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Domingo , 23.09.2018 / 21:46 Hoy

Miami recordó los 20 años del éxodo de millares de balseros cubanos

Las fuentes oficiales hablan del éxodo de unos 50 mil personas, pero la fundación Éxodo 94 de Miami considera que fueron unos 90 mil los que se echaron al mar, muriendo ahogados 60 mil.

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La comunidad cubana de Miami conmemora hoy el vigésimo aniversario de la denominada "crisis de los balseros", cuando más de 50 mil cubanos se echaron al mar para alcanzar Estados Unidos, con un programa que incluye testimonios, una exposición de pintura y la construcción de una balsa.

En opinión de Alicia García, directora de la fundación Éxodo 94, responsable de los actos conmemorativos, lo que hoy se conmemora y recuerda, sobre todo, es la memoria de quienes "no llegaron a conseguirlo (llegar a EU) y se ahogaron". Decenas de miles de cubanos se echaron desesperados al mar entre el 11 de agosto y el 13 de septiembre de 1994 para alcanzar Estados Unidos, muchos naufragaron y hoy, veinte años después, los que sobrevivieron retienen en su memoria el horror de esa travesía en busca de la libertad.

Uno de los principales actos por el aniversario es una ofrenda de flores blancas en una parte del lago del parque Amelia Earhart, en la ciudad de Hialeah, aledaña a Miami. "Queremos resaltar el valor de este momento histórico, que, a pesar de haber sido el último ocurrido de esta envergadura en las dos últimas décadas, ha permanecido en el silencio", dijo García.

En medio del descontento social por las privaciones que trajo el llamado "periodo especial" (la crisis producida en Cuba por la caída de la URSS), el Gobierno de Fidel Castro autorizó en 1994 la salida de quienes desearan irse por sus propios medios de la isla.

Las fuentes oficiales hablan del éxodo de unos 50 mil balseros en esas fechas de 1994, pero la fundación de Miami considera que fueron unos 90 mil los que se echaron al mar en endebles embarcaciones, de los que cerca de 60 mil murieron ahogados en el estrecho de Florida.

García apunta a las razones del descontento social en Cuba: "Fue en pleno 'período especial' (la grave crisis que padeció la isla con el derrumbe de la Unión Soviética), en un momento económico muy difícil y con el Gobierno reprimiendo con golpizas", explica la activista, orgullosa de la palabra balsero, para ella sinónimo de "valor" y de "ansia de libertad".

Ese balance ominoso de supervivientes y ahogados arroja historias estremecedoras, de balsas vacías a la deriva, alguna con tan solo los zapatos de un niño en el interior, de cuerpos flotando, devorados por los tiburones, según recuerda Ramón Saúl Sánchez, presidente del Movimiento Democracia. Esa organización llevó a cabo en 1994 en Miami bloqueos de carreteras para reclamar a EU que trajera a Florida a los balseros interceptados en el mar y llevados a la Base Naval de Guantánamo.

Varios de los balseros que realizaron esa travesía entre el horror y la esperanza que ha marcado sus vidas para siempre prestarán testimonio en los actos conmemorativos. Entre estos figura Sergio Lastres, pintor, quien tenía 29 años cuando decidió echarse al mar con su mujer, Elsa, y otros 16 cubanos en una balsa construida a base de tubos de aluminio y neumáticos.

En la isla quedaron sus dos hijos, adolescentes. Pero al tercer día de travesía, en un mar encrespado, la precaria embarcación comenzó a hacer agua, se deshacía con el embate de las olas que amenazaban con volcarla. "Nos estábamos hundiendo, el agua nos llegaba ya a la cintura y todos fuimos conscientes de que nos moríamos si no nos rescataban ese día", recuerda aún con emoción Lastres.

Guarda anclado en la memoria uno de los momentos más sobrecogedores de la travesía, cuando, tras una noche cerrada, negra, "en la que no nos veíamos ni siquiera las manos", amaneció y se produjo un "silencio total entre nosotros, una resignación" ante lo que parecía inevitable. "No hubo pánico, ni gritos. Sólo ese silencio. Yo no soy practicante de ninguna religión, pero en ese momento recé a la Virgen de la Caridad del Cobre.... y de repente apareció en el cielo una avioneta que nos divisó".

Era una avioneta del grupo de exiliados cubanos Hermanos al Rescate, "a ellos les debemos la vida", comenta Lastres, para acelerar el relato y explicar cómo, una vez rescatados por un barco de la Armada de EU, fueron trasladados a los campamentos de acogida instalados en Guantánamo, donde permanecieron ocho meses.

Lastres exhibe con motivo del vigésimo aniversario algunos de los cuadros que pintó en la Base Naval de Guantánamo, donde permaneció ocho meses tras ser rescatados por guardacostas de EU. Pero no duda el artista cubano de que fue la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate, con sus diez avionetas, la que desempeñó un papel providencial en el rescate de su grupo.

Cuenta que la resignación ya había cundido entre ellos ante lo que parecía inevitable cuando, de repente, "apareció en el cielo una avioneta que nos divisó", recuerda, para agregar: era una avioneta de Hermanos al Rescate, "a ellos les debemos la vida". Precisamente, José Basulto, fundador de Hermanos al Rescate, evoca para Efe aquellos días de horror en que "muchos balseros se ahogaron, algunos arrojándose al agua, al pasar de los días, entre "alucinaciones en las que creían ver a su mamá que les venía a rescatar".

Volábamos por el estrecho de Florida y divisábamos continuamente "balsas vacías, ahogados", prosigue Basulto, para quien la conmemoración de hoy tiene un valor muy "emotivo y triste". "Fue horrible", chicos en neumáticos a la deriva.... hasta el punto que denominamos a esa situación la "ruleta rusa cubana. Era suicida", pero "ayudamos todo lo que pudimos y salvamos a muchos", destacó.

Carlos González, balsero de ese éxodo de 1994, no lo duda cuando se le pregunta si lo volvería a hacer, a jugarse la vida de esa manera: "Sí, lo volvería a hacer para escapar de Cuba. La libertad no tiene precio. Nacer esclavo y morir esclavo es lo más triste que le puede pasar a un ser humano", exclama.

Padre de familia de 37 años entonces, con cuatro hijos, González relata hechos que son trágicamente similares a los de numerosos compatriotas: una balsa en la que apenas se podían acomodar las catorce personas que salieron desde Pinar del Río, hecha a base de maderas mal atadas, con apenas combustible. Y el embate aterrador de las olas.

En la madrugada del 17 de agosto zarparon desde Bahía Honda, pero, al día siguiente, se dieron cuenta de que no podían seguir, "que la barca hacía agua por varios lugares, con las tablas flojas". "Nos quedamos encogidos, moviéndonos lo menos posible, a la deriva, viendo mucha gente en el agua", cuenta González, quien asegura que "fue un milagro" que les salvaran.

Describe las horas de pesadilla vividas entonces, con "terribles alucinaciones", en las que creían contemplar "cosas en el mar que no existían". También la fortuna, el destino, fue a su encuentro cuando un barco mercante les divisó y alertó a la Guardia Costera de EU de su localización. Han pasado 20 años de esta travesía del dolor y hoy los millares de balseros que se echaron al mar se han convertido en símbolo conmovedor del empeño en alcanzar la libertad y una vida propia.



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