Las cuatro vidas de Charlie Hebdo

Inserto en la libertaria tradición francesa del mayo del 68, el semanario atacado por yihadistas es ante todo una revista de crítica al poder y la política, y luego una incisiva, burlona e ...
Portada del semanario Charlie Hebdo después del atentado terrorista.
Portada del semanario Charlie Hebdo. (AFP)

París

En francés hay un término referido a toda actitud incisiva, burlona e insolente: gouaille. La gouaille es la esencia de la sátira que en Francia ha nutrido la vena de la caricatura desde hace al menos dos siglos. Esta propensión a la burla directa ha tenido innumerables víctimas. En 1831, Honoré Daumier, el caricaturista francés más ilustre, fue enviado a prisión por realizar un dibujo del rey Luís Felipe I comiendo en un excusado el alimento de los pobres y excretando riqueza para los acaudalados. En 1835 apareció una ley para acotar la embestida de la caricatura satírica estableciendo que “mientras un panfleto no es más que una violación de opinión, una caricatura puede simbolizar un acto de violencia”.

Con el paso de los años Francia se convirtió, no obstante, en el país de la libertad de expresión por excelencia. Así vio nacer publicaciones como la hoy célebre, aunque poco seguida fuera de Francia, Charlie Hebdo.

La historia de Charlie Hebdo semeja una serie de líneas quebradas, las mismas que en su momento representaron revistas similares que cerraron por una u otra razón. El antecedente más remoto es la revista mensual de 1960 Hara Kiri, publicación tonta y pérfida, fundada por Georges Bernier (Professeur Choron) y François Cavanna, quienes conformaron un equipo de caricaturistas entre los que se encontraban Topor, Fred, Wolinski y Cabu. Debido a su mordacidad, fue prohibida temporalmente, primero en 1961 y luego en 1966. Para 1969, los editores y el periodista Delfeil de Ton decidieron lanzar en Francia una fórmula que estaba dando buenos resultados en Italia: la revista mensual Linus cuyo nombre es un homenaje a la serie Charlie Brown y que estaba dedicada exclusivamente a los cómics estadunidenses. Siguiendo la misma estrategia italiana eligieron un nombre para su revista: Charlie. Ese mismo año, Hara Kiri adquiere una periodicidad semanal (hebdomadario) y su nombre cambia por el de Hara Kiri Hebdo.

En 1970 sobreviene en el pueblo de Colombey-les-Deux-Églises la muerte de Charles de Gaulle, personaje insigne, casi intocable en Francia. La ironía frente al poder no se deja esperar por parte del semanario. Aunque sin caricatura en la primera plana, la ironía de la frase de la portada —“Baile trágico en Colombey–Un muerto”— es suficiente para ganarse el veto del ministro del Interior. Fénix recurrente, renace en noviembre de ese año con su nombre actual —Charlie Hebdo—, y el lema “periódico irresponsable” que define cabalmente su línea. En 1981, luego de 580 números, deja de circular debido a la falta de lectores y suscriptores, pues no incluía publicidad.

La segunda era del semanario empieza en 1992, cuando el polifacético Philippe Val y los caricaturistas Cabu, Gébé y Renaud se asocian económicamente para relanzarlo. Irreverentes hasta en los negocios, llaman a su sociedad Les Editions Kalachnikov. Además de las plumas reconocidas y ácidas de la primera época los acompañan caricaturistas más jóvenes: Charb, Luz y Tignous.

Este nuevo Charlie, a diferencia del anterior, reafirma su posición contestataria y asume una tendencia de izquierda. Bajo la dirección de Philippe Val sucederán dos cosas. La primera es una libertad inédita en cuanto a formas y temas a tratar, algo que años más tarde llevará a los propios caricaturistas a declarar que Francia es el paraíso de la libertad de expresión. Y la segunda: varias dimisiones por desacuerdos personales debidos a esa total libertad de expresión que llevaba a confrontaciones irresolubles.

Tras 17 años al mando, Philippe Val deja la publicación en 2009, no sin antes generar controversias que provocarán despidos y renuncias. La tercera época de Charlie Hebdo comienza cuando el caricaturista Charb es nombrado director. Serán los años más complicados no solo por la creciente animadversión por sus caricaturas contra el Islam sino porque, de nueva cuenta, el semanario sufre problemas económicos. Sin publicidad, sin ayudas estatales y en medio de la crisis financiera que aumentó el precio del papel, la dirección decide elevar el precio un 25 por ciento. En esta nueva era hay también más caricatura que texto y el mensaje se vuelve más audaz. Consecuencia de ello será el ataque a sus oficinas con bombas molotov en 2011, por el número sobre la primavera árabe en Túnez. A partir de entonces, las amenazas de muerte y los procesos judiciales relacionados no solo con caricaturas contra el Islam sino contra otros credos serán habituales, a tal grado que Charb debe andar con guardaespaldas.

Hoy se puede decir que la tercera época de Charlie Hebdo concluyó con el atentado del 7 de enero, y que la cuarta era se planea ya desde la nueva casa de la redacción que será cobijada por el diario Liberation.


