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Martes , 14.08.2018 / 19:11 Hoy

Ortega está desmantelando la democracia como un dinasta: Víctor Hugo Tinoco

Víctor Hugo Tinoco fue vicecanciller, embajador ante las Naciones Unidas y es uno de los 28 diputados de oposición que fueron expulsados el pasado viernes del parlamento nicaragüense.

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A tres meses de las elecciones presidenciales del 6 de noviembre, crece la preocupación interna e internacional ante el cierre de los espacios democráticos en Nicaragua por parte del presidente Daniel Ortega, en el poder desde 2007 y antiguo líder de la revolución sandinista, de la cual el diputado Víctor Hugo Tinoco fue vicecanciller y también embajador ante las Naciones Unidas. Tinoco es también uno de los 28 diputados de oposición expulsados el pasado viernes del parlamento y de ello nos habla en entrevista con MILENIO.

¿Qué es lo que está sucediendo en Nicaragua, cada vez más en el radar de la noticia internacional?

En el país se está produciendo el retroceso institucional y el desmantelamiento de la democracia más grave desde el fin de la guerra. La guerra terminó en 1990 y no había habido desde entonces una situación tan grave y tan delicada. En el curso de muy pocas semanas se han producido hechos muy graves. En resumen, a inicios de junio, Daniel Ortega, presidente de facto del país, anunció que no iba a haber observación internacional en noviembre, contrario a lo que fijan las leyes. Días después, el Consejo Supremo Electoral, sometido al ejecutivo, le quitó a Eduardo Montealegre el liderazgo de su partido, el Liberal Independiente (PLI), el único de oposición, y se lo dio a una persona que está jugando el papel de colaboracionista del régimen. En los comicios de 2011 el PLI se ubicó como segunda fuerza nacional con 31% de votos y 25 diputados, y ha sido la única fuerza que le ha hecho oposición a Ortega desde que este regresó al poder en 2007.

El PLI, además, iba a competir en noviembre a nombre de la Coalición Nacional por la Democracia (CND), integrada entre otras fuerzas por el proscrito Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), opuesto a Ortega y del cual usted es parte.

Así es, el PLI era la casilla oficial de una coalición amplia que tenía probabilidades de propinarle un golpe muy duro al dominio absoluto hegemónico de Ortega. El MRS es un partido de izquierda movilizado, muy activo, con muchos líderes de la revolución de 1979-1990 de diferentes niveles y está proscrito desde hace cinco años cuando se le quitó su personalidad jurídica. En la coalición estaba también el partido Acción Ciudadana, declarado inexistente una semana después del descabezamiento del PLI. La CND estaba respaldada por los sectores más fuertes de la sociedad civil opuestos a otro gobierno de Ortega.

¿Qué significan estas medidas?

Que no habrá elecciones, de hecho. Lo único que va a haber, le puedo adelantar, es una asignación de 70 u 80% de puestos y de escaños al partido de gobierno y unos cuantos escaños a los distintos grupos políticos satélites o subordinados. Pero en los hechos se suspendió la elección.

También la presencia de la oposición en el parlamento...

En efecto, fueron expulsados del parlamento 28 diputados en total, entre ellos 16 propietarios —uno de ellos yo—, cerrando con esto el último resquicio de oposición en la institucionalidad del país. Una oposición, además, que ha ido creciendo al punto de que tenía potencial para disputar las urnas.

Esto crea una situación sumamente seria y delicada para el país, marcado por una historia de violencia, la cual solo se puede evitar teniendo los espacios políticos abiertos. Pero ahora Ortega los ha cerrado completamente sin ningún rubor, sin tratar de camuflar siquiera sus acciones; cerrando finalmente esta ofensiva con el registro de su esposa como candidata a la vicepresidencia.

¿Qué implica el nombramiento de Rosario Murillo, considerada una primera dama “todopoderosa”?

Significa repetir como una copia al carbón la historia de la dictadura somocista. El dictador Anastasio Somoza García (1937-1956) no solo fue un dictador sino que se encargó de colocar a su familia en todos los espacios de poder político y económico, asegurando la continuidad de la dinastía en caso de que a él le ocurriera algo, como en efecto sucedió, siendo ultimado a tiros por un miembro histórico del PLI. Fue sucedido por su hijo Luis (1957-1963) y después por un hermano (1967-1979), quien ya estaba preparando la sucesión para el nieto del primer Somoza.

Y Daniel Ortega tiene nueve hijos...

Así es, y es evidente que está repitiendo el modelo dinástico garantizando que su esposa lo suceda después y transmita luego el poder a cualquiera de sus hijos, que los tiene en espacios de poder económico muy importantes y también en los medios de prensa.

¿Por qué dijo que Ortega era un “presidente de facto”?

Es de facto porque es producto de un fraude electoral y luego de una doble violación a la Constitución, que prohibía la reelección inmediata. También decía que que si uno había sido presidente dos veces, no podía acceder a un tercer mandato. Pero Ortega se hizo elegir candidato por la vía de los hechos en forma ininterrumpida desde hace una década, y en noviembre busca su tercera reelección consecutiva y su cuarto mandato.

Hace unas horas, el Departamento de Estado de Estados Unidos protestó contra el cierre democrático. ¿Puede tener algún peso su presión sobre Ortega?

Me parece que de aquí a noviembre, Daniel Ortega va a seguir como locomotora descontrolada para realizar la farsa electoral. El montaje de la farsa es inevitable, pero con ello el país entra en una fase de crisis política e institucional porque la oposición no se ha debilitado con este golpe, al contrario, ya que tiene un enorme reconocimiento como fuerza política opositora real.

Por eso es que nosotros, además de llamar a la sociedad a defender los derechos que tenemos como ciudadanos y como nicaragüenses, hemos llamado a los organismos internacionales a actuar. En la historia de Nicaragua no ha habido un solo hecho importante que no haya tenido la participación de la comunidad internacional, ya sea a favor o en contra de la dinastía somocista, en apoyo a la revolución o bien a la contrarrevolución armada y el apoyo también de la región, entre ellos el gobierno de México, para lograr el fin de la guerra.

¿Qué sigue?

La única salida es llamar a elecciones libres más allá de los comicios de noviembre —que evidentemente son irreversisbles—, porque la violencia armada no es una alternativa real y supone mayores sacrificios para el pueblo. Es clave y es urgente una salida política, por ejemplo un acuerdo nacional para que haya elecciones realmente libres y que gane el que tenga más votos. Pero estas nuevas elecciones tienen que realizarse en el más corto plazo posible, por ejemplo aprovechando las municipales de noviembre de 2017 o incluso antes.

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