El ocaso de un Berlusconi que se niega a desaparecer

El político italiano más existoso en los últimos 70 años ha sido expulsado del senado y deberá enfrentar, sin la inmunidad ni el resplandor político que poseía hace tan solo unos años, la ...
Il Cavaliere es apoyado por 129 de los 951 miembros del Parlamento.
Il Cavaliere es apoyado por 129 de los 951 miembros del Parlamento. (Alesando Bianchi/Reuters)

Londres

Mientras el senado italiano estaba decidiendo expulsar a Berlusconi después de su condena por fraude fiscal, él hablaba ante un grupo de partidarios reunidos afuera de su casa de Roma. Se desplegaron todas las señales de sus días de gloria: las banderas verdes, blancas y rojas de su movimiento "Forza Italia!"; los himnos nacional y del movimiento; la identificación de sus propios intereses con los del país en su discurso; su descripción insistente de sí mismo, no como líder o multimillonario, sino como víctima, y el bagno di folla, la inmersión de las multitudes, y los partidarios ansiosos por acercarse a darle la mano o, preferentemente, besarla.

Sin embargo, en comparación con sus días de gloria, la multitud fue notoriamente modesta. Debido a que la calle frente al palazzo de Berlusconi es muy angosta, los equipos de tv tuvieron que grabarlo todo con una perspectiva en escorzo dando la impresión de que había una gran cantidad de pancartas y carteles. Pero en realidad había solo entre dos mil y tres mil personas (no las veinte mil que afirman los asistentes de Berlusconi).

De acuerdo con un reporte, la multitud incluía a cuatro autobuses llenos de acarreados enviados de Latina, al sur de la ciudad, cortesía de un político que es víctima de la misma legislación anticorrupción que sacó a Berlusconi del Parlamento.

El político más exitoso de Italia desde la segunda guerra mundial y el primer ministro con el mandato más largo en la historia moderna del país, ya no irradia el aura brillante que encandilaba a sus compatriotas encegueciéndolos ante sus errores y persuadiéndolos a que lo votaran como su líder en tres ocasiones.

Mientras los italianos luchan por superar la recesión económica más prolongada desde 1945, reprochando el estancamiento que presidió durante los años previos a éste, Berlusconi parece volverse una figura cada vez más irrelevante y absurda, hasta para quienes alguna vez votaron por él.

Entonces, ¿está acabado? En cierto sentido, sí.

Su poder sobre el destino de su país está roto, y hay pocas posibilidades de que lo recupere. Pero el evento decisivo no fue el del miércoles, sino que tuvo lugar hace casi dos meses, cuando una sección de su partido se negó a apoyarlo para derrocar al gobierno de coalición de Enrico Letta (a quien Berlusconi responsabiliza de no haber bloqueado su convicción, o al menos de no haberlo salvado de sus consecuencias).

Como resultado, la coalición de derecha-izquierda de Letta cuenta ahora con una mayoría estable que incluye a alrededor de 60 ex partidarios de Berlusconi.

Un día antes de su expulsión, el ex primer ministro dirigió a lo que quedaba de su partido a las bancas de la oposición. Desde allí podrá resoplar, pero hasta que el siempre cambiante patrón de la política italiana no sufra otro cambio radical, no podrá derrocar al gobierno ni forzar a nuevas elecciones, como le gustaría.

Mientras tanto, Berlusconi envejecerá más visiblemente. El año que viene cumplirá 78 años y los efectos de su cirugía plástica no mejorarán con el tiempo. Ya es un criminal convicto y a partir de ahora vivirá con el temor a un posible arresto.

La decisión de esta semana significa que ya no tiene inmunidad parlamentaria: podría ir a la cárcel debido a cualquiera de los cuatro juicios e investigaciones en las cuales sigue siendo o el acusado o un sospechoso. Pero ese es también el motivo por el cual la saga de Silvio Berlusconi no ha terminado.

Con todos estos juicios y tribulaciones legales, no desaparecerá de las noticias. Sigue siendo el líder de un partido que puede contar con el apoyo de 129 de los 951 miembros del parlamento italiano. Además dirige un imperio empresarial que incluye mucho más que sus tres canales de televisión.

Puede que la fiesta haya terminado pero, como los invitados que son una pesadilla para los anfitriones, Berlusconi parece estar dispuesto a quedarse un rato más en la puerta.