Mexicanos a la conquista del noreste de EU

El número de connacionales en esta zona crece de forma exponencial y su influencia en ambos países se nota en la fusión cultural y el envío de remesas.

Ciudad de México

La presencia mexicana en el noreste de Estados Unidos es un fenómeno peculiar. Por un lado, contamos con una élite pequeña pero envidiable de científicos, médicos, empresarios, intelectuales, académicos, artistas y jet-setters que tiene impacto global y llegó atraída por lo cosmopolita de la Gran Manzana o bien por el prestigio de universidades de fama internacional. Vale la pena nombrar tres ejemplos para darse cuenta de su importancia. El ex presidente Zedillo dirige el Centro de Globalización de Yale, en New Haven, Connecticut. Rubén Gallo dirige El Centro de Estudios Latinoamericanos de Princeton, en Nueva Jersey. Y Vicky Diadiuk es directora asistente de un Laboratorio Tecnológico del MIT, en Cambridge, cerca de Boston.

Por otro lado, gracias a nuestra inmigración reciente, masiva y aceleradísima, y a la globalización y al clima relativamente benigno para los inmigrantes en esta parte de “gringolandia”, los mexamericanos de esta región hemos forjado una identidad transnacional adaptándonos a lo gringo sin dejar atrás lo mexicano. Es decir, somos embajadores de la cultura mexicana en Estados Unidos y de la cultura gringa en México. Este hecho, ha beneficiado y dañado a ambos países.

Para apreciar la situación y nuestro rol en el área entrevisté a la embajadora Sandra Fuentes-Berain, quien representa a los mexicanos de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. A continuación lo que aprendí de nuestro intercambio.


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La mayoría procedemos de la Mixteca, una de las zonas más pobres de México. Residimos en la ciudad de Nueva York, en New Brownswick y en Passaic en Nueva Jersey, y esparcidos en ese vasto territorio triestatal.

Según las últimas estadísticas, en 2010 éramos 1.2 millones de mexicanos, aunque algunos no fuimos contados porque no poseemos ningún documento. En 10 años crecimos en la ciudad de Nueva York 52 por ciento y en este estado 75 por ciento; en Nueva Jersey 112 por ciento y en Connecticut 116 por ciento. Como tenemos muchos, muchos hijos, seguiremos creciendo exponencialmente. Hoy somos la minoría con mayor y más rápido crecimiento en esta zona.

Tenemos impacto en ambos lados de la frontera. Del lado de “gringolandia”, representamos el 75 por ciento de los trabajadores agrícolas en el estado de Nueva York; y casi todos los cocineros y meseros de Manhattan son mexicanos. Es decir, sin nosotros los gringos del noreste no comen. Además, hablando de comida, la embajadora me relata que la empresa Nixtamal, en Queens, suministra a miles de restaurantes de Nueva York tortillas de maíz criollo y no, no solamente a los restaurantes mexicanos, también a Nobu, Per Se, Boulud y otros de otra identidad y alta estirpe. Y es que son para los cocineros, y ellos no van a elegir un sushi de atún de aleta azul ni un filete Chateaubriand si pueden comerse unos buenos tacos. No hay duda que nuestras raíces son profundas y que transforman a “gringolandia”.

Del lado de México, nuestro impacto es conocido. Nuestras remesas benefician directamente a nuestras familias. Además, a través de nuestras donaciones comunitarias (apoyadas por el Programa 3x1 del gobierno) financiamos la construcción de escuelas, hospitales e iglesias de nuestros pueblos. Por eso no sorprende que muchos políticos de la Mixteca viajen al noreste de Estados Unidos durante sus campañas electorales.


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Fuentes Berain me platica de los paqueteros. Estos personajes son emblemáticos de la interdependencia entre la Mixteca y el área metropolitana de Nueva York.

Los paqueteros se dedican a transportar a México parte importante de las remesas que llevan directamente a las casas de los paisanos, siempre en efectivo y nunca sobrepasando los 9 mil 999 dólares con 99 centavos, obviamente para no tener que declararlos. Además llevan muñecas, tenis, jeans, hasta comida china, cosas para que la familia los recuerde o cosas que añoran los migrantes que volvieron a su terruño original.

Los paqueteros viajan en los vuelos “red-eye” hasta dos veces por semana y en clase ejecutiva, para tener derecho a más peso. Se regresan el mismo día en la noche cargados de tacos de canasta, tortas ahogadas, churros, jabón Zote, cosas que “nos hacen falta” a los mexamericanos de acá. Y como se trata de Nueva York y los de la aduana son hijos o nietos de inmigrantes, se hacen de la vista gorda, saben que son para el consumo de los paisanos y reconocen que la comida natal apacigua la nostalgia. El oficio de paquetero podría equiparase al del comerciante de la Ruta de las Seda que en la antigüedad fue el eslabón que unió a Asia y Europa.

