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Lunes , 12.11.2018 / 23:39 Hoy

Pese a su sufrimiento, Juan Pablo II jamás se lamentó: secretario

Stanislaw Dziwisz, secretario del papa, recordó que toda su vida estuvo marcada por el sufrimiento, desde su juventud cuando perdió a su madre y su hermano, después a su padre.

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Stanislaw Dziwisz, histórico secretario de Juan Pablo II y actual arzobispo de Cracovia, aseguró hoy que pese al intenso sufrimiento padecido por el papa durante su vida, éste jamás se lamentó.

“Debo decir que viví con un santo. No sólo yo tuve esa impresión, muchas personas piensan igual”, aseguró el cardenal en un encuentro con periodistas, apenas 48 años antes de la ceremonia en la cual Karol Wojtyla será elevado al honor de los altares.

“En sus últimos días sufría, pero nunca se lamentaba. Cuando se preparaba a la muerte decía toda la vida del hombre debería ser gran preparación a la muerte, el gran encuentro con el señor. Le dio dignidad a la muerte”, señaló.

Recordó que toda su vida estuvo marcada por el sufrimiento, desde su juventud cuando perdió a su madre y su hermano, después a su padre. Incluso durante la guerra tuvo un grave accidente y estuvo al borde de la muerte.

Evocó también el atentado que sufrió en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, cuando le disparó el gatillero turco Mehmet Ali Agca y de la cual se salvó milagrosamente.

“Estuve en la ambulancia con él, cuando estaba consciente rezaba por el atacante, no sabía quién era, pero ya lo había perdonado. Estaba agradecido al señor porque pudo sufrir. Fuimos testigos de cómo enfrentó su enfermedad, no escondió su sufrimiento, para él el sufrimiento tenía un sentido”, añadió.

Dziwisz acompañó a Juan Pablo II durante 39 años. Lo conoció en el seminario de Cracovia, donde era todavía profesor y desde ese tiempo a los seminaristas le impactaba su forma de rezar cuando, durante las pausas, se retiraba a la capilla.

Sostuvo que su padre, que era un oficial del ejército, le enseñó a rezar al espíritu santo, una oración que siempre mantuvo, incluso al final de su vida y en sus últimas horas antes de morir.

“A veces me preguntan cuántas horas rezaba, pero él rezaba con su vida, no podría dividirse. Usaba la oración geográfica, rezaba por los diversos países y por la paz, por la justicia, por el respeto a las personas y a la vida”, contó.

Aseguró que se trataba de un hombre que sabía escuchar, por eso las personas que lo visitaban podían decirle todo lo que deseasen, aunque eso no significaba que compartiese todo aquello que escuchaba.

Ese gran respeto, también por los representantes de otros credos, lo convirtió en un líder religioso para todos. “Combatió todos los muros, en esto abrió la Iglesia al mundo y acercó el mundo a la Iglesia”, añadió el exsecretario.

Precisó que, para él, un grupo privilegiado lo formaban los enfermos y por eso en todos los viajes visitaba hospitales.

Puso como ejemplo la visita a San Francisco, Estados Unidos, en cuya catedral fue llevado un niño con Sida, mientras todos eran muy cuidadosos en acercársele, él lo tomó en brazos y lo besó.

“¿Por qué viajaba tanto a África o a los países pobres? Para gritar a los países ricos que debían cambiar actitud con los necesitados”, explicó.

“Los jóvenes tenían una relación privilegiada con él, de amistad. Desde el inicio quiso dar respuesta a los que ellos preguntaban, porque son sensibles. Tenía una gran confianza, veía en los jóvenes el futuro de la civilización y de la Iglesia”, estableció.

Karol Wojtyla será declarado santo por el papa Francisco la mañana del domingo en una ceremonia en la cual también será elevado al honor de los altares Angelo Roncalli, el papa Juan XXIII.

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