“Los partidos políticos se han quedado en el pasado”

Fernando Henrique Cardoso*, ex presidente de Brasil, habla de formaciones políticas y de la relación con la sociedad, en especial en los casos de su país natal, así como de Venezuela y Argentina ...
El mandatario se reunió recientemente con el presidente argentino, Mauricio Macri.
El mandatario se reunió recientemente con el presidente argentino, Mauricio Macri. (Nelly Salas)

Para el mandatario brasileño, el desafío que están planteando las sociedades a los sistemas políticos “es global”, como queda de manifiesto en la campaña electoral en Estados Unidos, donde tanto Donald Trump como Bernie Sanders han desafiado  y derrotado incluso al establishmen, como afirma en entrevista con el periódico argentino Clarín.

¿Está divorciada la sociedad del sistema político?

Si, totalmente. No es solo en Brasil, es en el mundo. La estructura política de la democracia se basa en partidos y los partidos tradicionalmente están vinculados a sectores sociales, segmentos sociales, clases, grupos importantes. Esos eran los partidos. El socialdemócrata vinculado a los trabajadores o sindicatos, otros a conservadores o liberales. La sociedad contemporánea esta mucho más fragmentada.

¿No lo ha estado siempre?

No es que no existan clases o agrupamientos sociales fuertes, sucede que no son los únicos a los cuales uno se afilia. Existen muchas otras dimensiones que condicionan el comportamiento de las personas y los partidos difícilmente abordan esos temas, que son lo que se plantean las personas. Los partidos se quedaron en el pasado.

Es muy claro eso en América Latina.

En todo el mundo. En España, claro, en toda Europa. Mire Estados Unidos, el establishment norteamericano fue derrotado por los candidatos. Hillary Clinton ganó su interna, pero Bernie Sanders casi llegó. Y Donald Trump derrotó a todo el establishment norteamericano. O Gran Bretaña que sale del mercado común. Hay un desajuste con las transformaciones que viven las sociedades.

¿También lo ve en Argentina?

Acá también, claro. La cultura de los nuevos desafíos es general. Y se mira siempre con los lentes del pasado: izquierda, derecha, clase tal o clase cual.

¿De esto habló con Macri?

Claro. Justamente Macri representa esa angustia de la gente por lo nuevo y por el cambio. Un cambio que también puede suceder en Brasil. En este momento todavía no se ve, pero nunca se sabe. Puede ser alguna sorpresa. Se dirá que los candidatos ya están, pero faltan dos años, falta mucho tiempo y hay esa falta de confianza en el liderazgo puramente político. La gente quiere otra cosa y los partidos se callan sobre la mayoría de las cuestiones que atañen a la gente. No tienen coraje, no hablan de droga, no hablan de medio ambiente. Hay un tabú porque piensan que perderían votos, y los jóvenes lo que quieren es discutir estos temas. Tengo mucho contacto con la gente joven. Y me resulta más fácil ser escuchado por esas capas.

¿Y qué le dijo Macri?

Intercambiamos impresiones sobre Brasil. Le dije que Brasil tienen posibilidades de salir del impasse porque tenemos una base sólida y un agrobusiness muy sólido. Pero tenemos una necesidad brutal de infraestructura. Debemos ver cómo vamos a tratar con la industria porque Brasil está más industrializado que todos los demás países de la región, y la industria depende de vinculación con los flujos de creatividad globales. Yo transmití mi impresión a Macri en ese aspecto.

¿Hubo algo más?

Bueno, también que no creo que habrá dificultades en la relación de Brasil y Argentina en lo que hace al mundo y al Mercosur, porque de alguna manera es necesario volver a la idea de que el Mercosur tiene que sostenerse en base a los intereses del comercio. Pero no solo eso, debe ponerse al margen del espíritu ALBA (bolivariano), el espíritu puramente político, tiene que ser una cosa mucho más pragmática. Y ahora tenemos el restablecimiento del vínculo con Europa.

¿Cómo juega Venezuela en eso?

Lo de Venezuela es una tragedia. Yo me llevaba bien con Hugo Chávez, pero era claro que sería juzgado por la historia según su capacidad de diversificar una economía petróleo-dependiente. No lo logró. Esa fue su tragedia. Se suma a ello esa visión populista de que no hay que mirar demasiado los equilibrios presupuestarios o que el enemigo es externo. Y la visión de que todo se resuelve con un gobierno más fuerte. A eso se ha llamado socialismo del siglo XXI, sin explicar nunca qué clase de socialismo es ese.

No lo ha visto como una experiencia de izquierda.

No. Es otra cosa, es un neofascismo, algo nasserista, una confusión. Predomina un Estado fuerte, y mientras predomine una presencia carismática eso más o menos amortigua a la gente, que es de lo que carece Nicolás Maduro. Pasó lo mismo con Lula y Dilma. Lula tenía carisma y ella no.

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*Ex presidente de Brasil en dos periodos consecutivos, de 1995 a 2002. Sociólogo, político, filósofo  y académico.