Además de los paqueteros, hoy hay agencias de viajes, servicios de transferencia de dinero y decenas de otro tipo de empresas con oficinas en la Mixteca mexicana y en la Mixteca gringa. La Asociación Tepeyac y otras agrupaciones comunitarias también ofrecen servicios en los dos lados de la frontera. Se rumora que la pandilla de Tulancingo opera en Puebla, en Brooklyn y en Queens. Los trabajadores con visas temporales viven aquí y allá.

Estos hechos refuerzan la comparación con la Ruta de Seda. No hay duda de que los mexamericanos en esta área estadunidense no solamente nos hemos transformado con nuestra inmigración, sino además a través de nuestra transnacionalidad, somos agentes de transformación de la cultura y los valores de los lugares a donde llegamos y de donde nos fuimos. Imagínese cuan relevante podría ser para México nuestra existencia si nos empoderamos de verdad y adquirimos un papel protagónico en “gringolandia”.

Pero por lo pronto, como relata la embajadora, los mexamericanos aquí somos muy débiles. La mayoría somos indocumentados y trabajamos de cocineros, lavaplatos, albañiles o campesinos. Ganamos los peores salarios. En la región somos la población más analfabeta y los que más abandonamos los estudios. Para amolarla, muchos de nosotros solamente hablamos mixteco o náhuatl, haciendo nuestra aclimatación complicadísima.

Nuestra salud es deplorable. Entre la población de origen extranjero, ocupamos el primer lugar en casos detectados de VIH. El 57 por ciento pesamos más de lo que debemos y nuestros hijos tienen las mayores tasas de inactividad y de consumo de refrescos. Es decir, somos el grupo con mayor probabilidad de morirnos por gordos. Para amolarla aún más, carecemos de voz en la política local.

El Consulado, decenas de organizaciones comunitarias esparcidas por la zona metropolitana y algunos de los mexamericanos más afortunados, ricos, legales y/o educados, alivian estos obstáculos ofreciendo tutoría escolar, cursos de inglés y de computación, capacitación laboral, servicios legales y médicos, asesoría financiera y de salud y otro tipo de asistencia para facilitar nuestra integración. Algunos avances recientes despiertan el optimismo.


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La embajadora comenta que en la ciudad de Nueva York “el contacto entre la élite mexicana y el resto de los compatriotas se limita al intercambio en los restaurantes, al delivery-boy que te lleva la pizza el domingo a tu casa. Fuentes-Berain dice: “No nos conocemos”. Sin embargo, subraya: “Yo me reúno con todos ellos, abogo por la comunidad y trato de que se conozcan. Casi en todas las profesiones hay interés de ayudar y creo que establecer su encuentro debe ser una de las funciones más importantes del Consulado”.

En efecto, hace varios meses la embajadora se juntó con varios médicos mex-neoyorquinos para ampliar el apoyo que estos ya le ofrecen a nuestra comunidad. Hace un mes, reunió a algunos miembros de la Asociación de Profesionistas y Empresarios Mexicanos de Nueva York (APEM-NY) con los dirigentes de MASA-NY para que los primeros apoyen a los segundos. Fundada hace un año, la APEM busca generar oportunidades para que los paisanos aceleren su desarrollo. MASA es una organización que ofrece cursos desde preescolar hasta nivel universitario para facilitar la integración de los mex-neoyorquinos al sistema escolar.

Otro avance es que hace dos años se fundó el Instituto de Estudios Mexicanos en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Esta institución tiene como propósito impulsar la matriculación de los estudiantes mexamericanos, fomentar la investigación con y sobre México y los mexamericanos, y ayudar a que las organizaciones comunitarias mexamericanas de Nueva York se empoderen. Además, desde hace un año, Jaime Lucero, que empezó de lavaplatos indocumentado y que hoy es uno de los mayores importadores y distribuidores de ropa en Estados Unidos, financia becas para estudiantes mex-neoyorquinos en esta universidad.

Un avance más es que el año pasado, Carlos Menchaca fue electo como concejal de la alcaldía de Brooklyn. Menchaca es el primer gobernante electo mexamericano en Nueva York. Gracias a una de sus propuestas, a partir de enero próximo los residentes de Nueva York, incluyendo a los indocumentados, tendrán un carnét de identidad municipal que permitirá el acceso a muchos servicios.

La población mexamericana del noreste de Estados Unidos es el eslabón entre México y el área metropolitana más cosmopolita del planeta. Para 2020 será la mayoría hispana en la región. Además, la mayor parte de ellos serán nacidos en Estados Unidos. Con o sin reforma migratoria, el potencial de esta población es enorme. Imagínese las posibilidades que se abren si esta población continúa identificada con la cultura mexicana y logra empoderarse.



MEXICANOS EN LA ZONA TRI-ESTATAL

—En 2010 había 1.2 millones de mexicanos en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut.

En la última década, esta población creció:

—52% en la ciudad de Nueva York.

—75% en el estado de Nueva York.

—112% en Nueva Jersey y

—116% en Connecticut.

—Los mexicanos representan 75% de los trabajadores agrícolas en el estado de Nueva York.