ENTREVISTA | POR SANDRA WEISS

Giorgio Jackson

Uno de los principales líderes de las protestas juveniles que sacudieron a este país, encabeza ahora el Movimiento Revolución Democrática y es fuerte candidato al Congreso en las elecciones


Los jóvenes rebeldes, al parlamento Chileno

Santiago

Estás más flaco niño, ¡cuídate!", le dice con afecto una ama de casa a Giorgio Jackson. Y lo abraza como a un hijo. "Estoy trabajando mucho para que las cosas cambien en Chile", responde el locuaz dirigente estudiantil; y sigue su paseo proselitista por el tianguis, en el centro de Santiago, mientras lo acompañó. Faltan pocos días para la elección de este domingo 17 de noviembre, en una circunscripción fácil para este ingeniero de 26 años que por primera vez aspira a un asiento en el Congreso en los comicios legislativos que coinciden con la elección presidencial. "Aquí vive gente mayor, no les llegamos vía Facebook o Twitter. Tenemos que pisar la calle", comenta a su lado Gonzalo Zapata, de 24 años, estudiante de biología y un correligionario de Giorgio en la Federación Estudiantil de la Universidad Católica, convertido ahora en promotor de la campaña como fotógrafo y gestor de las redes sociales. Hay tres jóvenes más que nos siguen, vestidos con sus camisetas amarillas, repartiendo folletos entre la gente.

Para los jóvenes chilenos, el líder de las pasadas protestas estudiantiles es un ídolo parecido a una estrella pop; pero sorprende ver que Jackson despierta simpatía aún entre las personas mayores que acuden a comprar a la feria callejera.

Este chico con cara de niño bueno, que por ratos parece distraído, viendo los mensajes en su aparato celular inteligente, jugó un rol importante en ese aggiornamento de la disidencia ciudadana. Giorgio caminó codo a codo en las marchas multitudinarias junto a otra nueva celebridad de la juventud chilena, Camila Vallejo, quien también está en campaña por un Partido Comunista que ha renacido en sus nuevas pieles. Jackson, sin embargo, prefirió tomar distancia y fundar su propio movimiento que ni siquiera es un partido registrado todavía. Se llama Movimiento Revolución Democrática, del que Jackson es el único candidato a diputado. La gran favorita de la elección presidencial, Michelle Bachelet, que vuelve por sus fueros en la carrera hacia el Palacio de La Moneda, ha presionado mucho al interior de su coalición de centro-izquierda —ahora llamada Nueva Mayoría, ya que incluye por primera vez a los comunistas—: le ha pedido que no postulen un candidato propio en esta circunscripción por la que compite el joven Jackson. La invitación de la ex Presidenta es una puerta abierta a la victoria del estudiante con ribetes de nuevo partisano: "Necesitamos gente como Giorgio en la política".

Los nuevos dirigentes chilenos coinciden en algo: piden una Asamblea Constituyente para enterrar el sistema electoral bipartidista que impide mayorías claras en el Parlamento y dificulta la representación de partidos chicos. Exigen educación gratuita y de calidad. Proponen bajar los sueldos de los parlamentarios que rondan 17 mil dólares mensuales, 12 veces más que los ingresos del chileno promedio. Quieren fiscalizar el uso de las asignaciones parlamentarias y transparentar las donaciones políticas. Si logran sus cometidos, será el fin del llamado ciclo neoliberal elitista, la última herencia de la dictadura pinochetista. La sangre joven y contestataria de esta generación tuvo bastante éxito en estas calles de Santiago.

¿Por qué decidieron dar ahora el paso a la política tradicional?

Los que normalmente se abstienen y están decepcionados con la política no ven mucho sentido en ese paso que hemos dado. Pero a mí me parece lógico, porque no queremos delegar en los mismos dos grupos políticos de siempre los cambios que tienen que venir en Chile. Y por eso nos tenemos que meter.

Los movimientos juveniles recientes como los de Brasil y México se deshicieron rápidamente ¿Cómo evitarlo en Chile?

Es un desafío colectivo, de todos, y de mi generación en particular, para que los cambios ocurran y la gente vuelva a creer en la política y en la acción colectiva. No es fácil porque hay muchos intereses en favor del estatus quo. Necesitamos que haya movilización social en las calles y presión pública constante.

¿Cómo se puede hacer política sin mucho dinero?

Con puras donaciones de personas, no de empresas. Todo es transparente, invitamos a la gente a través de nuestra página web y tenemos muchas donaciones por montos chicos. Así tiene que ser, se puede, con muchos voluntarios y entusiasmo. No queremos recibir donativos de empresas, queremos ser participativos. Eso es también parte de nuestro nuevo camino para que la gente vuelva a creer, a confiar en la política y evitar la antipolítica.

¿Qué puedes lograr si sales electo y cómo evitar la cooptación?

Uno solo puede ser una bisagra en el Parlamento. Pero ese asiento lo veo sobre todo como un núcleo para el futuro. No se puede lograr todo en cuatro años, y mi candidatura es una apuesta para crecer más adelante.

¿Qué esperas del nuevo gobierno de Bachelet si gana las elecciones?

Que cambie la manera de abordar todos los derechos de los chilenos; que el Estado sea garante de los derechos y no de los bienes de consumo. Por eso queremos una Asamblea Constituyente donde se involucre a toda la gente.

¿Qué es diferente de tu propuesta con respecto a la que regresa al poder?

Yo aspiro a que los cambios no vengan de los diputados o del Presidente, sino de la sociedad civil. Nosotros tenemos asambleas de rendición de cuentas con los ciudadanos dos veces al año. Así esperamos crear vínculos de confianza para que la gente se movilice.

¿Tienes contactos con otros movimientos juveniles en México y América Latina?

Sí, pero son más bien contactos personales, no institucionales. Creo que son experiencias valiosas. Compartimos muchas visiones, por ejemplo, creemos que la democracia implica desconcentración del poder económico y político. Estamos en esa misma línea.

¿Por qué crees que están dadas las condiciones para que los movimientos entren en la política?

Por la coyuntura actual, por la decepción de la gente con la política. Y porque los movimientos sociales tienen estructuras suficientemente fuertes y orgánicas, más que en otros lados probablemente.

¿Cuáles son las banderas de tu movimiento?

La gente me conoce por la exigencia de la educación pública gratuita y de calidad. Imponer ese tema en la agenda política fue un éxito de los movimientos sociales, porque si nos remontamos al 2005, el presidente socialista Ricardo Lagos quiso zanjar el tema con créditos estudiantiles. Los créditos han perjudicado y endeudado a las familias chilenas. Después de nuestras protestas, por fin se ha cambiado la forma como se aproxima la gente al tema de la educación. Hoy, ocho de nueve candidatos presidenciales plantean un nuevo paradigma de educación, esto es un gran éxito. El tema se ha vuelto dominante; pero nuestra exigencia principal es cambiar las reglas de juego que heredamos de la dictadura (1973-1990), eso implica una nueva Constitución. Queremos una democracia más participativa que representativa, con plebiscitos por ejemplo. Esas son nuestras banderas. D

ENTRESACADOS

Exigen un régimen con plebiscito y más participativo que representativo