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Miércoles , 15.08.2018 / 10:29 Hoy

La decisión de EU, grave y explosiva en Oriente Medio

El paso unilateral dado por Trump sobre Jerusalén coloca a la región al borde del abismo, según coinciden analistas, negociadores, grupos de presión y medios de prensa.

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En uno de los temas más complicados de la política internacional, el presidente Donald Trump tomó una decisión unilateral de enorme potencial explosivo: pese a la críticas y peticiones internacionales, Estados Unidos reconoció Jerusalén como la capital de Israel y anunció el traslado de su embajada a esa ciudad.

Lo que Washington considera un mero “reconocimiento de la realidad”, puede causar una grave escalada de la violencia en Oriente Medio y poner fin al proceso de paz entre israelíes y palestinos.

Al unísono alertaron la prensa de EU, think tanks en Washington y expertos negociadores en el conflicto: un país que pretende erigirse como mediador independiente y creíble no puede apoyar a una de las partes. Y eso es precisamente lo que acaba de hacer Trump, incluso aunque deje margen para el traslado de la embajada a Jerusalén: echar por tierra un capital construido durante décadas de política exterior estadunidense, dañando masivamente la credibilidad del país.

La Casa Blanca, sin embargo, lo ve de otra forma: el conflicto está tan estancado que la acción del presidente no es otra cosa que la apertura de una ventana de oportunidad distinta. Todo parece indicar que Washington se queda solo en esa teoría, a excepción de Israel, que saludó efusivamente la decisión.

Los desafíos de Trump son ahora múltiples: además de “vender” su decisión como viento fresco a las negociaciones, deberá limitar los daño, frenar una posible ola de violencia y presentar una clara estrategia sobre la forma en que concibe una solución de paz.

El propio Trump siempre fue claro al hablar de la cuestión de Jerusalén. Ya en marzo de 2016, cuando era candidato a la presidencia, anunció esa medida al lobby proisraelí AIPAC en Washington, de la que se mostró orgulloso, y también lo prometió en campaña. También lo respalda la Iglesia evangélica en EU y grandes donantes como el millonario judío Sheldon Adelson.

Y para no irritar totalmente a los palestinos, Trump sigue reconociendo su apoyo a una solución de dos Estados, como hicieron los ex presidentes Bill Clinton, George W. Bush o Barack Obama. Pero no está claro cómo puede compatiblizarse con su anuncio de ayer sobre Jerusalén.

Con los planes de Trump, los miembros del gobierno religioso y derechista israelí se sienten confirmados en su deriva de intransigencia y reaccionaron con euforia al anuncio. El primer ministro Benjamín Netanyahu lo consideró un apoyo a la “identidad histórica y nacional” de Israel, mientras el servicio secreto celebraba la jornada como un “día histórico”.

Pero los palestinos se mostraron indignados y ven a Trump como un provocador de caos. El principal negociador del proceso de paz, Saeb Erekat, consideró que EU ha perdido su credibilidad como mediador del proceso y destruido cualquier posibilidad de una solución de dos estados. En tanto, la política Hanan Ashrawi alertó incluso del peligro de una “guerra de religión”.

“En un momento en que la región necesita un avance, nuevas negociaciones de paz, llega (Trump) y comienza un nuevo capítulo de confusión, anarquía y desfiguración de una solución de dos Estados”, dijo a su vez el enviado palestino en Reino Unido, Manuel Hassassian, a la cadena BBC. Para Hassassian, la declaración de Trump equivale a una declaración de guerra. “Ha declarado la guerra a mil 500 millones de musulmanes y a cientos de millones de cristianos”.

No obstante, con el anuncio, Trump logró lo que pocas veces ocurre en la zona: que incluso los grandes enemigos hablen con una sola voz. La potencia sunita Arabia Saudita condenó el plan al igual que su archirrival Irán. “Jerusalén es la eterna capital de Palestina” fue hoy uno de los hashtags más utilizados en Twitter en el mundo árabe.

En cualquier caso, con la medida Washington se arriesga a perder influencia en el mundo árabe. Ya con Trump juega un papel secundario en el conflicto de Siria, donde Rusia ha tomado el mando. También ha empeorado su relación con Egipto pero, sobre todo, los críticos ven en la decisión de Trump una prueba de que el gobierno estadunidense carece de una estrategia política en la región.

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