El papa llega hasta el patio de la muerte

Jorge Mario Bergoglio se reunió con 11 supervivientes y 25 representantes de personas que ayudaron al pueblo judío.
El pontífice con judíos e integrantes de Justos de las Naciones.
El pontífice con judíos e integrantes de Justos de las Naciones. (Radek Pietruszka/EFE)

Auschwitz

En su recorrido silencioso por Auschwitz y Bikernau, el papa Francisco saludó a 11 supervivientes de estos campos de exterminio nazi y a representantes y familiares de los 25 Justos de las Naciones —como se les conoce a aquellas personas que arriesgaron su vida para ayudar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

En el Bloque 11, donde se encontraban las celdas subterráneas en las que se encerraba a los prisioneros para que murieran de hambre y sed, Francisco rompió con el silencio que mantuvo durante todo su recorrido para poder saludar a 11 personas que consiguieron sobrevivir al horror de estos campos.

Entre ellos se encontraba Helena Dunicz Niwiska, nacida en 1915 en Viena, quien vivía junto con sus papás en el municipio de Lviv, hasta que fue detenida con su madre María en 1943 y deportada a Auschwitz en octubre de ese mismo año.

Helena era violinista, por lo que fue obligada a formar parte de una orquesta que tocaba para los nazis en el cercano campo de Birkenau. Su madre solo sobrevivió dos meses en este lugar.

El papa saludó también a otro centenario, Alojzy Fros, nacido en 1916 en la localidad polaca de Rybnik, marcado con el número 136223 y detenido en abril de 1943 acusado de conspiración.

Fue deportado a Auschwitz el 9 de agosto de 1943 y, tras pasar dos meses en el hospital del campo por una enfermedad, fue destinado a la zona donde se inspeccionaban las pertenencias de los prisioneros.

Janina Isawa nació en Varsovia en 1916 y se salvó, como muchos de los supervivientes a los que saludó ayer el papa, gracias a que fue trasladada a otros campos.

El profesor Waclaw Dlugoborski, quien nació en 1926 en Varsovia, fue detenido por los nazis al ser acusado de conspiración en mayo de 1943 y trabajó como empleado en el hospital del campo de Birkenau y después de la guerra,  como investigador en el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau.

El también profesor Zbigniew Kaczkowski, nacido en 1921 en Cracovia, fue enviado a Auschwitz junto con su madre Zofia, quien murió en ese campo de concentración, donde la hicieron trabajar como enfermera.

El 27 de julio de 1944 consiguió escapar de ese lugar de exterminio; sin embargo, fue recapturado y encarcelado en el Bloque 11 de Auschwitz. Posteriormente fue deportado a Buchenwald. Al concluir la guerra trabajó como investigador universitario.

El pontífice también pudo saludar a Stefan Lesiak, nacido en 1927 en Piczów; a Eva Umlauf, quien tenía dos años cuando fue deportada, así como a Naftali Furst, quien nació en 1932 en Bratislava y que llegó a Auschwitz el 3 de noviembre de 1944.

Francisco conoció a Peter Rauch, nacido en Múnich en 1939 y quien vivía con su familia — integrada por sus padres y sus cinco hermanas—, y a Valentina Nikodem, nacida en 1922 en Lodz y deportada después de que su padre matara a un miembro de la Gestapo.

Nikodem se ocupó en Auschwitz de ayudar a las mujeres que daban a luz en el campo.

Francisco también se encontró a Marian Majerowicz, nacida en 1926 en Myszków. En Auschwitz murieron sus padres y su hermano pequeño, y ahora es presidenta de la Asociación de Veteranos y Víctimas de la Segunda Guerra Mundial judía de Varsovia.

En su recorrido silencioso, Francisco se detuvo en Bikernau para conocer también las historias de quienes ayudaron a los judíos y han sido reconocidos por ello como Justos de las Naciones por el Yad Vashem, el museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén.

Frente a las lápidas —escritas en 23 idiomas— que recuerdan al millón de personas que murieron en Auschwtiz se encontraba María Jamro.

Sus padres, campesinos, dieron cobijo a Hena y Oskar Oliner quienes, desfallecidos, llamaron a la puerta de su casa para poder pasar la noche, a lo que ellos aceptaron para ayudarles en todo.

También se encontraba Anna, hija de Janina Stupnicka, maestro que ayudó a los judíos del gueto de Varsovia y que escondió en casa a algunos de ellos.

En representación de la familia Ulma estaba el sacerdote Stalisnaw Ruszala de Markowa, la ciudad donde fueron asesinados el matrimonio formado por Józef y Wiktoria —quien tenía siete meses de embarazo al momento de su muerte— y sus seis hijos, por haber escondido a otra familia de judíos.

El 24 de marzo de 1944 una patrulla nazi descubrió el escondite y asesinó a la familia judía y a la familia Ulma.

La Iglesia católica ha comenzado el proceso para poder beatificar a toda la familia Ulma.