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Lunes , 25.06.2018 / 06:39 Hoy

Múltiples rostros de El Cairo/I

De la 'primavera árabe', en enero de 2011, a la actualidad, en esa nación ha surgido una nueva y virtual dictadura militar.

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La Aldea

Dos años después de la destitución del presidente Mohamed Mursi por el ejército, el 3 de julio de 2013, que dio pie a un vasto movimiento de protesta islamista y la reaparición de una insurrección armada en la península del Sinaí, Egipto no ha logrado controlar la amenaza terrorista.

Ayer mismo, al menos 55 supuestos terroristas y dos soldados egipcios murieron en la novena jornada de la campaña militar "El derecho del mártir", en la península del Sinaí, informó el ejército en un comunicado.

Según cifras oficiales, un total de 415 supuestos rebeldes murieron en choques con fuerzas de seguridad en la operación militar "El derecho del mártir", que inició el 7 de septiembre en el norte de la península.

El domingo anterior, ocho turistas mexicanos y dos trabajadores egipcios murieron en el desierto occidental en un ataque cometido por error por las fuerzas de seguridad, que confundieron al grupo con terroristas.

Pero la política de seguridad adoptada por el presidente y ex mariscal Abdel Fattah Al-Sissi, de reprimir a los simpatizantes islamistas y la amplificación de las operaciones militares en el Sinaí, se enfrenta a una difícil prueba.

La cofradía de los Hermanos Musulmanes, un movimiento islamista creado en 1928 por el egipcio Hassan Al-Banna y que llegó por primera vez al poder bajo la presidencia constitucional de Mohamed Mursi (2012-2013), fue designada como la madre de todos los males por el nuevo poder.

Pese a la adhesión de los responsables de la cofradía a la protesta pacífica durante las protestas que reunieron a decenas de miles de simpatizantes en El Cairo durante el verano de 2013, la serie de ataques mortíferos contras las fuerzas de seguridad y la minoría copta, que siguió a la destitución del presidente Mursi, convenció a las autoridades del doble juego de la organización.

El gobierno de Al-Sissi afirma que los Hermanos Musulmanes, y su brazo palestino del movimiento Hamás, en Gaza, jalan a los hijos de la insurrección armada que envuelve a la península del Sinaí hasta la capital.

Pero los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), tanto en el Sinaí como en Gaza, no esconden sus divergencias ideológicas y estratégicas con los "heréticos" Hermanos. Jugando a la amalgama, las autoridades egipcias declararon, en diciembre de 2013, a los Hermanos una "organización terrorista".

Más de mil 400 partidarios de Mursi [preso y condenado a muerte, N. de la T.] fueron muertos en la represión de las manifestaciones. La mayoría de los responsables de la cofradía fueron arrestada y condenada a muerte en procesos considerados injustos por organizaciones como Amnistía Internacional, que denunció que en dos años más de 41 mil opositores, en su mayoría islamistas, fueron arrestados, detenidos y condenados en juicios masivos expeditos, siendo condenados a muerte cientos de ellos.

La dirección de los Hermanos, en la clandestinidad o en exilio obligado por la dimensión de la represión, se ha deslindado de manera sistemática de los actos terroristas. Mantiene su línea de protesta pacífica, apostando a la adhesión de la población frente a la amplificación de la represión contra la oposición, ya sea islamista o revolucionaria laica.

Desde el 1 de julio, la cofradía endureció el tono tras la muerte de uno de sus líderes, Naser Houfi, y de ocho de sus miembros en un operativo en la barriada 6 de Octubre, cerca de El Cairo. Tras denunciar una "muerte a sangre fría", los Hermanos llamaron a la "rebelión para defender al país" y "destruir los baluartes de la opresión y de la tiranía".

Pese a la reestructuración de la organización, sus responsables no tienen más que un control relativo sobre su base. "La exclusión de los islamistas del campo social y político entraña una radicalización de sus partidarios, que ya no creen en la justicia ni en la democracia y adoptan una estrategia de rechazo frente a la política. En el seno del vasto movimiento de protesta, la joven generación y algunos grupos se inclinan a favor de una estrategia más radical que nunca será declarada ni asumida", afirma el politólogo egipcio Achraf Al-Shérif.

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