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Sábado , 20.10.2018 / 11:01 Hoy

Un autobús inesperado salvó a los sobrevivientes del Volcán de Fuego

El chofer recogió a todas las personas que pudo, sin ayuda de ninguna autoridad ni control, cuando la lava estaba ya cerca de arrasar el poblado.
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Los sobrevivientes del Volcán de Fuego corrieron con suerte. No fue una evacuación controlada la de sus comunidades, ni ayuda de una autoridad. Cuando la lava estaba por alcanzar el poblado, un autobús pasó y recogió a todos los que pudo. Muchos que no se dieron cuenta o no alcanzaron el vehículo, murieron.

Aura Larios cuenta desde la Escuela Oficial Urbana del municipio de Escuintla que al salir de su casa vio gente corriendo, quemada por el material volcánico y desesperados buscando a su familia. Ella y sus parientes lograron correr a tiempo.

“Llegó mi esposo a decirme que saliéramos porque ya venía la lava muy cerca y salimos. Cuando salí a la calle vi a la gente quemada, huyendo en moto, llorando amargamente, pidiendo auxilio”, explicó. Ella y trece familiares más son parte de los mil 100 damnificados que están refugiados en la escuela. Antes vivía cada familia en su casa, pero ahora comparten lo que era un salón de clases.

Ahí, sobre colchonetas duermen, comen y platican. También esperan noticias de su comunidad pues los hombres van a diario a la zona de emergencia. Y aunque intentan hacer su vida normal, su cara refleja la incertidumbre del futuro. “Sentimos nuestro hogar porque no es igual a estar en nuestra casa, pero de ver el peligro de lo que sucede, estamos aquí”, insistió.

Las últimas cifras oficiales marcan más de un millón 700 mil afectados, 12 mil 200 personas evacuadas y se mantienen 15 comunidades en alerta máxima. El gobierno de Guatemala habilitó 21 albergues para ayudar a los damnificados, donde hasta ahora se atiende a tres mil 655 personas. El albergue más grande es el de la escuela oficial.

“Les estamos ofreciendo dónde dormir, alimentación, y todas las ayudas que puedan recibir las estamos brindando... No sabemos todavía hasta el momento cuánto tiempo más vamos a estar funcionando, pueden ser quince días, un mes, tres meses, destacó María Contreras, coordinadora del albergue, donde la vida pasa lento.

Los adultos intentan tranquilizar a los niños, pero son los voluntarios los que les hacen la vida más fácil. Algunos les hablan de Dios, otros van a ayudar en lo que la gente necesite. Pero los niños son los que mejor la pasan.

Hay jóvenes que les ponen juegos, también llegan payasos que les hacen olvidar por unos minutos la devastación y la muerte que invadió súbitamente sus vidas. Los jóvenes se entretienen ayudando, bajando víveres, cargando garrafones de agua y descargando camiones. Cuando las labores terminan, la canchita de futbol de la escuela es el refugio. Otro escondite frente a la tragedia.

“Venimos a ayudar un rato, luego nos vamos a distraer, como que no está pasando nada y luego ya nos venimos a jugar”, contó José Ángel Méndez antes de iniciar el segundo partido del día.

EL FUTBOL, UNA ESCAPATORIA

Y es que el futbol para los muchachos es una escapatoria, aun cuando el día de la explosión del volcán también estaban en una cancha, lejos de sus casas. Esa coincidencia los benefició y salieron ilesos, pero a la vez quedaron incomunicados de sus familias hasta que se reencontraron en el albergue.

Entre las patadas y el balón, los recuerdos están presentes. “Tronó el volcán, se escuchó muy fuerte cómo reventó. Ya vimos como venía bajando la nube negra. Todos corrimos, queríamos regresar a la aldea y yo ver a mi mamá pero ya no lo logré; todos bajaban corriendo, ya estaba muy peligroso. Decidimos correr hasta Escuintla y ya ahí vimos a la familia en el salón municipal”, recordó José Ángel.

Y entre tantas actividades y el ir y venir de gente, los damnificados esperan. Esa es la actividad que los mantiene en vilo, solo esperar. Todos ansían el momento en que un milagro les permita regresar a sus comunidades, aunque tengan que empezar de cero. Pero lo más doloroso es para los que tienen esperanza de que sus parientes desaparecidos estén en algún lugar todavía con vida.

“Mucha gente perdió la vida, se quedó sin techo y nosotros ya no vamos a tener ese gozo que teníamos en nuestro corazón de estar en ese pedacito, aunque sea casita humilde pero tranquilos, hoy ya no, se acabó ese gozo”, reflexiona Juana García.

Mientras tanto, en un gesto de solidaridad del pueblo de Guatemala, toneladas de víveres y ropa llegan a Escuintla. Al menos esa seguridad tienen los damnificados, no están solos en la tragedia.

SUSPENDEN BÚSQUEDAS POR MAL TIEMPO

Guatemala mantiene suspendidas las operaciones de rescate en la zona devastada por la erupción del Volcán de Fuego ante el mal tiempo y las condiciones del terreno aún caliente, mientras el número de muertos ascendía ayer a 109, informó el Instituto Nacional de Ciencias Forenses al dar cuenta del arribo de más víctimas a las morgues de Ciudad de Guatemala y la colonia Hunahpú, en Escuintla, el departamento más golpeado por la erupción del domingo que también dejó casi 200 desaparecidos y casas enteras sepultadas bajo escombros y ceniza.

El trabajo es arduo y bajo la amenaza latente de que en cualquier momento se pueda desprender sedimento de las laderas, mientras el coloso sigue lanzando columnas de ceniza. La cancillería de Guatemala pidió ayer ayuda internacional, luego de recibir el listado de necesidades de los cuerpos de socorro.

Y tras un cruce de acusaciones entre funcionarios en una comparecencia ante el Congreso, la Fiscalía de Guatemala anunció que investigará si hubo negligencia en la respuesta oficial al no evacuar a la población a tiempo.

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