En juego, la Presidencia y el legado de Atartük

La sociedad de esa nación euroasiática está consciente del papel que tendrá el próximo jefe de Estado en caso de que el actual "premier", Recep Tayyip Erdogan, conservador y radical islámico, ...
Publicidad del primer ministro en Estambul.
Publicidad del primer ministro en Estambul. (Emilio Morenatti/AP)

Ankara

EI primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, que se jacta del crecimiento de la economía y de haber terminado con el poder de los militares, disputará hoy la presidencia a Ekmeleddin Ihsanoglu.

Desde hace varias semanas, este profesor respetado y gran conocedor del Islam hace campaña presentando una imagen totalmente diferente de su rival, que busca una presidencia con todos los poderes.

Ante las grandes ambiciones del primer ministro islámico-conservador, gran favorito de las encuestas, Ihsanoglu opone su voz dulce y, en privado, manifiesta su preferencia por una magistratura suprema neutral, en el marco parlamentario actual.

Una presidencia fuerte “no es conveniente para el país, es por ese motivo que Turquía rechazará ese régimen”, asegura el candidato conjunto del Partido Republicano del Pueblo (CHP, socialdemócrata) y del Partido de la Acción Nacionalista (MHP, nacionalista).

“Es el deseo personal [de Erdogan] o su fantasma [...] ciertas personas, incluso algunos políticos o intelectuales, pueden pensar que es algo bueno, pero nuestro país no lo aceptará”, insistió.

Aunque se presenta como el sucesor de Mustafá Kemal Atatürk, el primer presidente de la República nacida en 1923 de las ruinas del Imperio Otomano, que instauró un Estado laico, Erdogan es considerado uno de los principales enterradores de su obra.

Así lo manifestaron millones de turcos que salieron a las calles en las manifestaciones antigubernamentales de junio de 2013, acusando a Erdogan de haber erosionado el modelo de laicidad “a la turca”.

Erdogan se enorgullece de haber lanzado el formidable crecimiento de la economía turca hasta 2011 y de haber logrado el retorno a los cuarteles de los militares, que desde hacía décadas ejercían una pesada tutela sobre la vida política del país.

“Actualmente la democracia enfrenta otro problema: la acumulación de todos los poderes en una sola mano, por un lado, y la desaparición del principio de separación de poderes”, advierte Ihsanoglu. “Deseamos que la Turquía moderna se reúna alrededor de los principios preconizados por Atatürk, queremos instaurar la serenidad en el país, porque para la gente lo más importante es vivir en paz y con confianza”, afirma.

Sin embargo, el candidato opositor se encuentra en un lugar de inferioridad frente al actual primer ministro.

La encuesta publicada el jueves por la empresa privada Konda le adjudica 34% de los votos, contra 57% para Erdogan y 9% para el candidato de los kurdos, Selahattin Demkirtas.

El principal movimiento de oposición a Erdogan y al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, en el poder) teme que si llega a la presidencia lance una nueva y peligrosa ofensiva religiosa.

“Las medidas inspiradas por la religión aumentarán, la democracia retrocederá, el espacio de las libertades se reducirá”, pronosticó esta semana el vicepresidente del Partido Republicano del Pueblo (CHP), Faruk Logoglu. “Erdogan quiere reanudar el califato, aunque no se atreva a decirlo; utilizará la presidencia para tratar de imponerse como jefe del mundo musulmán”, aseguró.

Ayer Erdogan fue de nuevo criticado por haber calificado de “mujer desvergonzada” a una periodista que preguntó a uno de sus rivales si en Turquía es posible cuestionar a las autoridades.