Los problemas del sistema electoral británico, de nuevo en evidencia

Algunos aspectos del sistema avergonzarían "a una república bananera", dijo el juez británico Richard Mawrey en 2005, al condenar a los protagonistas de un fraude masivo con el voto por correo ...

Londres

Las dificultades para inscribirse en el padrón para votar en el referéndum británico sobre la Unión Europea evidenciaron los problemas de una maquinaria electoral victoriana que nunca fue modernizada, a juicio de los analistas.

Algunos aspectos del sistema avergonzarían "a una república bananera", dijo el juez británico Richard Mawrey en 2005, al condenar a los protagonistas de un fraude masivo con el voto por correo en Birmingham.

"Si viéramos una cosa así ocurrir en alguna democracia bisoña de la antigua Unión Soviética o África, ¿que diríamos de estos comicios?", se preguntó este jueves en el Parlamento el diputado conservador Bernard Jenkin.

Jenkin comentaba los problemas para inscribirse en el referéndum del 23 de junio, que llevaron al colapso de la web destinada a ello cuando faltaban solo unas horas para que se cumpliera el límite, el martes a medianoche, obligando a aprobar una ley de urgencia para alargar el plazo hasta el jueves a medianoche.

"El desastre del martes por la noche podía haberse anticipado", lamentó en un editorial el diario The Guardian.

"El problema es que el sistema fue diseñado para el periodo victoriano. Tratamos de modernizarlo cien años después, y hemos acabado con un sistema que no es una cosa ni la otra", dijo a la AFP Stuart Wilks-Heeg, jefe del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Liverpool y experto en el sistema electoral británico.

"Es una de las consecuencias de ser una vieja democracia", sostuvo.

Siete millones y medio de electores mal registrados

Los mayores quebraderos de cabeza provienen de que el Reino Unido carece de un documento nacional de identidad, y por lo tanto de un registro de población fiable y actualizado que podría servir para elaborar un censo electoral nacional único.

Así, un ciudadano británico que quiera votar tiene que inscribirse una primera vez en el registro, y a partir de ahí recibirá cada año un formulario para confirmar o actualizar los datos. Luego, antes de cada elección, le harán llegar una tarjeta confirmando su derecho a votar.

Sin embargo, puede ir a votar sin la tarjeta y sin ninguna prueba de identidad, dando sólo su nombre y su dirección. Los registros electorales son locales, no existe uno nacional, así que es posible acabar registrado en varias circunscripciones.

"El sistema es muy británico, en el sentido de que descansa en gran parte en la confianza en la honestidad" de los electores, dijo Wilks-Heeg. Y eso es un riesgo, dijo el Consejo de Europa en un informe de 2008, asegurando que cometer un fraude en unas elecciones británicas "sería un juego de niños".

De hecho, había 7,5 millones de personas registradas equivocadamente en el Reino Unido en 2014, según un informe de la Comisión Electoral.

Very British Problem

El reparto poco claro de competencias entre organismos, una financiación inadecuada en tiempos de austeridad presupuestaria, una descentralización de reino de taifas de las oficinas electorales, o el peso de la tradición, complican el sistema.

La Asociación de Administradores Electorales (AEA, en inglés), publicó un informe después de las elecciones generales de mayo de 2015 reclamando al gobierno "una estructura (electoral) eficiente y coherente" para todo el país, además de una mayor financiación del sistema.

El apego por las particularidades y las costumbres se percibe a la hora de ofrecer los resultados de las elecciones. Si en las presidenciales estadounidenses o franceses, o las generales españolas, se conocen en unas pocas horas, en el Reino Unido tardan mucho más.

La ciudad de Sunderland (norte de Inglaterra) se lo toma como un juego y es la más rápida. Contrata a deportistas para que saquen las urnas de las camionetas y las lleven hasta el centro de escrutinio, hace las papeletas de un material similar al de los billetes y contrata a los banqueros de la ciudad, acostumbrados a contar rápidamente fajos, para que las escruten.

"No todo el mundo lo hace como Sunderland, y eso ralentiza las cosas. Unos lo hacen en 2 horas y otros en 12. A cada lugar se le permite hacerlo de una manera, y eso es también muy británico", sentenció el profesor Wilks-Heeg.