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Lunes , 25.06.2018 / 02:54 Hoy

“Los parisinos pagaremos el precio de vivir seguros”

Los franceses aceptan que se limiten sus libertades individuales a cambio de vigilar y detener a los terroristas del EI.

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Héctor Zamarrón

Por hacer apología del delito al celebrar el ataque del comando que provocó 129 muertes el viernes 13 en París (aunque ya suman 130), cuatro personas fueron detenidas en Orleáns, mientras que en Versalles otra más fue condenada a pasar un año en prisión por felicitar al Estado Islámico (EI) por los atentados.

Los responsables de Telegram en Francia, la aplicación de mensajería instantánea e incipiente rival de WhatsApp, deshabilitaron 78 cuentas pertenecientes o presuntamente vinculadas con el grupo yihadista.

Ambas decisiones tienen que ver con uno de los temas que desataron los peores atentados terroristas sufridos en Francia en décadas: la limitación de las libertades individuales en pro de una seguridad social más efectiva.

El estado de emergencia, cuya extensión a tres meses fue aprobada ayer por el Senado, implica sacrificar derechos y concederle a los organismos policiacos facultades para las cuales ya no requerirán una orden judicial.

Desde cateos hasta detenciones, e incluso la colocación de brazaletes y la reasignación de domicilios, son algunas de las concesiones que ahora se le permite a la policía y que han desatado el debate entre los parisinos.

Tras colocar ofrendas florales ante el Bataclan Café, donde fueron masacradas 80 personas, Etienne Ducard y Mathieu Picasti aceptan que las nuevas medidas son necesarias, aunque tengan que sacrificar algunos derechos.

“A los terroristas tenemos que detenerlos y si para eso hace falta que nos limiten algunas cosas, hay que pagar el precio de vivir seguros”, dice Etienne, abogado en el BNP Paribas.

“Que me interroguen o detengan, vale, pero que no dejen que esos integristas vuelvan a atacarnos de esa manera. Yo o cualquiera podemos ser sospechosos, qué importa, que para eso es la policía”, remata Mathieu tras cantar con emoción La Marsellesa.

Ambos llegaron con un grupo de colegas de su oficina, uno de los principales bancos franceses, organizados para comprar una enorme bandera —de 10 metros de largo— que desplegaron antes en la Plaza de la República y ahora frente al principal sitio de los ataques.

Tanto la bandera gala —azul, blanco y rojo— como La Marsellesa, han servido desde el día siguiente de los atentados para que los parisinos se unan y expresen su dolor y al mismo tiempo su indignación.

La violencia de la letra y el encendido nacionalismo también encendieron las alertas entre los editorialistas de los diarios y los comentaristas de televisión, quienes temen un repunte de xenofobia o chovinismo a raíz de estos hechos.

Por razones similares, un grupo de imanes lanzó un llamado a orar por la paz y la integración de musulmanes, católicos y laicos en Francia.

Mientras tanto, el país se apresta a reforzar la seguridad para intentar mantener la organización de la COP21, la cumbre mundial del clima, prevista para los primeros días de diciembre.

A la entrada de la ciudad, justo tras salir del aeropuerto Charles de Gaulle, una enorme manta se despliega en un edificio con la leyenda “¡Bienvenidos quienes vienen a defender el planeta!”, bueno, quizá antes tengan que defender a Francia, y a Europa, de otra amenaza más inmediata que el calentamiento global.

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