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Nombres y Caras: Juana Pargament, Madre de Plaza de Mayo

A punto de cumplir un siglo de vida, cada jueves sigue reclamando justicia y memoria después de que la dictadura argentina le arrebatara un hijo.

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Con casi un siglo de vida, Juana Pargament, 'Juanita', se apasiona al rememorar los 37 años de lucha como una Madre de Plaza de Mayo que cada jueves reclama justicia y memoria luego de que la dictadura argentina le arrebatara un hijo.

"Hoy miro para atrás y veo que hay 1,884 jueves, en los que no dejamos de caminar y de reclamar", dice Juanita en una entrevista con la AFP en la "Casa de las Madres", la sede de la organización humanitaria en Buenos Aires, donde celebrará sus 100 años el próximo 20 de julio.

Cada jueves Juanita vuelve a la Plaza de Mayo, se pone en la cabeza el emblemático pañuelo blanco de las Madres, con la inscripción "aparición con vida de los desaparecidos", y a las 15:30 horas en punto comienza a caminar alrededor de la Pirámide de Mayo.

Erguida desde su metro cincuenta de estatura, marcha durante media hora sosteniendo junto a sus compañeras de lucha -ninguna menor de 80 años- una gran bandera que las identifica y siempre acompañadas por grupos de jóvenes e incluso niños llevados por sus maestras.

Juanita camina despacito con sus anteojos gruesos pero sin bastón, una leve sordera y una voz un poco cascada no hacen mella en su fortaleza al hablar firme, casi sin dejar lugar a las interrupciones.

Desde el 10 de noviembre de 1976, cuando Alberto Pargament, un médico y psicólogo de 31 años, fue secuestrado de su casa por nueve hombres vestidos de civil y fuertemente armados, su madre, Juanita, recorrió cuarteles, comisarías e iglesias sin obtener ninguna respuesta sobre su paradero.

"Cuando se llevan a Alberto, fue un impacto. Sé que militaba, sé que la juventud se reunía. Fue entonces que comencé a caminar. Y salí a la calle", recuerda que hasta entonces llevaba una vida de ama de casa, que dio un vuelco a partir de la búsqueda de su hijo.

En ese camino empezó a encontrarse con otras mujeres que buscaban a sus familiares. Otras madres como ella recorrían oficinas, presentaban recursos de habeas corpus y buscaban, fue así que surgieron las Madres de Plaza de Mayo, el 30 de abril de 1977, y que por más de tres décadas han recorrido el mundo con un reclamo que no cesa.

"Tomamos una determinación única en su género que fue socializar la maternidad", explica Juanita, quien reivindica la memoria por los 30 mil desaparecidos que dejó la dictadura. "Nos planteamos que si no es un pedido individual entonces unámonos, caminemos juntas pero reclamando por todos", contó sentada erguida en una oficina repleta de diplomas, recuerdos y fotos con personalidades.

Cada mañana Juana Pargament abre la puerta de la "Casa de las Madres", ubicada a 200 metros del Congreso, en un edificio donde también funciona la Universidad Popular inaugurada en el año 2000, una librería y un bar temático.

"Es algo muy especial, estando acá nos sentimos bien. Esta lucha lleva más de 35 años y la llevamos incorporada en nuestras vidas", apunta. "Nos hemos propuesto no parar, cuando se para se retrocede y hay que ir adelante", asegura Juanita haciendo caso omiso de sus casi 100 años.

Un colaborador de la organización asegura conmovido que "no falta nunca, está acá todos los días". Esta mujer que hoy tiene tres nietas de su segunda hija, Griselda, además de una bisnieta, recuerda con precisión los duros días del terrorismo de Estado, mientras su relato va y viene entre el pasado y el presente.

Sin embargo, Juanita se niega a hablar de la vida de ese hijo que sigue desaparecido porque, según explica, entre las Madres de la Asociación presidida por Hebe de Bonafini, "hay un pacto de no hablar de lo individual, sino que estamos luchando por todos los que se llevaron" en la dictadura (1976-1983).

"Las Madres nacimos de esa búsqueda y la mantenemos no como una lucha individual sino colectiva. Tenemos la misma fuerza de compromiso", dice Juanita. Afirma "no arrepentirse de nada" y seguir apostando "al cambio revolucionario que soñaban los hijos".

Esta agrupación humanitaria que durante años fue la más radicalizada en Argentina hizo un vuelco en 2003 con la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, quien puso a los derechos humanos como eje de su gestión y abrió la Casa Rosada a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que le expresaron su alineamiento incondicional.

"Todavía nos queda el deseo de seguir adelante. Hay mucho que hacer y todavía nos queda el sentimiento de seguir luchando, cumpliendo compromisos con la vida y con nuestro pueblo", afirma. Juana apuesta a transmitir la experiencia: "Es nuestra historia que no se puede negar, hay que contarla, hay que saberla".

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