El ‘premier’ Valls, avante en la tormenta terrorista

En un país donde los políticos no están acostumbrados a realizar elogios a sus adversarios, la oposición, tanto de izquierda como de derecha, ha sido unánime en reconocer el papel jugado por el ...
Manuel Valls camina con un ejemplar de "Charlie Hebdo".
Manuel Valls camina con un ejemplar de "Charlie Hebdo". (Christian Hartmann/Reuters)

París

El primer ministro francés, Manuel Valls, cuyas advertencias sobre las amenazas a la seguridad tuvieron trágica confirmación con los atentados de París, ganó liderazgo con su estilo enérgico en una Francia de unidad nacional que aplaude a la policía y canta la Marsellesa al unísono.

Su discurso en la Asamblea Nacional fue elogiado por casi toda la clase política francesa, que el martes lo ovacionó de pie y cantó al unísono el himno nacional, hecho sin precedentes desde el final de la Primera Guerra Mundial, en 1918.

El premier de origen catalán cosechó elogios en todas las bancadas, incluso de aquellos que habitualmente le son hostiles por considerar su estilo como demasiado autoritario.

“Valls estuvo a la altura, al igual que el presidente (François Hollande), lo digo sin reservas”, admitió el miércoles la ex ministra ecologista Cécile Duflot, que nueve meses antes se había negado a formar parte del gabinete del “catalán”.

Hubo elogios en el mismo tono de otros “escépticos”, tanto de izquierda y derecha. “Valls tuvo un desempeño particularmente bueno. Su discurso lo podríamos haber escrito nosotros”, reconoció un diputado de la UMP (derecha), que encabeza Nicolas Sarkozy.

La reacción del gobierno durante las horas negras que siguieron a los atentados, tanto de Valls como de Hollande, fue considerada buena por ocho de cada diez franceses, según dos encuestas: Harris Interactive y Odoxa.

 “Lo notable fue la repartición de roles, cada cual en registros totalmente distintos”, analiza Gaël Sliman, presidente del instituto Odoxa.

“Para que una mayoría de simpatizantes de derecha lo admita, el presidente estuvo muy bien en el registro de la capacidad para reunir a la ciudadanía. Tuvo una postura empática, por ejemplo, cuando tomó en sus brazos a Patrick Pelloux”, miembro de la redacción de Charlie Hebdo que sobrevivió.

“Eso permitió a Valls ocupar otro registro, el de la firmeza y la autoridad”. Tras el ataque a Charlie Hebdo “hubo un presidente muy conmovido, casi a punto de llorar, y al mismo tiempo un primer ministro con un estilo muy marcial que visitaba la comisaría del distrito XI de París, donde tuvo lugar el atentado. Casi se podría decir que hubo una figura maternal y otra paternal para la nación”, comenta el politólogo.

En el entorno de Valls se congratulan en especial de ver al primer ministro “ganar adhesión” a la hora de “llamar a las cosas por su nombre” en un país habituado al eufemismo: el viernes pasado el premier no vaciló en hablar de “guerra” contra el terrorismo y el islamismo radical.

Más allá de eso, Valls dijo estar “orgulloso y emocionado” por las escenas inesperadas que vive Francia desde hace una semana, con manifestantes que aplauden a la policía o que gente que canta la Marsellesa espontáneamente.

Los hechos también confirmaron las inquietudes y advertencias de Valls sobre la aparición de un “nuevo antisemitismo” en los suburbios y la amenaza terrorista sin precedentes que pesa sobre Francia.

¿Cuánto durará este ‘espíritu del 11 de enero’ de que habló Valls tras las inmensas manifestaciones del domingo?

El efecto positivo de la victoria en el Mundial de 1998 para la popularidad del gobierno duró dos años, recuerda Sliman. Pero el de las marchas contra la presencia de la extrema derecha en la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 se esfumó en pocos meses.