El imposible balance humano de Chernóbil

A 30 años de la catástrofe, la población de esta ex república soviética, incluidos sus niños, siguen padeciendo los daños.
Ciudadanos ucranianos recordaron ayer a sus familiares fallecidos en abril de 1986.
Ciudadanos ucranianos recordaron ayer a sus familiares fallecidos en abril de 1986. (Anatolii Stepanov/AFP)

Kiev

Un viejo tranvía desvencijado contiene el dispensario ucraniano de protección radiológica de la población, ubicado en medio del bosque, en el barrio de Podcheca-Vodytsia, al noroeste de Kiev. Ahí Olga Boiarska dirige, con firmeza, una policlínica para niños que recibe cada año unos 4 mil infantes.

"A su llegada, cada uno de ellos pasa un examen completo", explica la doctora. "La primera etapa es medir la tasa de cesio en su organismo. Ciertamente, en especial en las ciudades aisladas, ellos comen lo que encuentran a su alrededor, en particular hongos que están muy contaminados. A veces, el nivel de cesio medido sobrepasa considerablemente la tasa admisible, lo que puede provocar problemas a nivel del estómago y de los órganos digestivos. El niño queda entonces en observación algunas semanas —aquí tenemos 130 camas—, hasta que el nivel baje y se estabilice."

Tras la explosión del reactor de Chernóbil, el 26 de abril de 1986 —a menos de 200 km de Kiev—, "más de 5 mil casos de cáncer de tiroides fueron detectados entre los niños ucranianos, mientras que ahora solamente se registran casos aislados", añade. Y "el riesgo de desarrollar el cáncer, después de la fijación del yodo radioactivo en la tiroides, perdura treinta o cuarenta años después de la exposición".

En 1986, Olga Boiarska trabajaba en un instituto de endocrinología. "Después de la catástrofe, nadie sabía lo que había qué hacer", recuerda. Fue mucho más tarde que se les dio yodo estable a los niños para saturar su tiroides. Pero en aquella época las autoridades minimizaron los riesgos, asegurando que las pequeñas dosis de radiación no eran nocivas. El 1 de mayo, cinco días después de la explosión, se envió incluso a la gente a desfilar a Kiev. En lugar de pensar en salvar a la población y a los niños, que fueron evacuados de Kiev recién el 22 de mayo, el régimen pensó en su imagen. No era cuestión de mostrar que la Unión Soviética era incapaz de manejar el tema nuclear."

Treinta años más tarde la vigilancia se mantiene aunque no se conocen todos los efectos a nivel genético en hijos y nietos. "La tarea es difícil —añade la médica—. Existen por supuesto hospitales privados, pero el dispensario radiológico de Kiev, donde los cuidados son gratuitos, es el único del país. Los niños deben presentarse aquí todos los años, pero las familias no siempre tienen los medios ni el tiempo para desplazarse. Y si bien el establecimiento dispone de médicos calificados en todas las disciplinas, falta dinero para comprar equipos nuevos."

Su testimonio es solo un punto de vista, pero lleva a pensar sin embargo que el balance humano del desastre de Chernóbil es mucho más dramático de lo que dicen las cifras oficiales.

Según las autoridades, el accidente no habría causado más que algunas decenas de muertos.

Según estimó en 2005 la Organización Mundial de la Salud (OMS), "hasta 4 mil muertos" podrían haberse registrado entre el personal encargado de limpiar Chernóbil y los habitantes evacuados, y un número equivalente entre los casi 6 millones de personas que viven en los territorios fuertemente contaminados.

Se trata de proyecciones basadas en cálculos estadísticos, que es imposible verificar por la observación.

Pero otros estudios adelantan cifras mucho más elevadas, en especial The Other Report on Chernobil (Torch), publicado en el año 2006, que habla de hasta 60 mil muertos debido a diferentes tipos de cáncer. Otras fuentes no confirmadas escalan la cifra a varios cientos de miles.