“Brasil es hoy un caos, entre Buñuel y el 'bla bla' de Cantinflas”

El paulista, columnista del diario "O Estado de Sao Paulo" y autor de 40 libros de crónica, cuento y célebres novelas, entre ellas "Cero", expone los errores de Lula da Silva y Dilma Rousseff que ...
Dilma Rousseff y su mentor Lula da Silva. “La votación del impeachment fue una de las mayores vergüenzas de Brasil”, dice Loyola Brandao.
Dilma Rousseff y su mentor Lula da Silva. “La votación del impeachment fue una de las mayores vergüenzas de Brasil”, dice Loyola Brandao. (Fernando Bizerra | EFE)

Ciudad de México

Pocos intelectuales brasileños pueden opinar sobre la crisis que vive su país como Ignácio de Loyola Brandao (Araraquara, Sao Paulo, 1936), luego de oponerse a la dictadura militar (1964-1985) y apostar al cambio con el primer gobierno de Lula da Silva. A sus 79 años, Ignácio de Loyola Brandao, autor de libros emblemáticos como No verás ningún país, Dientes al sol y El niño que vendía palabras, habla con MILENIO sobre los orígenes de la crisis que llevó al juicio político (impeachment) a la presidenta Dilma Rousseff y el difícil escenario que enfrenta hoy el gigante sudamericano.

Apenas en 2010, el presidente Lula da Silva concluía su segundo mandato con 80 por ciento de aprobación popular. ¿Qué pasó? ¿Cómo entender el desplome del gobierno de su sucesora y amiga, Dilma Rousseff?

El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula surgió en los años de 1980, bajo la dictadura militar. Creció y se fortaleció luchando por nuevos valores, transparencia, revolución social. Con apoyo de los trabajadores, de la Iglesia católica, de los intelectuales, del pueblo, de los políticos progresistas, el PT y su estrella roja se transformaron en la esperanza de cambio de este país. Lula fue encarcelado por los militares, perdió varias elecciones y finalmente ascendió al poder. Por primera vez en la historia un obrero semianalfabeto lograba algo así. Dotado de carisma y de una retórica politizada y persuasiva, no tardó en convertirse en un mito, no solo brasileño sino mundial. Fue bendecido, endiosado, recibido como un nuevo fenómeno. Finalmente Brasil se transformaría.

De hecho, su primer gobierno en 2003-2007 fue muy prometedor...

En efecto. Uno viajaba por el nordeste —la región más populosa del país e históricamente la más pobre— y veía energía eléctrica en el campo, casas iluminadas, refrigeradores, televisión. Llegaron los servicios sociales, buena parte de su población salió de la miseria, tenía comida y un sistema de cisternas proveía agua para las regiones que padecían las sequías. Lula crecía como un bondadoso redentor. Se crearon ministerios tras ministerios. Lula fue elegido para un segundo mandato. La economía mundial era próspera y Brasil estaba bien, y el real (nuestra moneda) consolidada, aunque Lula antes la había criticado y también a la economía neoliberal. Para él, además, el Congreso era un nido de picaretas, expresión que significa corruptos, ladrones, criminales. Pero en el segundo mandato comenzaron las alianzas con los peores partidos conservadores, reaccionarios, que ni siquiera dejaban pasar en el Congreso las leyes pro aborto o las que condenaban la discriminación homofóbica.

¿Cuándo estalla exactamente el 'Mensalao', el gran escándalo de corrupción en Petrobras?

En 2005-2006, cuando parlamentarios de varios partidos, el PT, el Partido Laborista Brasileño, el Partido Socialista y otros menores fueron objeto de una acción penal promovida por el Ministerio Público por la venta de votos a cambio de leyes que favorecían a empresas, bancos, particulares, etcétera. La mayoría de los condenados fueron del PT. Lula se calló diciendo que no sabía nada. La estrategia de Lula siempre fue omitir, desaparecer. Llamó "guerreros" a los acusados que estaban presos, incitándolos a luchar. Entre esos "guerreros" estaba José Dirceu, presidente del PT y hombre fuertísimo, ex líder estudiantil que había combatido férreamente a la dictadura y terminó vendiendo nuestros sueños e ideales. De hecho, acaba de ser condenado a 23 años de cárcel por el caso Petrobras.

Sin embargo, Lula dejó el poder con un récord de popularidad jamás logrado por otro presidente...

Sí, y considerándose Dios afirmó: "Haré que voten hasta los postes" y "Los brasileños votarán a quien yo indique". Y propuso a Dilma Roussef, que nunca había tenido un cargo ejecutivo. Arrogante, decidida, considerada soberbia por quienes trataban con ella, Dilma subió a los cielos, jugando a ser todopoderosa. Se trastornó de tal manera que un día quiso echar al comandante del avión presidencial, porque una fuerte turbulencia sacudió la aeronave y ella se enfureció.

¿La perdió el poder según usted?

Dilma se perdió en las alianzas y en la falta de diálogo, y en la mala conducción de la política económica aunque ella es economista. Permitió que volviera la inflación en medio de la crisis economía internacional, mintió descaradamente en la campaña de 2014 sobre la situación financiera del país (ya casi escuálida, pero según ella con dinero suficiente para enfrentar cualquier crisis); permitió que el desempleo creciera en forma alarmante (tenemos hoy 11 millones de desempleados), y comercios e industrias fueron quebrando en cadena como piezas de dominó.

Pero lo peor fue la explosión del escándalo de Petrobras, la más sólida empresa brasileña y de renombre mundial. Corrupción absoluta en todos los departamentos, sobornos y propinas cobrados a empresas que sobrefacturaban precios (algunos de los mayores empresarios del país, poderosísimos están en prisión). Estamos hablando de millones y billones de reales...

¿Cómo se llega al juicio a Rousseff precisamente por el caso de las cuentas públicas?

Dilma se enfrentó con el líder de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, del partido centrista PMDB, el mayor de Brasil y el más inútil. Cunha tiene cuentas en Suiza, está envuelto en varios procesos y fue indiciado por el Ministerio Público. Pero controlaba la Cámara y fue un arma letal contra ella.

Una parte importante de la población brasileña y también de la opinión pública en el exterior ve el 'impeachment' como un golpe...

La votación del impeachment el 17 de marzo fue una de las mayores vergüenzas en la historia de Brasil, sabíamos que un diputado era ladrón, el otro criminal, uno defendió públicamente a un torturador que actuó en la dictadura... Además, solamente cayó Dilma, cuando también Michel Temer, el actual presidente interino, fue electo junto con ella en la misma papeleta... La élite brasileña, los muy ricos —que se nombran Nosotros, ya que el pueblo es Ellos, o sea nadie—, la clase media (que odia al PT) y los empresarios están ahora inquietos, incluso ante la posibilidad de que Dilma sea inhabilitada para siempre. El país entero está dividido, hay agitación en los movimientos sociales. La indignación ante el anuncio de cierre del Ministerio de Cultura en días pasados fue tal, que Temer debió recular. Habrá ministerio. Temer va y viene, gira, está indeciso. Hay escuelas cerradas, profesores en huelga...

Un escenario difícil de entender...

Es el caos. Parece una película de Buñuel o una obra de Beckett (Esperando a Godot). ¿Alguien entendía las palabras de Cantinflas? Pues así estamos, se habla, se habla, se habla... Pero hay una cosa. Todos estarán de acuerdo en que Dilma nunca tomó dinero ilícito.