“La muerte de Nisman puede ser un acto contra el gobierno”

La embajadora de Argentina en México afirma que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es la principal interesada en esclarecer el fallecimiento del fiscal que investigaba un ataque a judíos.
Patricia Vaca Narvaja reconoció la falta de control sobre los organismos de inteligencia en el país.
Patricia Vaca Narvaja reconoció la falta de control sobre los organismos de inteligencia en el país. (Octavio Hoyos/Archivo)

Ciudad de México

Si bien es prematuro concluir que el fiscal Alberto Nisman se suicidó o fue asesinado el pasado domingo en su departamento de Buenos Aires, ya hay un dedo acusatorio contra la presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner, pese a que la lógica más simple hace pensar que haber ordenado su muerte sería igual a un suicidio político, luego de que Nisman la acusara de graves cargos. ¿Qué puede decir al respecto?

En primer lugar, que si hay alguien que coherentemente ha denunciado las maniobras para evitar la investigación sobre los atentados contra la embajada de Israel en Buenos Aires (1992, 29 muertos) y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA, 1994, 85 muertos); si hay alguien que ha promovido la investigación y mecanismos para alcanzar la verdad, esa persona ha sido Cristina Kirchner. Lo hizo como legisladora y luego como presidenta. Los ejemplos hablan por sí solos: su marido, el presidente Néstor Kirchner (2003-2007), fue quien creó una fiscalía especial para el caso AMIA; durante ambos gobiernos apoyaron en forma permanente los requerimientos del fiscal; y durante todo su mandato, la presidenta hizo declaraciones en la ONU sobre el tema.

Segundo, que los principales argumentos de la denuncia del fiscal Nisman contra la presidenta han quedado sin sustento tras ser desmentidos por los propios involucrados, como fue el caso del ex titular de Interpol, Ronald Noble, quien aseguró que el gobierno argentino permaneció cien por ciento comprometido con que las alertas rojas de Interpol debían permanecer activas [para la búsqueda y captura de cinco iraníes acusados por la voladura de la mutual judía], y que por ello las afirmaciones del fiscal Nisman son falsas.

Incluso se puede añadir que el comercio con Irán no ha tenido el crecimiento al que alude la denuncia (de hecho, no presenta variaciones significativas desde el 2000) y que el juez que lleva la causa, Rodolfo Canicoba Corral, manifestó que el fiscal “arruinó pruebas” y que eso configuró una “conducta casi delictual”.

Tercero, se puede afirmar que el fiscal tenía una relación permanente con un funcionario de la Secretaria de Inteligencia (SIDE), separado de sus funciones tras los cambios en su conducción hechos en los últimos días por la presidenta Kirchner.

Por tanto, no resulta descabellado enmarcar la denuncia del fiscal en una operación política contra la presidenta y su gobierno, que es funcional a la reacción de los agentes de inteligencia separados de sus cargos, y a la oposición política, económica y mediática que busca de cualquier manera deslegitimar al gobierno y disminuir sus chances de que continúe en el 2015, que es un año electoral en Argentina.

Nuestro más ferviente deseo es que se esclarezcan la forma, los motivos y los responsables instigadores, si los hubiera, de la muerte del fiscal. Estoy absolutamente convencida de que el gobierno está contribuyendo para que se llegue a la verdad.

La fiscal Viviana Fein, a cargo de investigar la muerte de Nismam, no descarta la pista del “suicidio inducido”. ¿Podría pensarse que Nisman se quitó la vida a cambio de seguridades para su  familia, amenazada de muerte como él, según había insistido ante allegados y prensa?

Son suposiciones que abordan distintas hipótesis sobre las cuales no se pueden hacer afirmaciones concluyentes porque estamos en el inicio de la investigación. Esperamos que la justicia logre arrojar luz sobre  el caso, y brinde certezas y un castigo a los responsables, si los hubiera. Asimismo, allegados y colaboradores del fiscal sostienen que, de haberse producido amenazas consistentes, éste habría sustanciado inmediatamente las denuncias correspondientes para su investigación.

Senadores del oficialista Frente para la Victoria aceptaron el lunes que desde hace 12 años, es decir, desde el inicio de la era  kirchnerista, no ha habido un control por parte del gobierno federal de los aparatos de inteligencia, en concreto la SIDE, con un pasado por cierto tenebroso en la era militar. ¿Cómo debe interpretarse esta afirmación, sin duda  preocupante para los argentinos?

Efectivamente, la Argentina ha transitado por una de las dictaduras cívico-militares más feroces del continente. La lucha permanente de los organismos de derechos humanos encontró en el gobierno de Néstor y de Cristina Kirchner a sus mejores aliados, para terminar con la impunidad a causa de los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, la lucha no ha concluido. Se trata de un proceso que no  tiene marcha atrás y que continuará buscando memoria, verdad y justicia en todos los ámbitos en los que hubo partícipes de aquellos crímenes aberrantes. La política de Estado en materia de derechos humanos es un ejemplo para la región y deseamos que siga siendo así.

¿Qué significa la autorización de la presidenta de abrir los archivos –unos 330 CDs– con las escuchas telefónicas que probarían, según Nisman, la implicación de ella y del canciller Héctor Timerman –por cierto, un judío practicante– en una trama para sacar del caso AMIA la “pista iraní”, que fue la principal línea de investigación de Nisman?

Nada más ni nada menos que brindar a la Justicia todos los instrumentos que necesite para llegar a la verdad, en el  convencimiento, además, de la inocencia de la presidenta y la de sus colaboradores denunciados.

No olvidemos que iniciamos un año electoral, y sin duda asistiremos a numerosas operaciones políticas, mediáticas y económicas opositoras a nuestro Proyecto Nacional. Lamentablemente, éstas no se asentarán en muchos casos sobre propuestas y proyectos alternativos, sino más bien sobre desinformaciones, tergiversaciones y mentiras. Ojalá me equivoque.