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Miércoles , 20.06.2018 / 14:31 Hoy

La elección más dividida de la historia

A un año de los comicios, Trump sigue adelante, pero se desinflará; en tanto, Hillary será nominada si evitas los errores.

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Martin Bialecki

Salvo que ocurra un milagro, el siguiente mandatario –o mandataria— de Estados Unidos gobernará a partir de enero de 2017 una nación dividida como pocas veces se ha visto en su historia, con las graves consecuencias que eso acarrea tanto para el país como para el resto del mundo.

“Este proceso electoral no tiene nada que ver con los anteriores”, afirma Charlie Cook, del National Journal, uno de los medios más especializados en elecciones presidenciales.

¿Por qué? El trasfondo: Nunca antes los ciudadanos estuvieron tan polarizados ideológicamente como ante los comicios del 8 de noviembre de 2016. “El centro moderado prácticamente ha desaparecido”, comenta Cook. Los demócratas se han desplazado más hacia la izquierda y los republicanos hacia la derecha.

“Esto se fomenta tanto desde los medios clásicos como desde internet”. Todos quieren sacar partido avivando rápidamente el fuego. Además fomentan esta polarización las encuestas publicadas casi a diario, muchas veces de fuentes desconocidas.

El segundo elemento se basa en la economía, que aún yendo bien, es muy frágil y podría esconder un “efecto yo-yo”. Es un hecho que las consecuencias positivas no alcanzan al ciudadano medio estadunidense, cuyos ingresos se mantienen en el mismo valor desde 1999.

Tercero, la batalla política se ha tornado en algunos campos en una “lucha cultural”. El aborto, el medio ambiente o el cambio climático son algunos de los temas en los que cada uno de los candidatos defienden de forma encarnizada y obstinada los valores “correctos”.

Además, existe un rechazo abrumador de los ciudadanos a los políticos tradicionales. Según una encuesta del diario The Washington Post, más de 75% de los encuestados afirman no confiar en los políticos.

Este clima ciudadano ha propiciado el “auge del outsider”, que ha disparado en los sondeos a políticos no profesionales como Donald Trump, Ben Carson y Carly Fiorina. Los tres son la antítesis del dirigente clásico estadunidense.

Los candidatos: En el caso del Partido Republicano, hay nada menos que 17 precandidatos que luchan por ser el elegido. Trump continuará haciendo ruido algún tiempo hasta que su efecto se disipe. Carson, más suave en su estilo, debería aguantar algo más. Lo mismo le ocurre a Fiorina, aunque ella no dispone de una maquinaria electoral tan poderosa como la de algunos de sus contrincantes.

Uno de los favoritos del partido es Marco Rubio (de origen cubano), senador por Florida y considerado el más versátil de los candidatos. Joven y nuevo, podría atraer al inmenso número de latinos del país. Jeb Bush, ex-favorito, continúa algo desorientado por las dificultades que está encontrando a lo largo de la campaña. Su carrera aún no termina, pero necesita un éxito con urgencia.

Por su parte, el senador texano Ted Cruz (también de origen cubano) protagonizó una intervención explosiva en el último debate televisivo.

Si Hillary Clinton no comete ningún error en el bando demócrata, tendrá la candidatura asegurada. El problema es que no goza de popularidad y su perfil político es demasiado clásico, además de que su currículum ofrece numerosos puntos flacos que la hacen vulnerable a ataques.

Una gigantesca maquinaria política trabaja para ayudar a suavizar su imagen. La polémica con los e-mails (al usar una cuenta personal, que podría ser vulnerada, para enviar correos electrónicos oficiales) parece superada.

El senador Bernie Sanders se quedará fuera del juego en algún momento, pero los puntos que trata gustan tanto a algunos sectores de la población, que Clinton no ha dudado en seguirlo en ese camino hacia la izquierda. Esto supone un problema para los votantes más moderados, y además, esta no es la verdadera Hillary.

Los gastos de campaña: Cada elección presidencial celebrada en EU ha sido siempre más cara que la anterior. Barack Obama y Mitt Romney gastaron mil millones de dólares cada uno en 2012.

Por si fuera poco, la renovación parcial de 34 de los 100 escaños en el Senado será muy ajustada. Los republicanos podrían perder hasta cuatro asientos y mantendrán la mayoría por un margen muy estrecho.

En conclusión: La demografía estadunidense evoluciona rápido y favorece a Clinton. Cada vez hay menos voto conservador y las minorías suponen un gran número de votos para los demócratas. Pero es muy complicado que el partido que ha gobernado la Casa Blanca durante dos mandatos sea capaz de revalidar un tercero.

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