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Martes , 23.10.2018 / 20:48 Hoy

Murió Bernardo Provenzano, capo de la Cosa Nostra

El jefe de la mafia siciliana falleció a los 83 años en un hospital de Milán; fue capturado el 11 de abril de 2006 tras seguirle la pista a los papeles que escribía a máquina.

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Bernardo Provenzano, apodado El Tractor, que fue el jefe supremo de la Cosa Nostra, la mafia siciliana, murió este miércoles a los 83 años en un hospital en Milán, donde permaneció en coma pero bajo un férreo aislamiento debido a sus múltiples y sanguinarios crímenes.

Provenzano fue detenido en 2006. Encarcelado desde entonces en un régimen de alta seguridad tras varias condenas a perpetuidad, el jefe mafioso ingresó al hospital de San Paolo el 9 de abril de 2014.

El criminal, condenado a cadena perpetua, estuvo encarcelado en la penitenciaría de Parma, pero ingresó al hospital milanés debido a que su estado de salud y su precario cuadro neurológico impedían su permanencia en la cárcel.

En 2012 entró en coma profundo tras ser operado de la cabeza al caerse de su celda y, en sus últimos años de vida, su salud empeoró debido a una infección pulmonar que sufrió el viernes pasado y por un cáncer en la vejiga, que le fue diagnosticado en 2011.

Fuentes del Departamento de Administración Penitenciaria italiano dijeron que la última visita que recibió el mafioso fue el domingo, cuando su esposa e hijos fueron autorizados para verlo.

Provenzano era conocido en los ambientes mafiosos como Zio Binu (Tío Bernardo) o como U Tratturi (El Tractor), un apelativo explícito este último ya que deriva de su fuerza y de su determinación a la hora de disparar y de ordenar sus masacres.

La mayor parte de su carrera criminal la pasó prófugo y sus acciones estuvieron perennemente envueltas en el hermetismo, incluso para sus acólitos, ya que ni siquiera sus soldados conocían su rostro.

De hecho fueron las descripciones de algunos fieles "arrepentidos" lo que permitió a las autoridades recrear un aproximado retrato robot para estrechar el cerco sobre él, ya que hasta su detención no se contaba con fotografías del criminal.

Nació en 1933 en Corleone, Sicilia, bastión histórico de la Cosa Nostra, Provenzano ascendió poco a poco en los escalones de la mafia hasta llegar a su "cumbre".

Empezó como simple soldado del temido Luciano Liggio, el capo indiscutible del clan de los Corleone en los años 1960, un criminal legendario que inspiró la novela de Mario Puzzo "El Padrino" y luego los míticos filmes de Francis Ford Coppola.

En la clandestinidad desde principios de 1970, participó en las decisiones más importantes de la cúpula mafiosa como mano derecha de Toto Riina, el jefe histórico que fue arrestado en 1993 y al que sustituyó a partir de entonces.

Ambos eran Corleones, es decir miembros del clan que dirigió la mafia siciliana con mano de hierro durante más de dos décadas.

Considerado el último representante de la 'aristocracia' mafiosa insular, desde la clandestinidad ordenó matanzas, lanzar amenazas, controlar tráficos y rezar a Dios.

Fue localizado el 11 de abril de 2006 en una finca medio abandonada a las afueras de Corleone, a poca distancia de los domicilios de sus familiares.

El refugio fue identificado siguiendo la compleja red de sus célebres "pizzini", los pequeños papeles escritos a máquina y transportados por sus más estrechos colaboradores y con los que el capo se comunicaba con sus familiares y con el aparato de la organización criminal.

Riina y Provenzano desencadenaron en la década de 1980 la conocida como "guerra de la mafia" contra el Estado italiano y contra los clanes rivales, una época convulsa que culminó con el asesinato de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992.

Tras la detención de su amigo Riina, Provenzano emprendió una escalada de poder y, tras hacerse con el control del clan de los Corleoneses, tomó los mandos de toda la organización criminal de Cosa Nostra.

Al frente de la misma dejó atrás la década ominosa de las masacres y emprendió la conocida como "estrategia de la sumersión", limitando las acciones violentas en la esfera pública.

Los expertos destacan que mientras Riina cosechó una fama de cruel y sanguinario, Provenzano supo granjearse cierto carácter discreto, llevando a Cosa Nostra a un funcionamiento invisible y escurridizo para negociar sin necesidad de plomo o explosivos.

Extendió sus tentáculos a las licitaciones públicas, practicó con rigor la recaudación del "pizzo", el impuesto extorsivo que pagaban religiosamente los comerciantes, y sobre todo se inmiscuyó a fondo en el millonario tráfico de drogas.

En los últimos tiempos de clandestinidad las únicas armas que cargaba eran su vieja máquina de escribir Brother, con la que escribía sus pequeños papeles, y un diccionario de italiano para hacerse entender por las nuevas generaciones que no conocen el dialecto siciliano.

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