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Viernes , 25.05.2018 / 18:31 Hoy

Macron y Le Pen, opciones de una Francia dividida

Ambos dicen ser la única salida del estancamiento que vive el país y ser una generación de nuevos políticos sin atavismos al tiempo que se lanzan recriminaciones y descalificaciones.

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La Aldea

Ella dice encarnar “la voz del pueblo que no aguanta más” y él, representar el “espíritu de conquista”. La ultraderechista Marine Le Pen y el centrista Emmanuel Macron proponen un destino diametralmente opuesto para Francia y Europa.

Ambos dicen encarnar la renovación de un paisaje político desgastado, en un país que atraviesa una profunda crisis de identidad, con un desempleo masivo y bajo la amenaza del islamismo radical. Los dos reivindican ser “patriotas”.

A sus 39 años Macron, desconocido por los franceses hasta hace apenas tres años, creó el movimiento ¡En Marcha! para lanzarse en la primera campaña electoral de su vida. Le Pen, que heredó el partido de extrema derecha Frente Nacional (FN), fundado por su padre, intentó dar un toque personal al movimiento “Azul Marine” en su aspiración de conquista del poder.

Le Pen, de 48 años, dice ser la “candidata de los patriotas” contra los defensores de la globalización. Macron se define en cambio como el “candidato de los patriotas contra los nacionalistas”.

En los actos de campaña, sus simpatizantes agitan con el mismo entusiasmo la bandera tricolor francesa y ambos candidatos entonan con fervor la Marsellesa, en el caso de Macron con la mano en el corazón.

Los dos citan a menudo al general Charles de Gaulle, héroe de la resistencia francesa a la ocupación nazi, a la hora de demostrar su apego a la libertad. Ambos exaltan el destino nacional, la Historia de Francia, sus escritores y sus horas de gloria. Y cada cual visitó una catedral de Francia en el último día de la campaña.

Ambos pretenden poner fin a la polarización tradicional de los dos partidos que dominan la política francesa desde hace más de medio siglo.

En la primera vuelta, el 23 de abril, causaron sensación al eliminar a la derecha conservadora (Los Republicanos) y a la izquierda (Partido Socialista).

Pretenden ser “antisistema” y se reprochan mutuamente la condición de “herederos”.

“No se trata de una renovación, sino de un reciclaje”, dice Le Pen acusando a Macron de ser un candidato encubierto del continuismo socialista, por su condición de ex ministro de Economía del actual gobierno de François Hollande.

“Ella es la heredera del sistema político francés (...), heredó el partido de su padre y sus ideas”, replica Macron.

Algunos franceses rechazaron a ambos por igual en manifestaciones de protesta antes del balotaje, denunciando dos proyectos destructores para el país: “La peste o el cólera”, según un eslogan de militantes de la izquierda radical.

Abogada de formación, Marine Le Pen tomó el relevo de su padre, Jean-Marie, al frente del partido fundado en 1972. Participa desde hace 15 años en la vida política francesa, además de ser eurodiputada.

Egresado de las escuelas de la élite francesa, el ex banquero Emmanuel Macron entró en 2012 a la vida política como consejero de Hollande en la presidencia, antes de convertirse en su ministro de Economía (2014-2016).

Durante el debate del pasado 3 de mayo, que dio lugar a un enfrentamiento verbal sin precedentes en Francia, ella lo acusó de “complacencia con el fundamentalismo islámico”, presentándolo como el candidato “de la globalización salvaje” y de ser el “niño mimado del sistema y de las élites”.

Él le fustigó la “crasa ignorancia”, la describió como “la gran sacerdotisa del miedo” y la acusó de encarnar a la “anti-Francia”.

Frente al “espíritu de derrota” que, según él, encarna ella, Macron esgrime un “espíritu de conquista”, a favor de “una Francia fuerte en una Europa protectora”.

El programa de Macron, liberal en el plano económico y en temas de sociedad, atrae sobre todo a los jóvenes urbanos, a la clase media y a los empresarios.

El discurso antiinmigrante y antieuropeo de Le Pen seduce a parte de los obreros, a sectores rurales y a los “invisibles” que padecen la globalización sin beneficiarse de ella. Capitaliza así el hartazgo de los franceses ante el desempleo.

El ambiente en los actos electorales también difiere por completo. Los simpatizantes de Le Pen abuchean a su adversario y gritan en coro: “¡Estamos en nuestra casa!”.

Por contraste Macron, sonriente, pide a sus seguidores: “¡No la abucheen, derrótenla!”.

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