En un año, el papa Francisco eclipsó a Benedicto XVI

Hace un año, entre el 11 y el 28 de febrero, la renuncia del Papa alemán cimbró a la Iglesia para mejor...
El ex cardenal argentino Jorge Bergoglio dejó atrás el estilo rígido.
El ex cardenal argentino Jorge Bergoglio dejó atrás el estilo rígido. (Ettore Ferrari/EFE)

Roma

Le bastó con algunas frases en latín pronunciadas hace un año para desaparecer de las pantallas. Desde el 11 de febrero de 2013 o, más exactamente, desde el 28 de ese mes, fecha oficial de su retiro, el Papa emérito Benedicto XVI se volatilizó. Una foto tomada en los jardines de Castel Gandolfo, una gorra blanca ajustada en la cabeza, dos apariciones furtivas en compañía de su sucesor, son los únicos rastros del Papa alemán desde su renuncia impensable. Incluso su imagen desapareció prácticamente de los tiendas de artículos religiosos que rodean la plaza de San Pedro en Roma.

Por sus gestos, sus expresiones fuera de lo común, su estilo relajado y las prioridades más bien de consenso —atención a los pobres, misericordia, apertura de la Iglesia católica a las "periferias"—, el nuevo elegido, Francisco, lo eclipsó, atrayendo sobre la Iglesia una luz de la cual ésta no se había beneficiado desde hacía años. El estilo rígido y ampuloso de Benedicto XVI, su visión del mundo y de la Iglesia, sombría y alarmista, sus escritos, complejos, sus expresiones, desafortunadas, terminaron por hacer inaudible su mensaje, incomprendido, incluso rechazado por una parte de los católicos. Con Francisco, la Iglesia encontró visiblemente un mensaje más convincente, una "autoridad moral" que habla también con los no creyentes.

Pero el efecto de sus posiciones nubla la perspectiva, como si Benedicto XVI se hubiera llevado con su retiro años de discurso de la Iglesia; y como si Francisco empezara las cosas de cero. Sin embargo, una inmersión en los textos de ambos hombres prueba que ese no es el caso, ya que el papa Francisco, hay que recordarlo, hizo suyas enteramente las enseñanzas de la Iglesia.

Por sus posiciones atrincheradas contra la economía que "mata" y su crítica del capitalismo, el papa Francisco fue calificado de "marxista" por los neoconservadores norteamericanos. Su embestida contra una "economía sin rostro", "las fuerzas ciegas y la mano invisible del mercado", en su primera exhortación apostólica Evangelii gaudium, condicionó los ánimos. Pero Francisco no hizo más que retomar el fondo de la doctrina social y económica de la Iglesia.

Benedicto XVI combatió también "el capitalismo financiero no regulado", precisando en febrero de 2013: "En los últimos siglos, las ideologías que celebran el culto de la nación, de la raza, de la clase social se han mostrado como verdaderas idolatrías; y lo mismo se puede decir del capitalismo salvaje con su culto a la ganancia".

Pero es sobre todo en las asuntos éticos y de la moral que muchos han visto una evolución. Una cosa es cierta: contrariamente a sus predecesores, Francisco se niega a hablar "permanentemente de los temas ligados al aborto, al matrimonio homosexual o a la utilización de los métodos anticonceptivos". Y esto, en sí, es una ruptura. Pero, en el fondo, la continuidad está asegurada. "La sola idea de que haya niños que jamás podrán ver la luz, víctimas del aborto, nos horroriza", declaró Francisco, a comienzos de enero, antes de apoyar las manifestaciones antiaborto en París y en Washington.

Sobre la homosexualidad, Francisco quiso explicitar su célebre frase: "Si una persona homosexual es un ser de buena voluntad y está en busca de Dios, ¿quién soy yo para juzgarla?". "Al decir esto, yo dije lo que dice el catecismo", explicó el Papa, para quien los homosexuales son "heridos de la sociedad", y el matrimonio homosexual, una "guerra contra Dios"

Sobre el tema de las mujeres, en muchas ocasiones Francisco también dijo querer darles mayores responsabilidades. Entusiastas, algunos han llegado a considerar la formación de "mujeres cardenales". Pero el Papa descartó la idea, quedándose por el momento en lo declarativo. "Es necesario difundir una mayor presencia de las mujeres en la Iglesia". En paralelo, su manera de exaltar "la sensibilidad, la intuición" de las mujeres, los modelos de "madres" que cita como ejemplo, dejan entrever una visión tradicional del sexo femenino.

Como sea, al revolucionar la "manera de ser Papa", Francisco triunfó en su apuesta de volver "positivo" el mensaje de la Iglesia y acrecentar su audiencia... pese a la continuidad con un Benedicto XVI fiel desde hace un año a su voto de silencio.