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Sábado , 22.09.2018 / 22:06 Hoy

“Mientras haya bombardeos, siempre habrá terrorismo”: Luis Ortiz Monasterio

El ex embajador de México en Irán, Afganistán y Pakistán alerta sobre una nueva guerra fría entre Occidente y el Islam, ante la cual se impone “el diálogo entre ambas culturas”.

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Representante de México ante una decena de países, entre ellos Irán, Afganistán y Pakistán, de ahí su amplio conocimiento del islam, el diplomático y analista, ex secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, fundador de la Academia Mexicana de Derechos Humanos y asociado al Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), conversó con MILENIO sobre el fenómeno terrorista frente al cual, asegura, la respuesta no puede ser “más intervenciones y más bombardeos”, donde los únicos ganadores serán “los vendedores de armas”.

Tras el último ataque del grupo yihadista iraquí Estado Islámico (EI) o Daesh en Niza, el 15 de julio, el ex presidente conservador Nicolas Sarkozy le dijo a François Hollande que “guerra es guerra”, insinuando que el líder socialista estaba siendo rebasado por el terrorismo. ¿Guerra es guerra, como dice Sarkozy?

Estamos ante un ciclo perverso de violencia que se alimenta a sí misma. Las invasiones, los bombardeos provocan represalias terroristas y éstas, a su vez, causan más bombardeos y más presencia de tropas en los lugares del islam, lo cual es algo sacrílego para el mundo musulmán. Lo que estamos haciendo con esto es confirmar la existencia de una guerra, donde los únicos que van a salir ganando son los contratistas y los vendedores de armas. A la vez, saldrán perdiendo en ambas partes los ciudadanos, tanto las víctimas inocentes de bombardeos e intervenciones —el informe de sir John Chilcot habla de 600 mil muertos tras la invasión de EU y Gran Bretaña a Irak en 2003—, como los muertos también inocentes de las acciones terroristas. Es un ciclo interminable y la opinión pública mundial tiene que hacer algo para terminarlo.

En entrevista con MILENIO, el embajador de Irán en México, Jalal Kalantari, me dijo que la única forma de superar el terrorismo es planteando un nuevo paradigma y dar una respuesta integral al problema. ¿Es posible este consenso?

Primero que nada habría que basarnos en un principio fundamental en cuanto a qué es la historia para el mundo occidental, y qué para el mundo oriental. En el caso del islam, la historia no es un “flujo” como el concepto occidental, sino un acumulado. Por eso tenemos que hablar con ellos para que nos digan cómo interpretan la historia y cuáles son los agravios remotos o recientes que sienten y que deben ser aclarados por el mundo occidental —y que son abundantes, por cierto—. Coincido en que un diálogo de civilizaciones es impostergable. Me llamó la atención al respecto una iniciativa francesa para dialogar con los asistentes a las mezquitas e ir creando un puente de comunicación. Hay muchísimos musulmanes de buena fe que también desean iniciar un intercambio de esfuerzos y percepciones, posiblemente muchas de ellas compatibles con las nuestras. No podemos seguir enfrentando al terrorismo con respuestas militares. Es como en la guerra contra las drogas, que lo único que hace es perpetuar la violencia y perjudicar a millares de inocentes de hoy y de mañana.

No olvidemos que durante ocho siglos, bajo el dominio árabe en España, en el califato de Córdoba se dieron diálogos de lo más fértiles entre tres culturas, la cristiana, la islámica y la judaica, con grandes éxitos además desde el punto de visto del conocimiento de la ciencia y de las artes. La ONU desafortunadamente después de haber endosado la guerra contra Irak ha perdido parte de su credibilidad, pero creo que existen muchísimas otras personalidades neutrales a escala global que pueden mediar en un diálogo respetuoso de igual a igual. Y de paso para los mexicanos, que tenemos pendiente un diálogo con 10 por ciento de nuestra población indígena, sería la oportunidad de dialogar, no solo hacia afuera sino también hacia dentro.

Las grandes potencias también deben cesar su aliento al terrorismo, como ocurre en Siria contra el gobierno de Bashar Asad...

En efecto, el terrorismo no actúa en forma espontánea. Es una evolución que viene desde los años de 1980, cuando la CIA, con su operación Ciclón, entrenó y pertrechó al movimiento islamista del Talibán en Afganistán para expulsar al ejército de la Unión Soviética (URSS). Estos grupos, tanto Al Qaeda como el Talibán, ganaron la guerra y expulsaron hasta el último soldado en la frontera con Tayikistán. Yo conozco el campo de batalla y esa gran derrota de resultó ser existencial para la URSS. Pero después EU abandonó al Talibán, que terminó convertido en un enemigo mortal de sus nutriólogos.

¿Está el terrorismo ganando la guerra a las potencias de Occidente?

Más bien diría que si no se enfrentan los temas que ofenden profundamente al mundo islámico y si no resolvemos, por ejemplo, temas como el palestino, lo que estamos haciendo es crear una guerra para todo este milenio. Las tropas extranjeras no acaban de salir de Afganistán —¡después de casi 15 años!—, tampoco salen de Irak y menos ahora con el grupo EI controlando parte del territorio.

No olvidemos que si algo mueve al mundo musulmán es la presencia de tropas “infieles” en sus territorios, unidos entre sí más allá de las fronteras. En 1991 salimos de la guerra fría, en la que los “buenos” eran de Occidente y los “malos” de Oriente, con la URSS como el villano favorito de esa época, pero ahora estamos empezando otra guerra fría contra una religión y un concepto filosófico como es el islam. Otra vez estamos dividiendo el mundo en dos, una bipolaridad que es ideológica pero también es cultural y religiosa, lo cual además de ser muy preocupante me resulta inaceptable.

¿A más bombardeos en Siria o Irak, más ataques terroristas?

No lo veo así. Las pérdidas territoriales no son relevantes para la nueva generación de terroristas. El modo de actuar de Osama bin Laden pasó a la historia y ahora vemos que en el grupo EI ha aparecido una nueva generación que le da prioridad a la alta tecnología, a las redes sociales e incluso a la guerra psicológica. Se trata más bien de una guerra asimétrica en la cual Occidente pondría la fuerza militar, las armas y los bombarderos, y ellos responderían por la vía violenta en puntos muy sensibles de nuestra sociedad, que son en esencia donde están los inocentes.

Una especie de guerra de guerrillas...

Así es, pero con un reclutamiento que no es como antaño donde se llevaba a los combatientes a entrenar a otro lado. Ahora simplemente el EI los convoca a través de las redes sociales para que los voluntarios se vayan sumando, a fin de cometer acciones en forma interminable.

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