Los "indignados" españoles por fin serán gobierno

En 2011 miles de ciudadanos salieron a la calle y repudiaron a sus políticos. Este domingo fueron a las urnas y ganaron...
Manuela Carmena, de 71 años, se alista para la alcaldía de Madrid.
Manuela Carmena, de 71 años, se alista para la alcaldía de Madrid. (Sergio Perez/Reuters)

Madrid

"Que se presenten a las elecciones", arengaba la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, en 2013 a los ciudadanos del movimiento de los indignados del 15 de mayo de 2011, el llamado 15M, que desde que tomaron en ese año las plazas pedían cambios profundos en la política española.

Dos años han pasado desde la frase y la hemeroteca se ha convertido en una de las grandes consejeras para los medios de difusión en estos días de resaca electoral, que ha dejado un panorama inédito en el poder y una avalancha de renuncias en el partido del gobierno conservador.

Formaciones ciudadanas como Barcelona en Común, Ahora Madrid o Marea Atlántica (Galicia), surgidas tras un trabajo posterior al 15M, así como algunos partidos tradicionales de izquierda, han ganado un peso trascendental en las instituciones, arrebatando ayuntamientos clave a los partidos mayoritarios, el gobernante Partido Popular (derecha) y el opositor Partido Socialista (PSOE, centro).

Pese a que muchas interpretaciones se han centrado en la importancia de la alternancia en Madrid y Barcelona, las dos mayores ciudades de España, el “cambio” —tan mencionado últimamente— va mucho más allá de estas dos urbes.

Las futuras alcaldesas de Madrid (Manuela Carmena, 71 años) y Barcelona (Ada Colau, 41) son conocidas por su defensa de los derechos humanos (Carmena fue jueza amenazada por la ETA y Colau, activista contra desahucios) y han sabido representar el hartazgo de gran parte de la sociedad, sobre todo la más joven y digital, que ha venido sufriendo recortes en los servicios públicos y falta de empleo, mientras la corrupción política se hacía cotidiana, pero no han sido las únicas. De forma paralela, han llegado también iniciativas ciudadanas a las alcaldías de Valencia (histórica del PP y bajo el dominio de una polémica alcaldesa), Coruña (en Galicia, región fiel al PP) o Zaragoza (ídem), por poner algunos ejemplos.

Algo similar sucedió a nivel autonómico (regional), donde el creciente de Podemos —que, a diferencia de las municipales, sí se presentaba con su marca y no en coalición— podrá gobernar pactando con otros partidos de izquierda y en consecuencia expulsando al PP de varios de sus feudos.

Y es que estos comicios han arrojado varios vencedores, que pueden quedar difusos en el mapa político al ser actores nuevos con diversas aunque propuestas similares, y a un claro derrotado: el PP de Mariano Rajoy.

El PP gobernaba España con mayoría absoluta, pero el domingo perdió más de 2.5 millones de votos  y no tiene con quién pactar.

Además, ante la negativa del Partido Socialista, el PP está obligado a suplicar acuerdos a otra de las sorpresas de la contienda, Ciudadanos (centro-derecha), que exige un pacto anticorrupción y un proceso de primarias en el seno del partido.

Como sea, algo está sucediendo en España que, desde que se sentara a debatir en las plazas de las ciudades y los pueblos, ha hecho de la política algo afín al ciudadano.

Una campaña financiada con un micromecenazgo y mucha imaginación como la de Manuela Carmena; un discurso desde el sentido común que vuelve a las necesidades más básicas como el de Ada Colau o las cientos de personas que formaron grupos gestores de los recursos huyendo del concepto de partido político, todo esto augura tiempos de cambio.

A casi seis meses de los comicios generales, la duda es si los ciudadanos se atreverán a llevar esta nueva política a La Moncloa. La certeza, que los ayuntamientos tienen cuatro años para hacer realidad los anhelos del 15M.