El mundo no tiene nada que temer si EU pierde liderazgo

La noticia de que este país será en 2014 la economía más grande del mundo es algo que Washington tendría que aceptar.
El chino Xi Jinping lidera una nación que puede destinar más fondos a gastos militares.
El chino Xi Jinping lidera una nación que puede destinar más fondos a gastos militares. (Petar Kujundzic/Reuters)

Pekín

La noticia de que este año China desplazará a Estados Unidos como la economía más grande del mundo, es importante. Para los economistas que siguen estas mediciones, el cambio probablemente ocurrió hace unos años, pero ahora el Banco Mundial lo está oficializando, así que los periodistas y quienes opinan sobre los asuntos mundiales tendrán que tomarlo en cuenta.

¿Qué significa esto? Primero los tecnicismos: la comparación se hace con base en la paridad del poder de compra, lo que significa que toma en cuenta la diferencia de precios en ambos países. Por lo tanto, si un dólar equivale a 6.3 renminbi (moneda oficial china) en el mercado de valores, podría ser que con esta suma pueda comprar mucho más en China de lo que se puede comprar con un dólar en EU.

La medida de la paridad del poder de compra es una comparación mejor que el producto interno bruto (PIB) para muchos propósitos. Por ejemplo, si se consideran los gastos militares: China necesita mucho menos dinero para construir un avión de combate o pagar al personal militar, del que requiere EU en dólares para retribuir por los mismos bienes y servicios.

Esto significa que China tiene una economía mayor que EU para los propósitos de gastos militares. Es probable que en una década la economía china sea 60 por ciento mayor a la de EU.

El presidente estadunidense, Barack Obama acaba de regresar de un viaje a Asia, donde fue criticado por no ser más duro con China gobernada por su par Xi Jinping. Sin embargo, los estadunidenses tal vez deseen considerar si "contener" a China es una propuesta costeable.

Cuando EU estaba en una carrera armamentista con la Unión Soviética, la economía de ésta era equivalente a aproximadamente un cuarto de la estadunidense. EU no ha vivido una carrera armamentista con un país cuya economía sea más grande que la suya, y que siga creciendo con rapidez.

Afortunadamente, tal carrera armamentista no es necesaria. China es un poder creciente, pero el gobierno no parece estar interesado en construir un imperio. A diferencia de EU, que tiene cientos de bases militares en todo el mundo, China no tiene ninguna. El gobierno chino parece estar concentrado en el crecimiento económico, en intentar convertirse en un país desarrollado lo más pronto posible.

Por supuesto, el hecho de que una carrera armamentista sea innecesaria o imposible de ganar no significa que no pueda iniciarse. El sistema de política exterior de Washington está muy acostumbrado a la autoridad, el prestigio y el privilegio de ser el poder abrumadoramente dominante en el mundo.

Y como vimos durante la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1990 —que ahora vuelve a perseguirnos con otra guerra fría con Rusia— hay contratistas militares políticamente poderosos que también pueden tener voz en las políticas militar y exterior de EU.

Los estadunidenses, de acuerdo con las encuestas, tienen otro punto de vista: están cansados de guerras innecesarias y en general apoyan la respuesta de Obama a los críticos mientras estaba en Filipinas: "¿Por qué están todos tan ansiosos de usar la fuerza militar, si acabamos de pasar por una década de guerra que tuvo un costo enorme en tropas y presupuesto?".

Pero existe la idea poderosa del excepcionalismo estadunidense y la creencia generalizada de que si EU no maneja el mundo lo hará alguien peor, posiblemente China. El hecho de que EU y sus aliados europeos todavía tengan más sociedades democráticas con un gobierno de la ley más desarrollado que los países de ingresos intermedios, refuerza este concepto.

Nuestro sistema de política exterior no puede imaginar un mundo multipolar donde EU y sus aliados deban negociar más y dar menos órdenes. Pero las tendencias económicas hacen que esta realidad sea inevitable, y los estadunidenses deben aceptarlo.

Cualesquiera que sean los sistemas políticos internos de los países cuya representación crezca, el resultado final será tal vez un gobierno más democrático al nivel internacional, con mayor gobierno de leyes internacionales, menos armas y más avance social y económico.