Un país a la espera de la insondable Marina Silva

Ciudadanos y políticos tratan de conjeturar sobre los próximos pasos de la popular ambientalista tras la muerte de Campos.
La ecologista se distanció en 2008 del entonces mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
La ecologista se distanció en 2008 del entonces mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. (Ueslei Marcelino/Reuters)

Sao Paulo

La incertidumbre domina el cuadro político brasileño tras la muerte del candidato Eduardo Campos, ocurrida a menos de dos meses de las elecciones presidenciales en las que ningún analista serio se arriesga a formular un pronóstico categórico, mientras desde el gobierno aguardan la posible, no segura, postulación de Marina Silva.

De buenas a primeras esa mujer menuda, oriunda de la Amazonia, evangélica, pasó de actriz de reparto a protagonista de la contienda brasileña más disputada en lo que va del siglo: el resultado del 5 de octubre moldeará el destino político de la región.

Enigmática, la mayor líder ambientalista de Brasil y América del Sur continuaba recluida en su departamento sin pronunciar palabra sobre su eventual candidatura a la presidencia en reemplazo del malogrado Campos, fallecido el miércoles pasado en un accidente aéreo cuando volaba hacia la localidad de Santos, en el litoral Atlántico, donde iba a encabezar un acto proselitista del Partido Socialista.

Profundamente religiosa, acaso mística, Silva hizo saber a través de emisarios su decisión de no aparecer en público hasta los funerales, que podrían ocurrir este fin de semana pero aún no tienen fecha, pues los restos calcinados de Campos y de sus seis acompañantes en la avioneta permanecían en el Instituto Médico Legal, donde eran sometidos a exámenes para su identificación.

Como en los buenos filmes de suspenso político, la disputa hacia el Palacio del Planalto (sede presidencial en Brasilia) fue creciendo en dramatismo.

Comenzó soñolienta, ya que todos los sondeos indicaban una holgada ventaja de la postulante a la reelección Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, respaldada por 38% de los votantes contra 23%  de Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, y 9% de Eduardo Campos.

Esas cifras indicaban la posibilidad de que la mandataria fuera reelecta en la primera vuelta del 5 de octubre para disgusto del mercado que respondía con bajas en la Bolsa de Valores de Sao Paulo.

Pero con la catástrofe del miércoles el relato electoral ganó en dramatismo, concitando la atención del gran público, que pese a su despolitización está conmovido ante la desaparición de Campos, un afable economista del interior del país de 49 años, padre de cinco hijos, apreciado por empresarios y políticos tradicionales debido a su moderación.

A la par, la irrupción de Marina Silva como potencial candidata parece haber despertado el interés de los jóvenes más politizados, a la vez escépticos, quienes en junio de 2013 encabezaron las protestas más importantes en casi dos décadas.

Si hubiera que resumir en una frase las reivindicaciones expresadas en aquellas manifestaciones, repetidas con menos ímpetu este año, ella sería “queremos una nueva política”.

Demanda que encaja como un guante en el perfil de Marina Silva, la única dirigente de proyección nacional tenida como una política de nuevo tipo, debido a su desapego por el poder, como lo demostró en 2008 cuando renunció al Ministerio de Medio Ambiente y más tarde se desafilió del PT, disgustada con el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

En la política sudamericana los dedazos son moneda corriente. Hubo el de Lula para bendecir a su correligionaria Rousseff como candidata del PT en las presidenciales de 2010. Tres años antes, el entonces mandatario argentino Néstor Kirchner ungió como sucesora a su esposa Cristina Fernández.

Por su parte, el líder venezolano Hugo Chávez, consciente de su dolencia terminal, escogió como heredero, en 2012, a Nicolás Maduro.

El dedazo no se aplica a Marina Silva, dado que, pese a ser candidata a vicepresidenta, siempre fue mucho más popular que su ex compañero de fórmula Eduardo Campos. Ella no le debe votos al candidato fallecido.

Un sondeo realizado en abril mostró a Silva con un respaldo tres veces mayor que el de su conmilitón y según trascendidos conocidos ayer, la ecologista podría bordear 25% de apoyo en la encuesta a ser publicada el lunes por el diario Folha de Sao Paulo.

Ese rumor, que refuerza la hipótesis de un balotaje el 26 de octubre, fue recibido de buen grado en la Bolsa de Valores paulista, donde la ronda de negocios llegó a subir 2%.