Los "maras" siembran el terror en el transporte

En diez días fueron asesinados siete choferes de camiones públicos por la pandilla que así presiona al gobierno.
Desde esta semana, militares resguardan las rutas de autobuses.
Desde esta semana, militares resguardan las rutas de autobuses. (Marvin Recinos/AFP)

San Salvador

Desde el lunes pasado los habitantes de San Salvador no se atreven a tomar el transporte público por temor a represalias de las pandillas que azotan el país. Miembros de los maras, los grupos criminales que actúan en América Central, abatieron el miércoles al séptimo chofer de un microbús, cuando éste se negó a respetar la huelga de transporte impuesta por los pandilleros.

Según la policía, el chofer fue acribillado a balazos mientras cargaba gasolina en la periferia de San Salvador. Otro chofer fue asesinado el domingo y otros cinco el lunes precedente. Este miércoles, bajo fuerte vigilancia policial y militar, miles de salvadoreños se desplazaron a bordo de camiones militares para llegar al trabajo o la escuela.

Con la huelga, los maras pretenden negociar el aligeramiento de la represión a sus actividades y condiciones de prisión menos difíciles para sus miembros. La disputa del territorio está en el origen del alza de la violencia que afecta al país desde hace varios años.

Pero según el gobierno, “bajo ningún pretexto vamos a dialogar con los criminales, (...) vamos a perseguirlos, a capturarlos y presentarlos ante la justicia”, aseguró el presidente Salvador Sánchez Cerén. Y el procurador general, Luis Martínez, calificó a las bandas de “terroristas.”

El Salvador, pequeño país situado entre Honduras y Guatemala, registró unos 635 homicidios en tan solo un mes, en promedio 20 muertos al día, en esencia por arreglos de cuenta entre las diversas pandillas. Según las autoridades, se trata de un medio adicional de amenaza al gobierno tras el traslado de unos dos mil 600 miembros de cárteles presos.

“Se trata del mes más violento desde el fin de la guerra civil en América Central en 1992, y sabemos que numerosos homicidios no fueron declarados”, expresó Miguel Fortín Magaña, director del Instituto de Medicina Legal.

Como la mayoría de los cárteles centroamericanos, las dos principales pandillas del país, Mara Salvatrucha y Mara Barrio, acostumbran enterrar a sus víctimas en fosas comunes. Así, los cuerpos son descubiertos mucho después de cometidos los crímenes, que además son imputados el mismo año del descubrimiento de los cuerpos, no importando la fecha de su muerte, lo cual falsea las estadísticas.

Eso no impide que en 2014 El Salvador haya registrado una de las tasas de homicidios más altas del mundo y de América Central, con 61 víctimas por cada 100 mil habitantes. De seguir esta tendencia, el saldo macabro alcanzará en diciembre cuatro mil 500 víctimas, es decir, una tasa de casi 70 víctimas/100 mil, superior a su nivel de 2011, antes de que el gobierno intentara una tregua con los maras.