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Domingo , 27.05.2018 / 01:17 Hoy

Múltiples rostros de El Cairo/ última

El gobierno del presidente Abdel Al-Sissi ha adoptado una política de represión contra la cofradía de los Hermanos Musulmanes, al considerarla “la madre de todos los males”.

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La Aldea

Dos años después de la destitución del presidente Mohamed Mursi por el ejército, el 3 de julio de 2013, que dio pie a un vasto movimiento de protesta islamista contra el nuevo poder y la reaparición de una insurrección armada en la península del Sinaí, Egipto no ha logrado controlar la amenaza terrorista.

La política de seguridad adoptada por el presidente y ex mariscal Abdel Fattah Al-Sissi, de reprimir a los simpatizantes islamistas y la amplificación de las operaciones militares en el Sinaí, se enfrenta a una difícil prueba.

La cofradía de los Hermanos Musulmanes, un movimiento islamista creado en 1928 por el egipcio Hassan Al-Banna y que llegó por primera vez al poder bajo la presidencia constitucional de Mohamed Mursi (2012-2013), fue designada como la madre de todos los males por el nuevo poder.

Pese a la adhesión de los responsables de la cofradía a la protesta pacífica durante las sentadas que reunieron a decenas de miles de simpatizantes en El Cairo durante el verano de 2013, la serie de ataques mortíferos contra las fuerzas de seguridad y la minoría copta, que siguió a la destitución del presidente Mursi, convenció a las autoridades del doble juego de la organización.

El gobierno de Sissi asegura que los Hermanos Musulmanes, y su brazo palestino del movimiento Hamás, en Gaza, jalan a los hijos de la insurrección armada que envuelve a la península del Sinaí hasta la capital. Sin embargo, los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), tanto en el Sinaí como en Gaza, no esconden sus divergencias ideológicas y estratégicas con los "heréticos" Hermanos Musulmanes. Jugando a la amalgama, las autoridades egipcias declararon, en diciembre de 2013, a los Hermanos una "organización terrorista".

Más de mil 400 partidarios de Mursi [preso y condenado a muerte, N. de la T.] fueron muertos en la represión de las manifestaciones. La mayoría de los responsables de la cofradía fueron arrestados y condenados a muerte durante procesos considerados injustos por organizaciones humanitarias. Según Amnistía Internacional, en dos años más de 41 mil opositores, en su mayoría islamistas, fueron arrestados, detenidos y condenados en juicios masivos expeditos, siendo condenados a muerte cientos de ellos.

La dirección de los Hermanos, en la clandestinidad u obligada al exilio por la dimensión de la represión, se ha deslindado de manera sistemática de los actos terroristas. Ha mantenido su línea de protesta pacífica, apostando por la adhesión de la gente ante a la escalada de represión contra los opositores, ya sea islamista o revolucionaria laica. Desde el 1 de julio pasado, la cofradía endureció el tono tras la muerte de uno de sus altos responsables, Naser Al-Houfi, y de ocho de sus miembros en un operativo policial en la barriada 6 de Octobre, cerca de El Cairo.

Tras denunciar una "muerte a sangre fría", los Hermanos Musulmanes llamaron a la "rebelión para defender al país" y "destruir los baluartes de la opresión y de la tiranía".

Pese a la reestructuración de la organización clandestina en Egipto, los responsables de los Hermanos Musulmanes no tienen más que un control relativo sobre la base islamista.

"La exclusión de los islamistas del campo social y la política entraña una radicalización de los partidarios de los Hermanos, que ya no creen en la justicia ni en la democracia y adoptan una estrategia de rechaza frente a la política. En el seno del vasto movimiento de protesta, la joven generación y algunos grupos se inclinan a favor de una estrategia más radical que nunca será declarada ni asumida", afirma el politólogo egipcio Achraf Al-Shérif.

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