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Viernes , 14.12.2018 / 18:16 Hoy

Investigan robo de niñosy adopciones con Pinochet

Desde enero, la justicia se ha abocado a indagar la suerte corrida por cientos de recién nacidos; grupo en Facebook logra 90 reencuentros.
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La justicia chilena comenzó a abrir una de las páginas más oscuras de la dictadura de Augusto Pinochet: la adopción irregular de miles de niños que fueron enviados al extranjero. Hoy, sus madres los buscan ayudadas por las redes sociales.

Uno de estos grupos es Hijos y madres del silencio, que reúne en Facebook a unas 3 mil personas: hijos que buscan su origen biológico y madres que quieren reencontrase con hijos arrebatados. En tres años, el grupo ha logrado casi 90 reencuentros.

El 9 de julio de 1977, durante los años más cruentos de la dictadura (1973-1990), Margarita Escobar llegó a tener a su hija al hospital Paula Jaraquemada de Santiago. Alcanzó a verla unos instantes antes de que se la llevaran. Cuatro décadas después relata que durante horas nadie le dio información sobre su hija y que cada tanto la inyectaban para mantenerla dormida. “Cada vez que despertaba volvía a preguntar por ella, hasta que una matrona me dijo: tu guagua (bebé) nació muerta”.

Pidió verla para darle un beso, pero no la dejaron. Después de eso “nadie me dio ningún papel, me mandaron para la casa”.

En el mismo hospital, en febrero de 1985, María Orellana dio a luz a un niño que llamó Cristián. “Alcancé a escuchar que era varón; después me aplicaron una inyección y no supe más”, cuenta. Como a Margarita, a María tampoco le dieron ningún papel ni le entregaron el cuerpo. “No hay nada, es como si yo no hubiera pasado por ese hospital”, recuerda hoy, empeñada como otras miles de madres en encontrar a su hijo.

El juez especial de causas de derechos humanos Mario Carroza realiza desde enero una extensa investigación sobre sustracción de menores en los años de la dictadura, aunque, ante nuevas denuncias, la amplió a 2000. Si bien ha descartado el secuestro de niños como método represivo, como en Argentina, se cree que las condiciones de esa época facilitaron el actuar de grupos dedicados a “captar” niños para enviarlos al extranjero con fines económicos.

La modalidad se asemeja a la registrada en España, donde acaba de abrirse el primer juicio por un caso de bebés robados a sus madres para ser entregados a familias adoptivas, en una práctica que comenzó bajo la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

“No hemos establecido algún patrón que diga (que hay) relación con alguna política estatal de represión, pareciera ser más bien una especie de asociación ilícita y lucrativa de adopción de personas de manera irregular”, explica el abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos Pablo Rivera, que ha presentado denuncias a nombre de las madres.

Un rol protagónico lo jugaron asistentes sociales, religiosos, médicos o funcionarios de municipios u hospitales, que detectaban a madres vulnerables y sustraían a los niños o lograban bajo engaños que fueran dados en adopción.

La vigencia hasta 1988 de una ley que permitió borrar los orígenes de las familias biológicas contribuyó a fomentar la práctica en un país sumido en esos años en el silencio y el terror, explica la historiadora de la Universidad Austral, Karen Alfaro.

No hay registros de la cantidad de niños enviados al extranjero. Según datos oficiales, entre 1973 y 1987 se registraron 26 mil 611 adopciones en Chile pero no se sabe cuántos salieron. El juez Carroza ha logrado determinar que al menos 2 mil 21 fueron adoptados en Suecia en 1971-1992. Otros miles llegaron a Alemania, Francia, Italia, España, Holanda, Suiza, EU, Uruguay y Perú. El valor pagado por cada niño era de 3 mil a 5 mil dólares de hoy.

CLAVES
DIMITEN MÁS OBISPOS


Víctimas de abusos cometidos en Chile por clérigos católicos aplaudieron la aceptación de las renuncias de otros dos obispos por parte del papa Francisco.

La decisión sigue a otras tres resueltas por el papa el 11 de junio, luego de que 34 obispos chilenos le ofrecieran su renuncia en masa.

El papa aceptó ayer las renuncias de los obispos Alejandro Goic y Horacio Valenzuela, el segundo por encubrimiento.

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