Un mandatario entre la política y “La vie en rose”

Hollande buscó a toda costa separar su vida íntima de los escenarios políticos, mas siempre han terminado por mezclarse.
François Hollande y Valérie Trierweiler en el palacio presidencial del Elíseo en mayo pasado.
François Hollande y Valérie Trierweiler en el palacio presidencial del Elíseo en mayo pasado. (Ian Langsdon/EFE)

París

Las diferentes etapas del ascenso político de François Hollande, desde la época en que estudiaba en la Escuela Nacional de Administración (ENA) hasta la presidencia de Francia, han estado ligadas a historias de amor, pese a su decidida voluntad de separar vida privada y vida pública.

De su unión durante 25 años con su ex compañera Ségolène Royal, madre de sus cuatro hijos, candidata a la presidencia en 2007, hasta su presunta relación con la actriz Julie Gayet, lo cual ha provocado la hospitalización de la primera dama, Valérie Trierweiler, su vida sentimental no ha cesado de enredarse con la política.

A los 59 años Hollande aparecía en la prensa, y a ojos de la opinión pública, como la antítesis del seductor.

Le han endilgado apodos poco halagadores que aluden a su supuesto aspecto físico blando y sin carisma: Flanby (un flan), Memo el conquistador, Gordinflón.

Su “normalidad”, leitmotiv de su campaña presidencial, y su deseo de discreción para tratar de evitar que la eficacia de su discurso público se viese afectada, no ha resistido a sus encuentros con mujeres de carácter.

El portavoz del Partido Socialista en la Asamblea Nacional, Thierry Mandon, hablaba este lunes de “un hombre que puede enamorarse y tener problemas de pareja”, añadiendo no obstante: “Si es alguien normal eso le puede ocurrir, y si es un presidente normal tiene que aclarar rápidamente esta situación”.

Con Ségolène Royal, a quien conoció en la ENA en 1979, formó una pareja emblemática de la vida política francesa. Juntos subieron los escalones del poder, aun cuando ella, nombrada ministra por François Mitterrand mientras que él era diputado, le robó protagonismo, acaparando las luces y las cámaras.

En 2007 Ségolène le salió al paso, mostrándose más ambiciosa: lanzó su candidatura a la presidencia de Francia, obligándolo a él a darle su apoyo.

La separación oficial de la pareja se produjo en junio de 2007 pero, según varios libros, François Hollande frecuentaba ya desde 2005 a Valérie Trierweiler, periodista en la revista Paris Match.

En 2010, siendo ex primer secretario del Partido Socialista y sintiéndose opacado, rompió con su habitual discreción y confesó a la revista de farándula Gala que Valérie era la mujer de su vida.

El día que ganó las elecciones, el 6 de mayo de 2012, Valérie Trierweiler mandó poner a todo volumen, en el teatro donde celebraban, la canción de Edith Piaf “La vie en rose”, como un guiño a su relación y a la victoria, mezclando lo íntimo y lo político (la rosa es el símbolo del Partido Socialista).

En las primeras horas de su mandato el comportamiento de Valérie Trierweiler, víctima según algunos de un ataque de celos, también enredó las cosas. Los franceses aún recuerdan su célebre tuit de apoyo a un rival político de Ségolène Royal en las elecciones legislativas de 2012. La oposición se burló de ese “psicodrama” en el Palacio del Elíseo, residencia presidencial francesa.

Ahora el caso del supuesto “amor secreto” con la actriz Julie Gayet, revelado el viernes pasado por la revista Closer, y la hospitalización consecutiva de Valérie Trierweiler, vienen de nuevo a echar por tierra los deseos de Hollande de no aparecer como su predecesor, Nicolas Sarkozy, quiera era considerado como un mandatario con tendencias faranduleras.