¿La ofensiva radical sunita es la muerte de Irak?/I

La autora, experta en el mundo árabe y musulmán, es pesimista en cuanto al futuro de la nueva crisis en el país.
El grupo Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIS) surgió en 2006.
El grupo Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIS) surgió en 2006. (Nabil Al Jurani/AP)

París

En la noche del 6 de junio, centenares de combatientes armados tomaron por asalto la ciudad nororiental de Mosul, en la provincia de Nínive, logran controlar sus principales puntos neurálgicos. Una ofensiva paralela se desarrolló en Ramadi, en la provincia central de Al Anbar, con el ataque a la universidad local y la toma de rehenes.

Desde entonces, los hechos han evolucionado provocando el terror generalizado: tras Mosul, sectores enteros de las provincias de Nínive, Kirkuk y Saladino cayeron en manos de los comandos sunitas fundamentalistas, que se encuentran a las puertas de Bagdad después de haber tomado Tikrit, feudo del ex dictador Sadam Husein, ahorcado tras la invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña de marzo de 2003.

La Organización Internacional para las Migraciones estima en medio millón el número de civiles que debieron huir de sus zonas en los últimos días para llegar hasta el Kurdistán iraquí, una hemorragia humana debida, tanto al temor provocado por los yijadistas como a las represalias del gobierno central. Es un conflicto de larga data y sin precedente desde la caída del régimen del partido sunita Baas, de Sadam Husein, en 2003, el que parece estarse iniciando.

¿Pero cómo han podido los rebeldes del Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), una escisión salafista-yijadista hasta hace poco no muy conocida conocida por los iraquíes bajo el acrónimo árabe de Da'ech, hacerse con una parte del territorio iraquí?

Si bien la ocupación de Estados Unidos (2003-2011) se caracterizó por niveles extremadamente elevados de violencia, nunca la franja radical del levantamiento armado había llegado a desarrollar una escalada militar como esta, con la conquista de una franja territorial que se extiende de Anbar, en el centro, hasta el noreste de Siria.

La ofensiva ocurre en vísperas del Ramadán (del 28 del junio al 28 de julio) y apenas unas semanas después de conocidos los resultados de los comicios generales del 30 de abril, que dieron una amplia ventaja al primer ministro saliente, Nuri al Maliki, chiita [como la mayoría de la población del país] y enemigo jurado de los yijadistas. También es sabida la determinación del caudillo del grupo, el iraquí Abu Bakr al Baghdadi, conocido por su brutalidad y que desde hace mucho ha prometido una guerra total contras las nuevas autoridades iraquíes.

Desde su autoproclamación, en octubre de 2006, algunos meses después de la muerte en un ataque aéreo de quien era el guía de la yijad (guerra religiosa) en Irak, el jordano Abu Musab al Zarkawi, Da'ech persigue dos objetivos que lo distingen de otros insurgentes en el terreno, y también de Al Qaeda central. Por un lado, el Estado Islámico no inscribe su combate en una perspectiva nacional, a través de un combate armado defensivo contra un poder considerado ilegítimo, primero estadunidense, luego iraquí. Su lucha obedece a una óptica confesional y panislamista enfocada hacia una prioridad: la eliminación de los chiitas, tanto en Irak como en Siria, y, más allá, en Oriente Medio. Sin ella, el objetivo último de una restauración del califato sunita en el conjunto del mundo musulmán no podrá alcanzarse a los ojos de los yijadistas.