El peligro, en los espías y no en las filtraciones

La NSA y la británica GCHQ han tomado la guerra contra el terrorismo como pretexto para vigilar todo y a todos.
El gobierno de Rousseff también fue blanco del espionaje de EU.
El gobierno de Rousseff también fue blanco del espionaje de EU. (Fernando Bizerra/EFE)

Estados Unidos y Gran Bretaña

La guerra contra el terrorismo ha sido benéfica para los servicios de inteligencia británicos. Después de décadas de notoriedad por las operaciones “antisubversión” contra los activistas políticos y sindicalistas coludidos con los escuadrones de la muerte en Irlanda del Norte, y por ayudar a EU a derrocar a gobiernos electos de todo el mundo, los espías por fin tienen la oportunidad de ser los buenos.

Así que ante la avalancha de filtraciones de la estadunidense Agencia de Seguridad Nacional y el británico Cuartel General de Comunicaciones del gobierno (NSA y GCHQ, respectivamente, y en sus siglas en inglés) sobre la escala épica de su vigilancia electrónica tanto dentro como fuera del país, los amos del espionaje anglo-estadunidense han jugado la carta de la “seguridad nacional” aplicándole todo su valor.

Las revelaciones del ex contratista de la NSA Edward Snowden en The Guardian han sido un “regalo” para los terroristas, afirmó el director del MI5, el servicio de seguridad británico, Andrew Parker, apoyado por el primer ministro David Cameron. Las filtraciones fueron la “pérdida más catastrófica para la inteligencia británica”, insistió David Omand, ex director de la GCHQ.

En realidad, seguridad nacional es una frase tan elástica como para no tener sentido. Como explica el MI5, la política del gobierno es “no definir el término para que mantenga la flexibilidad... para adaptarse a las circunstancias cambiantes”. En otras palabras: oportunismo político.

En los últimos días, los franceses han descubierto (cortesía de Le Monde) que la NSA reunió más de 70 millones de comunicaciones digitales en Francia, en solo un mes, con un enfoque especial en la empresa de comunicaciones franco-estadunidense Alcatel-Lucent, mientras que los mexicanos se han enterado, a través de Der Spiegel, que los correos electrónicos de su presidente fueron hackeados por la inteligencia de EU para “planear inversiones internacionales” y fortalecer su influencia diplomática.

Algo similar le sucedió a la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, al igual que a los líderes mundiales que fueron atacados en el G20; mientras que India y Alemania, entre otros países, también fueron víctimas del espionaje electrónico. El terrorismo estaba claramente en los últimos puestos de la lista de prioridades.

Pero lo que destaca es la escala y alcance de la operación NSA-GCHQ, y el imperio global efectivo usado para vigilar y, cuando se trata de terrorismo, las evidencias indican que las agencias de inteligencia de EU y Gran Bretaña lo incitan tanto como lo combaten.

Consideremos los ataques con drones, los aviones sin piloto, que son el arma preferida por Obama en la nueva fase de la guerra contra el terror. Se sabe que han matado ya 3 mil 613 personas (926 civiles, incluyendo a 200 niños) tan solo en Pakistán.

Esta semana, Amnistía Internacional argumentó que los oficiales de EU deberían ser juzgados por la evidencia de crímenes de guerra que existe en la campaña con drones en Pakistán y un caso similar denunció en Yemen la organización Vigilancia de los Derechos Humanos.

La guerra con drones está dirigida por la CIA y el pentágono. Pero, según confirman las filtraciones de Snowden (Washington Post), la NSA está íntimamente ligada en los que a menudo son todo menos “asesinatos selectivos” —igual que la GCHQ, que ahora enfrenta una demanda en Londres del hijo de una víctima paquistaní de un ataque con drones en 2011—.

Mientras, pese a sus múltiples fracasos, la guerra contra el terrorismo crece, propagando el terror con su avance. El nuevo frente es África, donde el Pentágono está involucrado en 49 de 54 países. Dos años después de la que, se dijo, sería una exitosa intervención en Libia, el país está al borde de otra guerra civil y su primer ministro suplica ser rescatado del contragolpe de otro secuestro estadunidense.

Es una necesidad democrática que las revelaciones de Snowden se usen para aportar algo de responsabilidad genuina a la máquina NSA-GCHQ y a su ilegal espionaje a escala industrial. Pero enmarcar el debate como un intercambio entre la seguridad y la privacidad no describe el panorama más amplio.

Las principales agencias occidentales de inteligencia son armas de la dominación mundial, cuyo papel en el resto del mundo tiene un impacto directo sobre sus propios ciudadanos. No son las revelaciones lo que amenaza nuestra seguridad, sino las agencias y sus amos políticos.