 12 años y 75 mil muertos.

Su muerte fue considerada por el Vaticano como un "martirio por odio a la fe", lo que allanó el camino para su beatificación. Nadie ha sido sentenciado por el asesinato.

"Es momento favorable para una verdadera y propia reconciliación nacional ante los desafíos que hoy se afrontan", dijo el Papa en una carta dirigida al arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas.

"En este día de fiesta para la nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos, damos gracias a Dios porque concedió al obispo mártir (Romero) la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo", apunta Francisco en la misiva.

En un lugar preferente frente a la tarima principal, Gaspar Romero, hermano del extinto arzobispo, encabezó a un centenar de miembros de su familia que fueron testigos del acto.

"Nosotros como familiares nos sentimos honrados por ese regalo que nos ha dado nuestro señor a través del Papa, que tenemos en la familia a un santo que todo el mundo ya bautizó como San Romero de América", comentó Gaspar, de 85 años.

A partir de la beatificación, la reliquia pasará a la Catedral Metropolitana de San Salvador, desde donde se irá trasladando a diferentes iglesias para que pueda ser visitada por los fieles.

En la beatificación estuvieron presentes los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Honduras, Juan Orlando Hernández; de Panamá, Juan Carlos Varela, y el anfitrión, Salvador Sánchez Cerén. También el vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; de Costa Rica, Helio Fallas, y el viceprimer ministro de Belice, Gaspar Vega, además de delegaciones de México, Brasil, Colombia, Chile, Estados Unidos, Italia y Nicaragua.

La ceremonia contó con la presencia de mil 200 sacerdotes y cinco cardenales, además de 200 obispos provenientes de Centroamérica y de otras partes del mundo.