Srebrenica muere por segunda vez

Hoy se recuerda la matanza de ocho mil musulmanes en esta población bosnia a manos de tropas serbias. A 20 años del genocidio, la pequeña ciudad languidece en el olvido y dividida.
Ayer se entregaron a madres y esposas 136 cadáveres identificados de la masacre.
Ayer se entregaron a madres y esposas 136 cadáveres identificados de la masacre. (Dado Ruvic/Reuters)

Srebrenica

El centro de la pequeña ciudad de Srebrenica, en el este de Bosnia, parece desierto: la única carnicería ha quedado huérfana tras la muerte de su dueño. En el mercado solo hay dos puestos ocupados.

"Srebrenica solo vive un día al año por sus muertos", escribía el mayor diario bosnio Dnevni avaz. Este día se cumplen 20 años de la masacre de unos ocho mil hombres —entre ellos muchos adolescentes— musulmanes a manos de las fuerzas serbias.

Antes de la guerra (1992-1995) vivían en la ciudad 12 mil personas, tres cuartas partes de las cuales eran bosnios musulmanes. Hoy son menos de la mitad, según las cifras oficiales.

No hay más de cuatro mil personas establecidas de forma permanente en la ciudad. Dnevni avaz habla incluso de solo mil, y la mayoría ahora son serbios. La correlación de fuerzas ha cambiado.

Y entre los que quedan, se vive una estricta separación entre los serbios de religión ortodoxa y los musulmanes, reconocen ambas partes.

"Los niños aprenden en la escuela dos versiones totalmente distintas de la historia", se queja Sehida Abdurahmanovic. La mujer de 60 años perdió a la mitad de sus familiares en la guerra y se unió a la poderosa Asociación de las Madres de Srebrenica. "A los jóvenes los animan pronto a acudir o a la iglesia o a la mezquita", cuenta.

Religión e ideología siguen sirviendo hoy como herramienta del enfrentamiento nacional y político. La Iglesia ortodoxa serbia y dos mezquitas se ven relativamente cerca, así como una pequeña iglesia que los serbios acaban de construir al lado del monumento en recuerdo a las víctimas de Srebrenica en Potocari, delante de las puertas de la ciudad.

El fundador de la colorida iglesia considera la construcción un claro reconocimiento a la causa serbia contra los bosnios musulmanes, que a su vez, lo perciben como pura provocación, porque cerca del monumento también hay varias fosas comunes de la masacre.

Y en medio de este panorama la ciudad se desangra lentamente, ante la pérdida de sus recursos o la gestión ajena de los mismos.

El tradicional balneario que fuera en el pasado la principal fuente de ingresos de la ciudad con los clientes que acudían a curarse en sus aguas, está destruido. Ochenta millones de litros de la mejor agua mineral se filtran cada año en el suelo sin que nadie las aproveche.

Mientras, la explotación del exuberante bosque ha sido transferida a empresarios privados de dudosa reputación a través de procedimientos poco transparentes, sin que la ciudad se beneficie de las tasas de concesión.

Pero también hay algunas cosas positivas: la organización austriaca "Bauer helfen Bauern" ("Campesinos ayudan a campesinos" en alemán) ha reconstruido en la última década y media 436 casas de madera en Srebrenica y la vecina Bratunac. Hace tres años, abrió además una escuela de música para más de 200 niños.

"Es un sueño, es el único lugar donde se reúnen serbios y bosnios musulmanes", cuenta la política austriaca y presidenta del proyecto, Doraja Eberle.

Pero Avdo Purkovic, dueño de la única y pequeña pensión de Srebrenica, pinta más bien un escenario de futuro muy oscuro: "Todo está muy parado y los pocos que regresaron se han vuelto a ir", cuenta el hombre de 30 años.

Uno de los motivos: "Todo aquí gira solo en torno a las negativas historias de guerra (...) No podemos dedicarnos únicamente a contar cada día que pasa los huesos de las víctimas", considera el joven empresario.

Según su opinión, la culpa la tienen los políticos locales enfrentados que "utilizan a sus habitantes como rehenes".

Y los políticos y organizaciones humanitarias internacionales. "¿Dónde ha ido a parar el dinero prometido? A los ciudadanos no les ha llegado prácticamente nada de los cientos y cientos de millones", afirma.

El 20 aniversario del genocidio debería traer consigo un cambio de rumbo, considera. Sin embargo, cree más bien que Srebrenica volverá a caer en el olvido una vez que pase este día.

Por eso, ya se prepara para cerrar su pensión y mudarse a la ciudad de Tuzla.