“Lo que está en juego en Brasil es la equidad”

Para el experto de la Universidad paulista de Campinas, un juicio a Rousseff lo es a las políticas sociales.
La mandataria rechaza acusaciones de “crimen de responsabilidad”.
La mandataria rechaza acusaciones de “crimen de responsabilidad”. (Ueslei Marcelino | Reuters)

Ciudad de México

Para el politólogo Humberto Meza, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Campinas de Sao Paulo, es entendible que 62 por ciento de los brasileños, como afirma un sondeo divulgado ayer en esa misma ciudad por el Instituto Ibope, quiera que renuncien tanto la presidenta Dilma Rousseff como el vicepresidente Michel Temer. También, como nos dice en entrevista telefónica, que una mayoría pida "nuevos comicios", lo cual habla del tamaño de la crisis que enfrenta el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), en el poder desde 2003.

¿Qué significa esta expresión de rechazo contra el segundo gobierno de Dilma Rousseff, que debe concluir a fines de 2018, aunque el escenario que enfrenta no da pie al optimismo?

Hay algo muy importante a considerar en las críticas contra Rousseff y es que un sector del PT ya había planteado adelantar las elecciones y que esto le sirva de paso al partido para refundarse. No hay que olvidar que la crisis de corrupción que envuelve al PT por el escándalo de Petrobras generó también el alejamiento de un sector de base del PT, que pide nuevas elecciones, aunque para eso hay que reformar la Constitución y que el mismo Michel Temer, del hoy opositor Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) quiera renunciar, lo que por lo visto no tiene ninguna intención de hacer...

¿Cuán desprestigiada puede estar hoy la figura de Lula da Silva en Brasil?

Es un punto muy interesante porque según la encuestadora Datafolha, Lula seguiría teniendo un alto nivel de aprobación, al menos de 60%. Es muy curioso cómo su popularidad se ha mantenido casi intacta en comparación con la de Dilma, pese a que nadie acusa de corrupción a la presidenta ni ha podido probar ningún delito en su contra. Creo también que aquí hay un asunto de género, como denunció la misma presidenta. Como el resto de América Latina, Brasil es un país machista y sin duda su condición de mujer también ha influido en el tamaño de la crisis. Pensar esto también ayudaría a comprender muchas cosas.

Según Lula, una caída del PT sería una derrota "estratégica" para la izquierda en América Latina, además de una ruptura del orden democrático. ¿Es así?

Hay, sí, un impacto fuerte para toda Sudamérica y también para América Latina en cuanto a la crisis que está viviendo Brasil, pero no me arriesgo a refrendar lo dicho por Lula en cuanto al primer punto, porque pese a la importancia de Brasil en lo político y lo geopolítico, la izquierda brasileña no ha sido un modelo a seguir en otros países del área. El PT es un experimento muy exitoso en tanto que surgió de las calles, alcanzó el poder y sacó a 30 millones de gentes de la pobreza; ha logrado exportar ideas de políticas públicas, respuestas como el programa Hambre Cero, etcétera, pero no sirve como modelo porque el trasfondo del escándalo de Petrobras impacta al nivel de imagen y a nivel de moralidad. La caída del PT no conllevaría de manera automática a una caída de las izquierdas en su conjunto, aunque es obvio que el contexto regional no ayuda mucho, ya que quedan muy pocos presidentes que hoy pudiéramos considerar de izquierda en América del Sur.

Sobre el tema de la democracia, tampoco creo que esté en riesgo. Lo que está en riesgo en Brasil es un proyecto político cuyo fracaso, de ocurrir, va a regresar a la élite brasileña a un estatus de poder que fue cuestionado desde hace 13 años por el PT, que le dio acceso al poder a los sectores más desprotegidos y a minorías. Lo que está en riesgo con un golpe como el que se le está dando a Rousseff no es la democracia en sí, sino el avance hacia la igualdad y la equidad en Brasil.

¿Es un "golpe" lo que se está desarrollando en Brasil contra la presidenta Rousseff?

Si no se comprueba que la mandataria incurrió, como afirma la oposición, en un crimen de responsabilidad en el manejo de las cuentas públicas, sí lo es. La OEA ha sido muy clara cuando afirmó que hubo posiblemente 'irregularidades administrativas' de parte de su gobierno que merecerían ser investigadas, pero que de ninguna manera tienen la estatura ni el impacto para instaurar un juicio político y destituir vía el recurso del impeachment a un presidente.

Ciertamente, es difícil creer que los crímenes administrativos de los que se acusa a la presidenta Rousseff ameriten su destitución, por lo que si se le hace un juicio y no se le puede comprobar la acusación, con todo el aparataje que ha habido en su contra, todo esto lleva a pensar, en efecto, en un golpe del Congreso.