El milagro latinoamericano de Juan Pablo II

El testimonio de Floribeth Mora ante El Vaticano sobre su sanación de un aneurisma cerebral sirvió para declararlo santo.
Floribeth Mora envió un mensaje de solidaridad a los mexicanos afectados por 'Ingrid' y 'Manuel': “todo nuestro cariño a la gente de México, que sabemos que se van a reponer, aquí tienen todas nuestras oraciones y cariño”, expresó.
Floribeth Mora envió un mensaje de solidaridad a los mexicanos afectados por 'Ingrid' y 'Manuel': “todo nuestro cariño a la gente de México, que sabemos que se van a reponer, aquí tienen todas nuestras oraciones y cariño”, expresó. (AFP (Archivo))

Ciudad de México

Floribeth Mora luchaba contra un diagnóstico de aneurisma cerebral; había perdido movilidad en el lado izquierdo del cuerpo y la única posibilidad de salvación era una costosa y riesgosa cirugía; fue entonces que se encomendó al beato Juan Pablo II. Meses después se recuperó.

El caso de Floribeth fue registrado por la Iglesia Católica como el segundo milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II, y con éste el Papa Francisco decidió la canonización; el primero fue la sanación de la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, quien padecía Parkinson, por el cual fue beatificado.

La historia del milagro de Floribeth se remonta al primero de mayo de 2011, el domingo de misericordia, cuando Joseph Ratzinger celebró en la Plaza de Roma la misa de beatificación de Juan Pablo II; en Costa Rica Floribeth decidió hacer lo mismo que Simon-Pierre y se encomendó a Juan Pablo II pidiendo su sanación.

“Fue un domingo de misericordia, que yo pedí misericordia y me dieron misericordia, que yo pedí, le pedí a Juan Pablo ‘haz la obra en mi’. Ese día yo oraba”, comparte Floribeth en entrevista con Milenio Digital.

“Yo ya estaba bastante afectada por la crisis del aneurisma, fue algo bastante fuerte y no lo podía creer, pero ya tenía perdida de movimiento en todo el lado izquierdo (…) era como una sentencia de muerte y la única posibilidad era un cirugía, muy, muy riesgosa y solo se podía hacer en México o en Cuba porque los médicos de aquí no podían, y como quiera el riesgo era mucho”, comparte.

Tras encomendarse al beato Juan Pablo II la mejoría no fue inmediata. En las siguientes semanas Floribeth recobró movimiento y poco a poco se sentía mejor. Antes de que concluyera el 2011, se sometió a una última arteriografía, que reveló que ya no había daños.

“Fue un milagro, que Dios se fijara aquí, aquí en este lugar tan chiquito, que tomara en cuenta a alguien de éste país, de un país tan pequeño (...) fue cuando tomé la decisión de escribir al Vaticano mi testimonio, de compartirlo, y así comenzó todo”, dice.

El siguiente paso de Floribeth fue ponerse en contacto con el Vaticano para compartir su testimonio de sanación; en Roma comenzó la investigación del caso que requirió documentos médicos e incluso entrevistas con los doctores que trataron a la tica.

Finalmente, el 30 de septiembre de 2013, el Papa Francisco dio a conocer que Juan Pablo II sería canonizado luego de que la investigación determinó que la sanación de Floribeth Mora fue un milagro.

Floribeth de 50 años y  madre de cuatro hijos, recuerda que en 1983 nació en ella una afinidad por Juan Pablo II.

 “Yo tenía 20 años en el 83, y ya desde entonces lo seguía. Él irradiaba algo diferente y yo crecí con esa admiración, para mi él fue Santo desde que estaba vivo", comparte.

Respecto a los grupos que se oponen a la canonización de Juan Pablo, Floribeth se muestra tranquila.

“No comparto esas ideas, no sé cuál es el sentimiento que los lleva a eso, pero cada quien sabe, yo no los juzgo".

Floribeth y su esposo son invitados especiales a la canonización de Juan Pablo II que se realizará el domingo 27 de abril; el plan de Floribeth es ondear la bandera de Costa Rica y extender una invitación al Papa Francisco para que visite su país.