España y Guatemala celebran condena por quema de embajada

También la Premio Nobel Rigoberta Menchú saludó la condena de 90 años a un ex jefe policial por la quema de la sede diplomática de España en Guatemala, que dejó 37 muertos en 1980.
Nace Rigoberta Menchú, guatemalteca defensora de los derechos humanos. Premio Nobel de la Paz 1992.
Rigoberta Menchú, guatemalteca defensora de los derechos humanos. Premio Nobel de la Paz 1992.

Guatemala

La Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y los gobiernos de Guatemala y España celebraron la condena a 90 años de prisión impuesta al ex jefe policial Pedro García por la quema de la embajada de España en Guatemala, que dejó 37 muertos en 1980.

"Tuvimos la paciencia de llegar a este momento (la condena), estamos muy emocionados porque esa luz de esperanza en la justicia por fin llegó", dijo Menchú a periodistas, con lágrimas en los ojos, tras el fallo.

El Tribunal B de Mayor Riesgo de la capital condenó a 90 años de prisión a García al encontrarlo culpable de la muerte de 37 personas, calcinadas en la embajada, el asesinato de dos estudiantes cuando participaban en el funeral y por el intento de asesinato de los dos únicos sobrevivientes.

Durante la quema de la sede diplomática, el 31 de enero de 1980, murieron el padre de la Premio Nobel de 1992, Vicente Menchú y un su primo, Francisco Tum.

Durante estas tres décadas, Menchú luchó para buscar justicia y que la muerte de las víctimas no quedara en la impunidad.

"Sabemos que hace falta mucho, pero lo que pasó (en este juicio) es el reflejo de que la justicia sí existe", insistió Menchú, quien asistió durante todo el debate oral y público ataviada con su traje multicolor indígena.

"Los años no son lo más importantes para nosotros, por supuesto que 90 años creemos que es una sentencia muy importante, pero la importancia grande es la acreditación de la verdad", insistió la dirigente indígena, dos veces candidata presidencial.

En tanto, los gobiernos de Guatemala y España expresaron su satisfacción por la decisión judicial.

"El Gobierno español muestra su satisfacción y felicita a la justicia guatemalteca por que, 35 años después, haya juzgado estos hechos de acuerdo a las leyes y con el respeto al debido proceso", afirmó a su vez el Ministerio de Asuntos Exteriores español en un boletín.

"Este fallo unánime es un importante paso que contribuye significativamente a dignificar la memoria de las víctimas de sus familiares", concluye la nota.

Igualmente, el gobierno guatemalteco lamentó los hechos y externó "sus condolencias por las vidas humanas de ilustres españoles y guatemaltecos perdidas en la quema de la embajada de España en Guatemala", indicó la cancillería en un comunicado.

- Una vida de lucha de Menchú -

Menchú es una ex empleada doméstica de 56 años que jamás fue a la escuela y cuya vida ha estado marcada por el drama y el sufrimiento.

Perdió a su madre, un hermano y otros familiares durante la guerra que vivió Guatemala (1960-1996), pero en esos años forjó un carácter de hierro que se esconde tras su humildad y buen trato hacia quienes se le acercan.

La quema de la embajada española se perpetró después de que un grupo de indígenas, campesinos y universitarios tomaran la sede diplomática para denunciar la represión en sus comunidades por parte del Ejército durante la guerra.

Para desalojarlos, los militares y policías quemaron el local, donde murieron carbonizadas 37 personas, en su mayoría indígenas. Entre los muertos figuraron el cónsul español Jaime Ruiz del Árbol, el ex vicepresidente de Guatemala Eduardo Cáceres y el ex canciller Adolfo Molina.

Sólo dos personas sobrevivieron, un campesino que luego fue sacado de un hospital y asesinado, así como el embajador Máximo Cajal, quien falleció en abril pasado en España y dejó grabado su testimonio en un video utilizado en el juicio.

García, un septuagenario que calificó la condena como injusta, dirigía un comando especial de la policía cuando ocurrieron los hechos. Fue capturado el 24 de julio de 2011 por la desaparición del estudiante universitario Edgar Sáenz, en 1981, por el que fue condenado a 70 años de prisión.