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Domingo , 09.12.2018 / 16:04 Hoy

Muere a los 88 años el cartero sobreviviente de la bomba atómica

Sumiteru Taniguchi, ícono de la lucha contra las armas nucleares falleció ayer de cáncer en un hospital de Japón.

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Sumiteru Taniguchi, que en 1945 estaba repartiendo el correo en Nagasaki cuando Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad, falleció ayer a los 88 años en un hospital del suroeste de Japón a causa de un cáncer, informó Nihon Hidankyo, el organismo que representa a los sobrevivientes de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Quien fuera considerado durante un tiempo candidato al Premio Nobel de la Paz, tenía 16 años cuando, el 9 de agosto de 1945 a las 11:02 horas locales, un bombardero estadunidense B-29 dejó caer el arma atómica sobre su ciudad, en el sur de Japón. Tres días después del primer ataque nuclear de la historia, en Hirishoma, la explosión destruyó 80 por ciento de los edificios de Nagasaki, incluyendo su famosa catedral de Urakami, y causó unos 74 mil muertos, por el impacto de la bomba y por las radiaciones que le siguieron.

“Sentí el suelo temblar durante un momento y creí que iba a desaparecer. Pero me convencí de que no podría morir así. Cuando eso se calmó, me di cuenta de que la piel de mi brazo izquierdo, desde el hombro hasta la punta de mis dedos se caía a tiras”, contó en un video grabado en 2015 en el hospital de la Cruz Roja de Nagasaki.

“Como no sentía ningún dolor, toqué mi espalda y vi que mi camisa había desaparecido. Había algo negro y viscoso en toda mi mano. Mi bicicleta estaba completamente retorcida”, relató. Pasó más de tres años en el hospital después del ataque.

Taniguchi, de silueta esbelta, rasgos finos y espesa cabellera blanca, tenía marcas de las quemaduras en toda la espalda y profundas heridas en el tórax a la altura del corazón.

En 2015, durante la ceremonia por el 70 aniversario de la tragedia, él dio cuenta del espantoso panorama que lo rodeaba ese día de verano del final de la Segunda Guerra Mundial.

“Cuerpos carbonizados, llamados de auxilio desde los edificios en ruinas, gente a la que se le caía la carne, con las tripas afuera”, describió. “Una muchedumbre de seres humanos que morían intentando encontrar agua”, prosiguió.

En aquel discurso, profirió una virulenta crítica contra la política del primer ministro Shinzo Abe, sobre el refuerzo de las prerrogativas del ejército japonés en el extranjero.

“Las leyes de defensa que el gobierno intenta aprobar podrían poner en peligro nuestros largos años de esfuerzos a favor de la abolición del arma nuclear y romper las esperanzas de los hibakusha [sobrevivientes irradiados]”, declaró, con un hilo de voz, en nombre de los suyos. “No puedo tolerar esas leyes”, insistió, en presencia de Abe, quien igualmente logró que se votaran sus textos.

Taniguchi luchó por transmitir su experiencia hasta la muerte. “Pero temo que la gente, en particular las nuevas generaciones, empiecen a desinteresarse”, confió en una entrevista a la agencia AFP en 2003.

“Quiero que las jóvenes generaciones recuerden que las armas nucleares nunca salvarán a la humanidad. Es una ilusión creer que el paraguas nuclear nos protegerá”, apostilló.

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