La pensión de Francisco, última defensa para su familia ante la crisis

La crisis económica ha obligado a muchos pensionistas a convertirse en los salvadores de sus familias, como Francisco y María, residentes en el barrio popular madrileño de Vallecas.
Un vendedor ambulante de productos alimenticios muestra su oferta a un pensionista
Un vendedor ambulante de productos alimenticios muestra su oferta a un pensionista (AFP)

Madrid

"Aunque difícil, mientras que yo esté vivo y cobre, la hipoteca, mi hijo va a tenerla pagada porque si no le echan a la calle", dice Francisco, quien a sus 80 años y como muchos jubilados españoles, ayuda a su hijo y su familia.

Pero, Francisco Marcos Gallego y María, su esposa de 82 años, tienen cada vez más dificultades para hacer frente a estas obligaciones con sus 1,300 euros mensuales, y recelan de la nueva reforma del gobierno conservador que prevé una casi congelación de las pensiones.

"Van a subir las pensiones un 0.25% mientras que los precios suben un 2% al año", dice Francisco, que trabajó toda su vida como mecánico de trenes de la compañía española Renfe hasta su jubilación en 1993. "Ahora tengo que mantener dos casas. La nuestra y la de mi hijo", afirma María, cuyas palabras suenan como una descarga de rabia y de hastío.

Por pudor, a María, sentada en un extremo de la mesa de madera del salón, adornado con fotos familiares, no le gusta desvelar sus dificultades. Sopla cada vez que su marido o su hijo Miguel, de 49 años, hablan demasiado para su gusto.

En cambio, Miguel, separado de la madre de sus tres hijos, desempleado desde 2009 tras 23 años y medio como maquinista o montador de tuberías, deja escapar toda su rabia, ya que, desde 2011, no encuentra ni siquiera pequeños trabajos en un país donde el desempleo es superior al 26%. "Han trabajado como burros y ahora tienen que seguir sufriendo", afirma en referencia a sus padres.

Mira el pequeño piso de tres habitaciones de Vallecas, un barrio popular de Madrid, donde creció y donde viene a refugiarse a partir del 20 de cada mes para alimentar a sus hijos, cuando se le acaban los 400 euros de ayuda para los desempleados que han agotado su subsidio.

Su hijo de 21 años, también desempleado, vive con su pareja que trabaja. Pero su otro hijo de 16 años y su hija de 13 siguen yendo al colegio y están a su cargo. "Lo único que tengo son mis padres. Si no fuera por mi padre...", "a la calle", corta secamente María, antes de que su hijo continúe asegurando que "los pensionistas son los que están sacando el país adelante aquí, en España".

Según la Unión Democrática de Pensionistas, un 27% de los hogares españoles viven gracias a los ingresos de los jubilados.

Los sindicatos afirman que unos nueve millones de pensionistas españoles perderán entre un 15% y un 28% de su poder adquisitivo en los próximos diez años y la organización católica Cáritas, se preocupa también por las consecuencias de la reforma, subrayando que "hay familias enteras que viven de la pensión de un jubilado".

"El gobierno mintió. Se había comprometido a proteger las rentas de los pensionistas. Todo mentira. Son los pobres los que pagan", dice Miguel. "Los pensionistas van a pagar, pero sin la reforma, el sistema no era sostenible con un ciclo de vida más largo", subraya, por su parte, José Antonio Herce, profesor de economía en la Universidad Complutense de Madrid.

Pero Francisco, como muchos otros, ya sufre también la fuerte alza del IVA en 2012 y los aumentos de la electricidad, el gas, el agua, los medicamentos. Hasta ahora ha podido salvar el único "lujo" de su jubilación: quince días de vacaciones en junio en una pequeña pensión familiar de Puig, cerca del Mar Mediterráneo.

"Antes cuando venía de las vacaciones, tenía una hucha e iba metiendo poquito a poquito monedas" para financiarse sus siguientes vacaciones, pero "este año va a ser difícil", relata, antes de asegurar que "el futuro le veo muy difícil porque los jóvenes tienen que irse fuera del país y las previsiones dicen que hasta 2019 el paro no va a disminuir".

"El futuro, le veo negro todo. A mi edad, no sé si voy a verlo y no sé si quiero conocer eso", dice una hastiada María, abandonando la habitación.