Médicos, a marchas forzadas contra la epidemia de ébola

Además de combatir la enfermedad en clínicas muy precarias, deben esforzarse para convencer a los pacientes de que pretenden ayudarlos.
Los voluntarios de la ONG Médicos sin Fronteras utilizan un traje con casco, antiparras y máscaras.
Los voluntarios de la ONG Médicos sin Fronteras utilizan un traje con casco, antiparras y máscaras. (AP)

Londres y Monrovia

Los médicos que combaten el ébola en África Occidental están trabajando jornadas de 14 horas diarias, siete días a la semana, protegidos de pies a cabeza bajo el calor agobiante en clínicas muy precarias.

Las condiciones infrahumanas no son el único problema: los trabajadores de la salud deben esforzarse para convencer a los pacientes que pretenden ayudarlos y no perjudicarlos.

Los médicos que prestan ayuda humanitaria en ocasiones son rechazados por la población porque circulan rumores de que los trabajadores de la salud occidentales están importando la enfermedad, robando cadáveres o infectando deliberadamente a los pacientes.

Ganar confianza

Es difícil ganarse la confianza de los pacientes africanos debajo de un traje con casco, antiparras y máscaras que ocultan sus rostros. “Una quiere decirles tantas cosas... porque están tan doloridos”, comentó la enfermera Monia Sayah, de Médicos sin Fronteras. “Sufren mucho, pero solo te pueden ver los ojos”.

La depresión emocional se suma al agotamiento y la deshidratación, pero los médicos siguen con su misión. “Cuando la necesidad es tan grande uno no puede justificar no quedarse allí o irse a casa más temprano”, opinó el doctor Robert Fowler, quien trabajó recientemente en Guinea y Sierra Leona.

Fowler, médico de cuidados críticos en el Hospital Sunnybrook en Toronto, Canadá —actualmente en año sabático prestando servicios voluntarios a la Organización Mundial de la Salud— dijo que la barrera del traje protector es grande pero no insuperable.

“Había una niña, de aproximadamente seis años, que llegó en estado avanzado de la enfermedad, con hemorragia intestinal, muy deshidratada y delirante”, recordó. El virus del ébola había matado a todos sus familiares inmediatos, de modo que estaba sola.

“Estaba muy asustada y solo quería que la dejaran sola”, narró Fowler, quien pasó días tratando de ayudarla, llevándole algunas cosas que la niña quería, como un refresco.

“A la larga se dio cuenta de que esta persona con un traje un poco intimidatorio trataba de ayudarla”, afirmó el galeno.

La niña mejoró y estaba a punto de ser dada de alta cuando Fowler se fue de Guinea. Ese caso es una excepción, pues más de la mitad de los enfermos muere.

“Cuando la tasa de mortalidad es tan alta —comentó el médico canadiense—, uno sabe todos los días que habrá un par de pacientes en tu sala que no pasarán la noche”.

El brote del virus ha afectado a tres de los países más pobres del mundo, donde los sistemas de salud no tienen suficiente personal ni equipamiento. En Liberia hay apenas un médico por cada 100 mil habitantes, y dos en Sierra Leona, según la Organización Mundial de la Salud, y no hay estadísticas disponibles para Guinea.

La proporción de médicos por cada 100 mil habitantes en países desarrollados, como Estados Unidos, asciende a 245.

Rehospitalizan pacientes

Algunos de los pacientes que huyeron ayer de un centro en cuarentena en un barrio pobre de Liberia cuando fue saqueado en la noche del sábado, están de nuevo bajo observación en un hospital, informó ayer un funcionario de salud.

Residentes del barrio pobre West Point de Monrovia atacaron la clínica improvisada en una escuela donde se monitoreaba a personas por su posible infección y los residentes estaban furiosos porque los enfermos fueron llevados al centro desde otras partes de la capital.

Durante los saqueos, un máximo de 30 pacientes (17 confirmados) que eran vigilados por posible contagio con ébola huyeron, pero algunos fueron llevados a otro hospital, dijo el viceministro de Salud Tolbert Nyensua.

No quedó claro de inmediato cuántos de quienes huyeron fueron rastreados ni cómo las autoridades los identificaron. Ninguno de los que escaparon tenía confirmado el diagnóstico, por lo que el proceso de monitoreo continúa, detalló Nyensua.

La policía dijo que los saqueadores robaron sábanas y colchones con sangre que pueden estar infectados.

Las autoridades han luchado por contener la propagación del la epidemia que hasta el momento ha matado a mil 145 personas en Guinea, Liberia, Nigeria y Sierra Leona.

El ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales y no existe un tratamiento confirmado. La única manera de contener la propagación de la enfermedad es aislar a los enfermos y monitorear a quienes entraron en contacto con ellos, en busca de indicios de infección.

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 Roban datos de 4.5 millones de pacientes

Hackers chinos robaron del Community Health Systems, que opera los sistemas de hospitales estadunidenses, los datos de 4.5 millones de pacientes, informó ayer la empresa ante la Comisión de Mercados y Valores de Estados Unidos (SEC).

Los afectados de los ataques informáticos, que se realizaron en abril y junio, son pacientes que recibieron tratamiento en los últimos cinco años.

Al parecer, los hackers obtuvieron nombres, direcciones y fechas de nacimiento, así como números de teléfono y de seguro social; sin embargo, las informaciones sobre tarjetas de crédito y actas médicas no fueron utilizadas.

La empresa de la ciudad de Franklin, Tennessee, opera 200 hospitales en 29 estados de ese país, sobre todo en zonas rurales. Por ahora no fue posible ubicar a la empresa y su sitio web no estaba accesible ayer.

Apenas en julio, el diario The New York Times informó sobre un ataque mediante el cual un grupo de hackers chinos accedieron a computadoras que contenían actas personales confidenciales de las autoridades estadunidenses. En esa ocasión decenas de miles de empleados fueron afectados.

A fin de mes Canadá informó de otro ciberataque chino contra la autoridad estatal de Ciencia e Industria.

DPA/Franklin

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