Theresa May, otra 'Dama de hierro' para Reino Unido

El Partido Conservador la investirá mañana como primera ministra al renunciar Andrea Leadsom a la puja.
La futura líder británica de 59 años quiere recortar la inmigración.
La futura líder británica de 59 años quiere recortar la inmigración. (Neil Hall | Reuters)

Londres

Theresa May, la secretaria del Interior británica, fue confirmada ayer como líder del Partido Conservador tras la renuncia de su única rival, Andrea Leadsom, y será designada el miércoles primera ministra del Reino Unido en sustitución de David Cameron, que anunció su dimisión tras la victoria del brexit en el referendo del 23 de junio.

Leadsom se vio sometida a presiones en los últimos días por sugerir que May, de 59 años, sería peor líder al no ser madre. Así, May se convertirá en la segunda mujer al frente del gobierno británico, después de Margaret Thatcher, la llamada Dama de Hierro (1979-1990), promotora junto con Ronald Reagan en EU del más férreo neoliberalismo.

La retirada de Leadsom le evitó a May tener que someterse a la elección interna entre los 150 mil afiliados del partido, lo que acorta en dos meses el proceso para que el Reino Unido tenga un nuevo jefe de gobierno tras la renuncia de Cameron ante el fiasco de su referendo sobre la salida del país de la Unión Europea, el British exit.

Pero si hay algo de Donadl Trump en Boris Johnson, el promotor del brexit, también lo hay de la líder alemana Angela Merkel en Theresa May.

Hija única de un pastor anglicano, nacida en en 1956, educada en un presbiterio de Oxfordshire, Theresa May no es del tipo extravagante. Casada sin hijos como la canciller alemana, parece consagrar su vida a la política. Luego de sus estudios de geografía en Oxford, un inicio de carrera en el banco y funciones como diputada municipal, May fue elegida diputada conservadora en 1997, el año del triunfo del primer ministro laborista Tony Blair.

Si bien su vocación política se desarrolló en contacto con su padre pastor, comprometido con actividades sociales, su tenacidad legendaria debió consolidarse durante los diecisiete años pasados en la oposición.

Primera mujer candidata a la presidencia de los tories, ella pronunció en 2002, en plena travesía del desierto de los conservadores, un discurso que se hizo célebre donde alertaba al congreso contra la imagen del "partido villano" adherido a la piel desde Margaret Thatcher, la Dama de Hierro [apodada así por la prensa de la entonces Unión Soviética por su tenaz oposición al comunismo y su "cortina de hierro", N. de la T.]. La popularidad creciente de May en su circunscripción de Maidenhead (oeste de Londres) y su larga experiencia en el seno del "gabinete fantasma", llevó a David Cameron a nombrarla ministra del interior en 2010.

Para sus camaradas, ella tuvo una trayectoria impecable, administrando los servicios de seguridad con mano de hierro, sobreviviendo a los periodos de crisis ahí donde otros mordieron el polvo. En 2014, May hizo votar una ley permitiendo la confiscación del pasaporte a los aprendices de yihadistas. Pero su política de "desradicalización" fue criticada, lo mismo que su proyecto de ley para vigilar las comunicaciones. Muy discreta sobre el tema de la inmigración, que no duda en vincular con el desempleo y los bajos salarios, personifica sin embargo la principal promesa no cumplida de David Cameron: la baja drástica de los flujos de entrada.

Euroscéptica en su calidad de defensora de la soberanía nacional, May es muy hostil a la Convención europea de los Derechos Humanos, al punto de recomendar el abandono por parte del Reino Unido. Le reprocha en especial a la Corte Europea el haber bloqueado durante mucho tiempo la extradición del islamista Abu Qatada a Jordania, país donde su derecho fundamental a un proceso justo no estaba garantizado.

No obstante, Theresa May escogió el campo del "in" en el referendo del 23 de junio, tal vez por fidelidad a su jefe, David Cameron. Casi ausente de la campaña, la ministra no quiso correr riesgos aunque ya adelantó que "Brexit es brexit" y que no se puede desconocer la voluntad de la mayoría del electorado británico.

Unánimemente reconocida por su profesionalismo y su determinación, también es considerada glacial, introvertida y sin un verdadero carisma. Su única originalidad hay que buscarla junto a... sus pies. Theresa May reconoce que comanda una impresionante colección de elegantes zapatos, fuente inagotable de comentarios. Sus formas y colores —estilo leopardo, a rayas como cebras, engarzados en joyería, etcétera— están dirigidos a anunciar el estado de ánimo de la ministra, a punto ya de convertirse en locataria de Downing Street.