HUMOR SIN BARRERAS

En numerosas ocasiones la esencia de Charlie Hebdo se ha visto paradójicamente opacada por las caricaturas que para muchos han resultado ofensivas sin advertir su mensaje, que no es otro que la crítica al poder. Es necesario señalar que la mayoría de los fundadores y colaboradores simpatizó con los movimientos de 1968 y que es de esta tradición de donde nace el semanario: una crítica al poder y a la intolerancia, y una defensa de la libertad de expresión.

La radiografía de un número de Charlie Hebdo revela más que una portada escandalosa que expone algún aspecto religioso. En el resto de las páginas, caricaturistas y articulistas tratan los temas álgidos que acostumbran: política, sociedad, cultura, ciencia y un tópico que con los años se volvió esencial, los derechos de los animales. Es verdad que la religión ocupó siempre un primer plano y que, en palabras del propio Charb, era el único tema en el que todos estaban siempre de acuerdo en incluir, fueran cuales fueran las consecuencias.

El poder de la religión ha sido blanco repetido de las plumas del semanario, un poder que, soslayado por la fe, suele pasar desapercibido. Debido a las varias amenazas de grupos extremistas islámicos, uno podría pensar que el semanario se especializaba en criticar al Islam. Sin embargo, de acuerdo con Cabu, la mayoría de las portadas y caricaturas de índole religiosa señalan hacia el catolicismo. Con el tiempo, la historia de los conflictos del semanario por la publicación de caricaturas religiosas alentó una relación inversamente proporcional: quienes más críticas recibieron fueron los que menos recriminaron, y quienes menos fueron los que al final intentaron suprimir al semanario con el fuego de las armas.

Publicación a la antigua —y a contracorriente en cierto sentido—, ha sido fiel al formato impreso. Signo de esta reticencia al cambio es también su tardía incursión en internet y las redes sociales, que ocurrió hasta 2010. De igual modo, se trata de una publicación que nunca ha recurrido al apoyo de la publicidad o a las ayudas oficiales, con lo que ha conservado su independencia. En este sentido, no es la única. La rica tradición de la caricatura en Francia (bande dessinée o BD) ha creado revistas entre las que cabe destacar Fakir, Le plan B, Psikopat, Fluide glacial y, la más exitosa de todas, Le Canar enchaîné. En todos los casos su existencia depende de los lectores directamente.

“Sexo en Somalia”, “La izquierda y el dinero”, “La homofobia en Camerún”, “Ebola y deforestación”, “Biología de síntesis o el jardín de Frankenstein” son algunos de los temas que han sido ilustrados y tratados en las 16 páginas que conforman Charlie Hebdo, que tiraba 40 mil ejemplares hasta el atentado, y donde, se dice, pueden encontrarse asuntos que nadie más trata. Es claro que la variedad de entregas álgidas hizo de este semanario un faro de la lucha por la libertad de expresión que, desde sus oficinas itinerantes, ha sido llevada a sus últimas consecuencias.



SECUELAS DEL ATAQUE

Tras el ataque terrorista que dejara más de una docena de muertos en la redacción de la revista Charlie Hebdo y en un supermercado de comida kosher de París, se expresó la solidaridad internacional y el repudio a la agresión en muchos países de Occidente. El domingo 11 se realizaron marchas en una decena de ciudades europeas y americanas y mientras en París la manifestación por la paz y el rechazo a la violencia alcanzó a reunir a cientos de miles de personas encabezados por 40 gobernantes de diversos países, en el resto de Francia cerca de tres millones de personas se manifestaron también en diversas ciudades.

Para el martes 13, la nueva edición del semanario Charlie alcanzó un tiraje de tres millones de ejemplares traducido a diversos idiomas (incluso al árabe y al turco) y la edición se puede consultar en línea desde entonces. La imagen de la portada muestra a Mahoma con el semblante triste bajo la frase “Todo está perdonado”, mientras las páginas interiores expresan en múltiples formas ácidas, dolidas y burlescas el rechazo al terrorismo islámico. El diario francés Liberation anunció que dio cabida en sus instalaciones a los integrantes de la revista para que continuaran trabajando. “Nunca vamos a ceder. Si no, nada de esto tendría sentido”, señaló a la emisora France Info el abogado y colaborador del semanario Richard Malka.

No obstante el apoyo, la portada de la revista fue prohibida en Turquía y ha provocado algunas condenas en los países islámicos, incluso el papa Francisco señaló que si bien la libertad de expresión es un “derecho humano fundamental”, ésta tiene un límite, que es el de no ofender. No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás”, insistió.

También se han manifestado grupos radicales de la derecha europea, como el Frente Nacional, cuya dirigente, la eurodiputada francesa Marine Le Pen, reclamó la suspensión inmediata de la Europa sin fronteras articulada en el acuerdo de Schengen, firmado en Luxemburgo y vigente desde 1995.

El pasado miércoles 14, al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) se atribuyó el atentado contra el semanario satírico francés en un vídeo colgado en YouTube. “Nos responsabilizamos de esta operación para vengar al mensajero de Dios”, manifiesta un portavoz de ese grupo radicado en Yemen.

Se prevé que las secuelas del ataque continuarán por largo tiempo y llevarán a replanteamientos políticos importantes en la Unión Europea, pues en le centro de la discusión está también la necesidad de diferenciar el Islam y las enseñanzas del Corán del terrorismo de grupo radicales que no representan a la nación islámica.