Personaje de la semana: Angela Merkel, canciller de Alemania

La considerada “mujer más poderosa del mundo” destacó la semana pasada por el inicio de su tercer mandato en Alemania gracias a un gobierno de coalición con los socialdemócratas y por dar un ...
Angela Merkel, tras lograr su tercer mandato consecutivo como canciller de Alemania, sigue dirigiendo a la Unión Europea con mano de hierro
Angela Merkel, tras lograr su tercer mandato consecutivo como canciller de Alemania, sigue dirigiendo a la Unión Europea con mano de hierro (AFP)

Berlín

La conservadora Angela Merkel, de 59 años, hija de un pastor que vivió en la Alemania comunista, confirmó el pasado martes su estatuto de "mujer más poderosa del mundo" al ser elegida por tercera vez como jefa del gobierno alemán. Sólo sus ilustres predecesores conservadores Konrad Adenauer, primer canciller de la posguerra en la República Federal Alemana, y Helmut Kohl, canciller de la reunificación, habían logrado tres mandatos.

Y tras ser reelegida por el Bundestag, el parlamento alemán,  Merkel no tardó ni unas horas en recordar desde Berlín a todo el Viejo Continente que su visión de la unión europea ha cambiado poco, y que seguirá apostando por las reformas y la disciplina financiera en los países del sur de Europa a cambio de la solidaridad. Merkel defendió una "evolución" de los tratados europeos para llevar a cabo reformas como la bancaria.

La canciller, que lidera una nueva "gran coalición" formada por los conservadores de la CDU y la CSU y los socialdemócratas del SPD, que han conseguido carteras clave como la economía, deseó que "Alemania siga desempeñando un papel responsable y sea motor de la integración europea", en un discurso en sintonía con anteriores declaraciones.

"Formamos parte de quienes dicen que si las bases jurídicas no son suficientes, debemos hacer evolucionar los tratados", afirmó. "Quien quiera más Europa debe estar dispuesto a modificar la legislación de ciertas competencias", dijo la canciller. En la tarde del miércoles, Merkel viajó a Francia, país poco dispuesto a modificar los tratados que establecen la arquitectura institucional de la Unión Europea (UE), y pide que para avanzar en cuestiones concretas se haga en el marco de los tratados existentes.

El nuevo gobierno acordó un programa en el que se destaca el establecimiento de un salario mínimo nacional, de 8.5 euros la hora, y que también incluye una mejora de las jubilaciones bajas y limitar el aumento de los alquileres. La canciller prometió el lunes que los conservadores, que ocuparán los puestos claves en el poder, serán "socios justos" en esta alianza con sus otrora adversarios políticos. Durante la crisis del euro, ambos partidos, entonces rivales, estuvieron en absoluta sintonía y el SPD votó todos los planes de rescate propuestos por Merkel.

Además de la cancillería, los conservadores dispondrán de la cartera estratégica de Finanzas, con el veterano Wolfgang Schäuble, de 71 años de edad, al frente, así como las de defensa e Interior, mientras que el SPD controlará la de Exteriores y la de Trabajo. El líder del SPD, Sigmar Gabriel, tendrá el cargo honorífico de vicecanciller y estará al frente del gran ministerio de Economía y Energía, encargado de la transición energética, un gran desafío para el país.

En París, Merkel, tras su entrevista con el presidente francés, Francois Hollande, se refirió a una “nueva etapa” a iniciar en las relaciones franco-alemanas, fundamentales para el desarrollo de la unidad europea y anunció un consejo de ministros franco-alemán el 19 de febrero.  Se trata "de mostrar que juntos podemos obtener más para los hombres y las mujeres de nuestros países que si lo hacemos de manera separada".

La dirigente de la primera economía europea había ofrecido a su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), una rotunda victoria en las elecciones legislativas de septiembre pasado. La CDU y su aliado de Baviera, la Unión Social Cristiana (CSU), obtuvieron 41.5% de votos.  Hija de un pastor protestante, casada dos veces y sin hijos, Merkel confirmó de esa manera su inmensa popularidad.

Después de ocho años al timón del país considerado el motor de Europa, Merkel se muestra preparada a dirigir su país otra vez más, sin que su imagen haya dado muestras de sufrir el desgaste del poder y las embestidas de la crisis económica mundial. Nacida y formada en la ex-RDA, donde obtuvo un diploma de física, la líder conservadora es llamada a veces "la canciller de hierro", por su férrea defensa de las políticas de austeridad.

Pero los alemanes la apodan también "Mutti" ("Mamá"), porque les inspira una gran seguridad, en medio de las tempestades europeas. Merkel es una de las líderes más respetadas en el mundo, pero también una de las más criticadas: en el extranjero, su figura irrita e incluso indigna.

Manifestantes coléricos han protestado en las calles de Atenas, Lisboa y Madrid, responsabilizándola por los recortes presupuestarios que, afirman, están ahogando las economías de sus países, y disparando la tasa de desempleo. Muchos griegos la detestan, y la acusan de querer poner de rodillas a Grecia, para explotarla mejor.

"¡Merkel, fuera!", han gritado en marchas y protestas millares de manifestantes en esas capitales. Algunos incluso llevan carteles con caricaturas de Merkel, a la que pintan con un bigote estilo Hitler y vestida con uniforme nazi. "Estoy determinada a ver que Europa emerge más fuerte de la crisis", insiste Merkel, dentro y fuera de su país.

"Alemania sólo puede ser fuerte con una Europa fuerte", repite, una y otra vez, la canciller, asegurando que Berlín no aspira a ejercer una hegemonía sobre la Unión Europea. Su biógrafo, Gerd Langguth, resalta que aunque Merkel está siempre bajo la luz de los reflectores, sigue siendo un enigma. Ella es "una esfinge", que aprendió de sus años bajo la dictadura de Alemania del Este, afirma.

De niña, Angela Dorotea Kasner -la primera mujer que dirige Alemania y la primera desde Margaret Thatcher al mando de un gran país europeo- soñaba con convertirse en una patinadora artística. Y ocho años después de su ascenso al poder, también gracias a una alianza entre la CDU y los socialdemócratas, la gran popularidad de Merkel no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

"Ella se ha convertido en una especie de madre de la nación", explica el politólogo Oskar Niedermayer. Merkel "encarna al común de los mortales [...] y eso le gusta a la gente", comentó. Amante de la ópera, del vino tinto francés y de las caminatas en las montañas italianas, Merkel, que hace ella misma sus compras en un supermercado barato, proclama que su modelo es la ama de casa alemana, símbolo de la austeridad y el autocontrol. Su esposo, el profesor de química Joachim Sauer, con quien Merkel se casó en 1998, no se queda atrás en su modestia. El hombre es tan tímido que no asistió a la ceremonia de toma de poder de su esposa en 2005.