El gran juego de Obama detrás de Siria e Irán

La decisión de EU de permitirle a Damasco destruir su arsenal químico antes de atacarlo y la apuesta por el diálogo con Teherán ilustran una variación en la política exterior de Washington, que ...
El presidente Barack Obama tiene la mirada puesta en Asia.
El presidente Barack Obama tiene la mirada puesta en Asia. (Chip Somodevilla/EFE)

Moscú

La historia en marcha está hecha de encadenamientos cuya coherencia es a veces difícil de interpretar a primera vista. ¿Qué hay de común entre los diferentes hechos que acaban de producirse en la escena internacional: la continuación del desarme químico en Siria, el acuerdo dirigido a darle un marco al programa nuclear iraní, el envío de dos bombardeos estadunidenses B-52 frente a China y las oscilaciones de Ucrania entre el Este y el Oeste, con el telón de fondo de las presiones de Moscú y la indiferencia de Washington? Estos hechos no parecen estar desligados entre sí.

Más bien, ellos ilustran una política exterior de EU que ha entrado resueltamente en una nueva fase: el fin de una década de guerras escogidas en Oriente Medio y el "reequilibrio" hacia Asia. Es también, tácticamente, la utilización de la "carta" rusa para neutralizar algunos asuntos candentes, a falta de poder resolverlos a fondo. Y es, por último, la relegación de Europa a un segundo plano, ya sea como actor principal o como teatro para estabilizar y ampliar estratégicamente.

Sobre Oriente Medio, hay que destacar una concomitancia: las negociaciones secretas entre Irán y EU a propósito del tema nuclear coincidieron con la decisión de Barack Obama de renunciar, en septiembre, a ordenar ataques aéreos contra objetivos sirios, tras el empleo masivo de armas químicas por el régimen de (Bashar al) Asad. La prensa de EU acaba de revelarlo: desde hace meses se había abierto un canal secreto entre líderes iraníes emisarios del Guía religioso supremo —el ayatolá Alí Jamenei.

En retrospectiva, las informaciones arrojan una luz particular sobre el giro del presidente Obama en el caso iraní. Obama parecía dispuesto a disparar los misiles Tomahawk y había convencido, en particular, a Francia de su determinación.

El abrupto viraje tomó la forma de un llamado al Congreso para autorizar los ataques. Consideraciones de política interna dictaron seguramente esa opción, en un país hastiado del intervencionismo militar. La otra razón era cuidar la diplomacia secreta con Irán.

Al virar espectacularmente en relación con Siria, cuando ya había comprometido su palabra a propósito de la "línea roja" —el uso de armas químicas—, Obama se arriesgó a debilitar su credibilidad. Fue la diplomacia de Vladimir Putin la que vino en su ayuda, enarbolando la opción de un desarme químico negociado.

El gobierno de Asad se vio reafirmado. Pregunta: ¿qué sabían los rusos, aliados de Asad, del diálogo secreto entre Washington y Teherán? Cualquiera que sea la respuesta, esta secuencia vino a confirmar la estrecha relación de los temas "Siria" y lo "nuclear iraní". Una de las prioridades de Obama sería la de preservar la cooperación rusa en la difícil partida diplomática en torno al tema iraní. En cuanto a los civiles sirios masacrados, Obama deslizó un comentario revelador, en enero de 2013, en una entrevista con la revista New Republic: "Sobre Siria, hay una pregunta que debo formular: ¿podemos nosotros hacer la diferencia? (...) ¿Y cómo debo poner en la balanza las decenas de miles de personas que fueron muertas en Siria, con las decenas de miles que están muriendo en el Congo?". Indirectamente: hay problemas que EU no puede resolver. Y Siria no fue en definitiva más que un problema secundario respecto de Irán.

Como, en su tiempo, el acercamiento de Nixon con Mao puso patas arriba la situación internacional, la opción de Obama permite a EU concentrarse en las apuestas mayores que están en juego hoy en Asia Pacífico. La ironía es que China haya sido testigo de la determinación de EU de defender sus alianzas en la zona (Japón, Surcorea, Taiwán), el mismo día en que las negociaciones con Irán parecían acaparar todas las energías.

Al despachar los B52 a la "zona de defensa aérea" que Pekín busca arrogarse frente a Japón, EU envió una clara respuesta de poderío. El cara a cara entre EU y China no ha hecho más que comenzar.