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Primer ministro libanés cambia de opinión sobre su renuncia

Saad Hariri, que suspendió su renuncia, regresó ayer a Líbano luego de pasar varias semanas fuera y desencadenar una crisis política y diplomática cuando dimitió por televisión desde Arabia Saudita.

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El primer ministro de Líbano, Saad Hariri, dijo hoy que dejaba en suspenso su renuncia para dejar espacio a más consultas, casi tres semanas después de anunciar inesperadamente su dimisión. La noticia supuso un drástico cambio de parecer y dejó en posición incómoda a Arabia Saudita, que se cree había orquestado la renuncia.

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En unas declaraciones inesperadamente conciliadoras desde el palacio presidencial, Hariri dijo que dará prioridad a los intereses del Líbano y que está deseando establecer una "colaboración real con todas las fuerzas políticas para poner los máximos intereses de Líbano por delante de cualquier otro interés".

El primer ministro dijo haber presentado su dimisión al presidente, Michel Aoun, en el palacio presidencial, pero que después respondió a la petición del jefe de Estado de que le diera más tiempo para celebrar consultas, "confiando en que suponga una apertura seria para un diálogo responsable".

"En este momento excepcional, nuestra amada nación necesita esfuerzos excepcionales de todos para protegerla ante los peligros y desafíos", dijo en su comparecencia.

El mandatario reiteró la necesidad de que Líbano se mantenga neutral en disputas y conflictos regionales "y todo lo que socave la estabilidad interna y las relaciones fraternales con los hermanos árabes".

El cambio de parecer de Hariri es un nuevo revés saudí en la estrategia de política exterior bajo la influencia de su joven príncipe heredero, Mohammed bin Salman, que se cree está detrás de la mayoría de las decisiones importantes del país.

A instancias del príncipe, que tiene el visto bueno de su padre, el rey Salman, Arabia Saudita ha mostrado mucha más agresividad contra Irán. Tiene una reputación de ser impulsivo y firme en sus decisiones.

La misteriosa renuncia televisada de Hariri desde Arabia Saudita desencadenó una crisis política y diplomática. Miembros del gobierno libanés acusaron al reino saudí, que compite con Irán por la influencia en la región, de presionar al político suní, alineado con Riad.

Miembros destacados del gobierno acusaron a Arabia Saudita de retener a Hariri durante días. Los libaneses se sintieron insultados y expresaron un apoyo unificado a Hariri para pedir con unanimidad su regreso de Arabia Saudita, en lo que se convirtió como un momento de bochorno para el reino saudí.

En Beirut y otras ciudades se colocaron carteles para dar la bienvenida a Hariri en su regreso.

La suspensión de la renuncia parece ser la culminación de casi tres semanas de presiones internacionales en favor de mantener el delicado equilibrio político libanés, aunque es probable que Arabia Saudita conociera por adelantado la decisión de Hariri.

Es una victoria para el presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuya mediación logró sacar a Hariri de Arabia Saudita para pasar unos días en París. Hariri regresó a Líbano el martes por la noche tras breves escalas en Egipto y Chipre.

Después de la comparecencia de Hariri en el palacio presidencia, cientos de personas se reunieron para expresarle su apoyo ante su residencia en el centro de Beirut, en medio de fuertes medidas de seguridad.

"Le hemos esperado durante tres semanas. Esperamos que siga la senda del mártir Rafik Hariri (el padre de Saad Hariri) porque el Líbano necesita hombres como este (...) y esperamos en que no vuelva a salir de Líbano", dijo Hussein Zaarour, maestro de escuela y simpatizante del primer ministro, que llegó del este del país con su esposa y sus tres hijos.

Antes el miércoles, Hariri participó en las celebraciones del Día de la Independencia, en su primera aparición oficial desde su renuncia.

La dimisión de Hariri el 4 de noviembre no fue aceptada por el presidente, Michel Aoun, que dijo que antes quería hablar con Hariri en persona. En su mensaje desde Riad, el primer ministro mencionó las intromisiones de Irán y su aliado libanés Hezbolá como un motivo para su renuncia, además de expresar temores sobre su seguridad en Líbano. Hezbolá forma parte del gobierno de coalición en Líbano que formó Hariri hace un año.

Su renuncia desestabilizó Líbano y provocó temores de que el pequeño país, que ha disfrutado de una calma relativa en medio del caos en Oriente Medio, volviera a verse arrastrada al frente de la creciente rivalidad regional entre Arabia Saudita y Teherán.

El mensaje de Hariri desencadenó esfuerzos internacionales, lideraos por Francia, para impedir un revés en el delicado orden político del país, basado en un equilibrio entre religiones.

El anuncio de la renuncia de Hariri se vio seguido por una dura retórica saudí contra Hezbolá, al que el reino acusa de entrometerse en asuntos regionales en nombre de Irán.

La milicia libanesa combate en el bando del presidente de Siria, Bashar Assad, en la guerra civil iniciada hace seis años, donde muchos de los enemigos de Assad son rebeldes con apoyo saudí. El reino afirma que Hezbolá también está asesorando a los rebeldes hutíes que libran una guerra contra el gobierno de Yemen, aliado de Arabia Saudita. Hezbolá niega estar dando apoyo militar a los hutíes.

Hezbolá, por su parte, dijo que Arabia Saudita está sembrando inestabilidad en Líbano y acusó al reino de aliarse con Israel para iniciar una guerra en su país.

A su llegada a Beirut el martes por la noche, Hariri fue directamente del aeropuerto a rezar en la tumba de su padre, el primer ministro Rafiq Hariri, asesinado en 2005. Después se retiró a su casa en el centro de la capital.

AER

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